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lunes, 10 de febrero de 2020

El mito del Estado plurinacional


España es un Estado descentralizado pero no es un Estado plurinacional. Lo explica este artículo publicado en Hay Derecho, que está accesible en este enlace: Mito y paranoia del Estado plurinacional. Es importante comprender que España es uno de los países del mundo donde los poderes territoriales tienen más competencias. Los independentistas han querido dar la imagen de que España es un país centralista y no hay nada más lejos de la realidad. 

La distribución territorial del poder en España se conoce como Estado de las Autonomías desde la Constitución de 1978, y hay un debate abierto sobre su reforma y sobre si debería cambiarse la denominación a la de Estado federal. La Constitución de 1931 eligió otro término, pues definía a España como Estado integral, reconociendo la autonomía de municipios y regiones, que se constituían en Regiones autónomas a través de sus Estatutos, aprobados por los dos tercios de la población del territorio y por las Cortes.  
Entre las ideas para la reforma de nuestro sistema territorial y de la Constitución, ha aparecido la noción de Estado plurinacional. Esta propuesta se observa en los programas y discursos de algunos partidos nacionalistas y en Unidas Podemos. Sin embargo, no hay una definición clara de lo que significa esta idea, y en concreto no existe una lista de cuántas naciones incluye esa pluralidad. En el programa electoral de Podemos para las elecciones del 10 de noviembre, entre 289 medidas, solo había una mención al término en la página 115, donde se decía: “Desde su misma Constitución, el nuestro es un país plurinacional”, sin dar más detalles. En programas anteriores, la misma formación había mantenido que serían consideradas naciones aquellos territorios de España “que lo hayan pedido con especial insistencia”. En los trabajos académicos de sus proponentes tampoco se explica cómo se articularía ese tipo de organización territorial del poder, aunque a veces se da a entender que se aceptarían referéndums de autodeterminación en muchas comunidades. El día 4 de enero pasado, en el debate de investidura del Presidente del Gobierno, Gabriel Rufián (ERC) dijo “Viva Andalucía libre, Gora Euskal Herria askatuta, viva Galiza Ceibe, Visca els Països Catalans”, dando a entender que Navarra estaría incluida en el País Vasco, y Baleares y Valencia en los Países Catalanes.
Ante la falta de definición de lo que es el Estado plurinacional, es necesario estudiar casos similares en el constitucionalismo comparado. Comenzando por la República Bolivariana de Venezuela, se declara como Estado Federal descentralizado que se rige por los principios de integridad territorial, cooperación, solidaridad, concurrencia y corresponsabilidad. Pero no reconoce la plurinacionalidad, antes bien se consagra la integridad y la soberanía nacional. La Constitución aprobada con el impulso del presidente Chávez afirma que el pueblo venezolano es “único, soberano e indivisible” y aclara que los pueblos indígenas no son pueblos en el sentido del Derecho Internacional.
Artículo 126. Los pueblos indígenas, como culturas de raíces ancestrales, forman parte de la Nación, del Estado y del pueblo venezolano como único, soberano e indivisible. De conformidad con esta Constitución tienen el deber de salvaguardar la integridad y la soberanía nacional.
El término pueblo no podrá interpretarse en esta Constitución en el sentido que se le da en el Derecho Internacional.

En Ecuador, la Constitución de 2008 en su artículo 1 proclama que es “un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico”. Por tanto, la idea de unitario aparece antes que la de plurinacional. En el artículo 3 se indica que uno de los deberes primordiales del Estado es “fortalecer la unidad nacional en la diversidad”. El articulo 4 prosigue declarando que “El territorio del Ecuador es inalienable, irreductible e inviolable. Nadie atentará contra la unidad territorial ni fomentará la secesión”. En la misma Constitución se promueve el gobierno de forma descentralizada. La primera disposición del Título V donde se regulan los poderes territoriales establece:  
Artículo 238.- Los gobiernos autónomos descentralizados gozarán de autonomía política, administrativa y financiera, y se regirán por los principios de solidaridad, subsidiariedad, equidad interterritorial, integración y participación ciudadana. En ningún caso el ejercicio de la autonomía permitirá la secesión del territorio nacional.
Otro caso interesante es el Estado plurinacional de Bolivia y su Constitución de 2009 promulgada por el Presidente Evo Morales. El artículo 1 establece que “Bolivia se constituye en un Estado unitario social de derecho plurinacional comunitario”, por lo que también se define unitario antes que plurinacional. El artículo 3 habla de “la nación boliviana” como la totalidad de las bolivianas y bolivianos sea cual sea su origen. Es decir, el Estado se declara plurinacional pero al mismo tiempo hay una sola nación. El artículo 108 de la Constitución subraya que uno de los deberes fundamentales de las bolivianas y bolivianos es “Prestar el servicio militar, obligatorio para los varones”, y otro “Defender la unidad, la soberanía y la integridad territorial de Bolivia, y respetar sus símbolos y valores”.
La estructura y organización territorial del Estado plurinacional de Bolivia se regula en los artículos 269 y siguientes, con una configuración en departamentos, provincias, municipios y territorios indígenas, sin reconocer en ningún momento la autodeterminación. El referendo se prevé solo en la reforma constitucional y para todo el Estado en el artículo 411. La idea de "libre determinación", que aparece de manera retórica para las comunidades nativas se concreta así en el artículo 292: “Cada autonomía indígena originario campesina elaborará su Estatuto, de acuerdo a sus normas y procedimientos propios, según la Constitución y la Ley”. En cuanto al reparto territorial del poder, la lista de competencias privativas y exclusivas del Estado central es impresionante (el artículo 298 incluye 60 conceptos), lo que demuestra que en la realidad es un sistema próximo al centralismo. La mejor muestra de lo que significa plurinacionalidad en Bolivia es la Ley Marco de Autonomías y Descentralización (número 31 de 19 de julio de 2010), que desarrolla el artículo 271 de la Constitución. Esta Ley Marco establece como primer principio la unidad, definiéndolo así: “El régimen de autonomías se fundamenta en la indivisibilidad de la soberanía y del territorio boliviano, la cohesión interna del Estado y la aplicación uniforme de las políticas de Estado”. A continuación, la Ley Marco reconoce el principio de solidaridad: “Los gobiernos autónomos actuarán conjuntamente con el nivel central del Estado en la satisfacción de las necesidades colectivas, mediante la coordinación y cooperación permanente entre ellos y utilizarán mecanismos redistributivos para garantizar un aprovechamiento equitativo de los recursos”. Es decir, la idea de plurinacionalidad en Bolivia es básicamente una fórmula que debe enmarcarse en la indivisibilidad de la soberanía, del territorio y la nación boliviana, así como en la obligación de la solidaridad territorial.
La falta de definición de la plurinacionalidad por parte de sus proponentes en España y la realidad constitucional en los países que se declaran como tales llevan a concluir que se trata de un término sin contenido, como una bandera que se enarbola para fines retóricos pero cuyo significado debe precisarse en los casos concretos, y queda por saber qué significa en España.  
Además de ser un mito, en nuestro país la plurinacionalidad está asociada a la paranoia de que España es un Estado centralista, cuando es uno de los más descentralizados del mundo. El nacionalismo irredento, sobre todo en Cataluña, ha repetido hasta la saciedad los mantras de que somos un régimen franquista, un país no democrático y atrasado, donde no se respetan los derechos, y con un sistema autonómico lamentable, quizás con el propósito, conocido desde tiempos más tristes, de que una mentira repetida las veces suficientes se convierte en verdad. En general, la psicología demuestra que cuando la realidad es muy distinta a la percepción, y las evidencias racionales contradicen los falsos juicios, estamos ante una paranoia. Es fundamental mantener la clarividencia en estos casos para no contagiarse de la locura.
La evaluación de nuestro sistema territorial debe hacerse de manera desapasionada, teniendo en cuenta criterios objetivos y con perspectiva internacional. El enfoque nominalista (si se llama federal, autonómico, confederal o plurinacional) no es tan importante, ya que existen denominaciones variadas en las distintas Constituciones del mundo. Lo que importa es la realidad del autogobierno de los territorios, que se mide por criterios como capacidad legislativa, instituciones propias, competencias, autonomía fiscal, capacidad para ejecutar presupuesto, promoción de la cultura y la lengua, y participación en los asuntos del Estado.
El relato del separatismo catalán ha dado la imagen de un supuesto centralismo español que agobiaba a Cataluña y que impedía el autogobierno. Pero esta paranoia debe someterse a escrutinio comparado. El Regional Authority Index es un ranking sobre la descentralización en los diversos países del mundo elaborado por una red de expertos, que fue publicado en 2016 por Oxford University Press. El índice incluye diez dimensiones del autogobierno, y da lugar a una puntación que va de los Estados más descentralizados a los menos. La siguiente lista contiene los veinte países con mayor grado de descentralización territorial según este estudio (Liesbet Hooghe, Gary Marks, Arjan H. Schakel et al., Measuring Regional Authority, Oxford University Press, 2016).

1
Alemania
37,0
2
España
33,6
3
Bélgica
33,1
4
Estados Unidos
29,6
5
Italia
27,3
6
Bosnia & H.
27,1
7
Suiza
26,5
8
Canadá
26,0
9
Australia
25,4
10
Argentina
23,5
11
Austria
23,0
12
Malasia
21,5
13
Indonesia
20,8
14
Rusia
20,1
15
México
20,0
16
Francia
20,0
17
Brasil
19,5
18
Perú
18,1
19
Holanda
17,5
20
Bolivia
13,5

Hay que destacar que este ranking se elaboró en 2016, teniendo en cuenta la práctica jurídica y constitucional de los diversos países en los años precedentes, y al margen de los debates internos sobre la posible reforma de los distintos sistemas. La conclusión es que España aparece entre los países más descentralizados del mundo junto a Estados federales como Alemania y Estados Unidos, o confederales como Suiza. Federaciones como Rusia o la República Federativa de Brasil o países que llevan en su nombre la expresión “Estados Unidos”, como México, están más abajo, así como Bolivia, que se declara Estado plurinacional, que aparece en el puesto número 20. Canadá, que tiene concedida una autonomía importante a Quebec, aparece en el puesto 8. Reino Unido, que como es sabido ha devuelto competencias a Escocia en los últimos años, no figura en esta lista porque está situado en el puesto 28.
Hoy existen índices sobre la democracia, las libertades, la descentralización, la sanidad, la esperanza de vida, la situación de las mujeres o el desarrollo humano, y en todos ellos nuestro país obtiene las máximas calificaciones. Sin embargo, en España no hay una conciencia generalizada de que somos uno de los países más avanzados del mundo, cuando deberíamos mirar más a España en positivo. La excesiva auto-crítica se debe a un carácter pasional que tiende a mirar más los defectos que las virtudes, y que encuentra difícil comprender los avances que han transformado profundamente nuestro país en estos cuarenta años de democracia, con una destacable modernización, con avances sociales, participación plena en Europa y en la globalización. Es cierto que debemos seguir mejorando y que pueden considerarse propuestas de reforma de la Constitución, las leyes, y también de la cultura y la sociedad, pero deberíamos partir de la situación real, y no alimentar ni mitos ni paranoias que a la hora de la verdad, por muy modernos que quieran presentarse, nos retrotraen al pasado.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Políticos españoles de origen argentino

La inmigración es una riqueza para España (y para la Unión Europea) y debe continuar. Desde el año 2000, nuestro país ha acogido a un número muy elevado de extranjeros que se instalan en el territorio por diversas razones. Vienen de Europa (Alemania, Reino Unido, Rumanía), del norte de Africa (Marruecos), y de diversos países de Iberoamérica. Hasta el punto de que tenemos uno de los porcentajes más altos de población extranjera en la UE. Según datos de Eurostat, salvo Alemania, que llega al 10% de su población, España es el siguiente de los grandes que acoge más extranjeros (un 9% de la población son extranjeros en la actualidad), más que Reino Unido, Italia o Francia.

Muchos de estos terminan adquiriendo la nacionalidad española. Como es sabido, nuestra Constitución (art. 11) y las leyes favorecen la adquisición de la nacionalidad a los ciudadanos de países Iberoamericanos. De manera que en España viven muchos extranjeros nacidos fuera (algo más de 4 millones), y muchos españoles nacidos en el extranjero (unos 2 millones), de un total de 46,5 millones según datos del InstitutoNacional de Estadística. Este fenómeno seguirá ocurriendo en el futuro debido a la escasa natalidad, una de las más bajas del mundo.

Los sociólogos estudian diversos aspectos, como la distribución de la población inmigrante en el territorio, sus áreas de trabajo, o los países de origen. Una cosa llamativa con respecto a los nuevos ciudadanos españoles nacidos fuera de España es la concentración de españoles nacidos en Argentina en los partidos políticos de extrema izquierda y separatistas, sobre todo en Cataluña. Los casos de Lucía Caram, Pablo Echenique, Alberto-Dante Fachin y Gerardo Pisarello vienen a la mente.

Efectivamente, esta concentración es muy notable porque, desde un punto de vista estadístico, el origen argentino no es el más numeroso entre los nacionales españoles nacidos fuera ni entre los extranjeros viviendo en España. En la tabla siguiente se incluyen los orígenes en países de América Latina de ambos grupos de población (no se incluyen otros países, ya que, entre los extranjeros en España, curiosamente, los primeros vienen de Rumanía, Marruecos, Reino Unido, Italia y China, antes que el primero de América, Ecuador).


Esta constatación estadística demuestra que los españoles nacidos en Argentina tienen un éxito remarcable en la política y también muestra su clara inclinación hacia la extrema izquierda y el independentismo. La escritora Patricia Gabancho, ella misma de origen argentino, dijo en este artículo de El País de 2015: "Ha habido un exilio político, vivido por generaciones politizadas y radicales, de izquierdas". El problema de este exilio radicalizado en su origen es que, con una gran capacidad de ascenso social y una formidable elocuencia, muchos de esos políticos utilizan enfoques propios de otras sociedades o de otros momentos históricos y los aplican a la España actual. A veces se inspiran en los movimientos radicales de América Latina, y otras veces hacen una mezcla de esas raíces con ideas revolucionarias de otro tiempo, difícilmente trasladables al contexto europeo de hoy. Como ejemplo, la admiración declarada de Pisarello (que aparece en la foto al inicio) por Robespierre y la revolución francesa, lo que se aprecia en esta entrevista, se encuentra a años luz de las necesidades políticas de Cataluña, de España y de la Unión Europea. Estas personas aportan su indudable talento politico y su radicalismo, pero importan ideas inadecuadas o trasnochadas para Europa.

miércoles, 10 de enero de 2018

Cataluña dividida y Tabarnia


En las elecciones del 21D, una mayoría de votos fue contraria al procés, mientras que los indepes consiguieron una mayoría de escaños en el Parlament. ¡Vaya contradicción! Los votos del 21D pueden contarse así (las cifras se dan en miles de votos). Ciudadanos 1.109 + PSC 606 + Comunes 326 + PP 185 = 2.226. Frente a los favorables al procés, Junts per Catalunya 948 + ERC 935 + CUP 195 = 2.078. Los Comunes estaban a favor del referéndum pero en contra de la separación. 

Se cuenten como se cuenten los votos, el resultado es una sociedad profundamente dividida. Dos millones para un lado, dos millones para otro. Esta división ha sido reconocida por muchos en el campo separatista después del 21D. Y la persistencia de la misma división y la victoria de Ciudadanos han llevado a los no independentistas a ser mas fuertes, y a crear la idea original e imaginativa de Tabarnia.

Los indepes han tenido que aceptar la realidad. Cuando anunció su renuncia a presidir el PDeCat, Artur Mas dijo una frase crucial. Afirmó que las elecciones del 21D habían dado la victoria en escaños a los independentistas, por lo que podían "mantener" el objetivo de la independencia; pero, Artur Mas añadió, no haber pasado del 50% de los votos "obliga a comprender que no podemos acelerar la independencia en el corto plazo". En catalán: "no haver passat del 50% dels sufragis ens obliga a entendre que no podem accelerar la implementació de la independència a curt termini" (cita de Diari Ara).

Esto sitúa a Mas lejos de otros adalides del procés, como Puigdemont, que desde Bruselas quiere seguir adelante contra el rechazo de la mitad de los catalanes. El reconocimiento de la división profunda de la sociedad también está afectando a ERC, que se muestra más sensata que JxC y Puigdemont. Los líderes de ERC se han dado cuenta que no puede adoptarse una decisión tan extrema como la independencia contra la mitad de los catalanes, y han comprendido que la huida de empresas y la negativa de la Unión Europea son otros obstáculos que no se pueden obviar. 

Los esfuerzos sistemáticos y planificados de los indepes apoyados desde la Generalitat y los ayuntamientos, las subvenciones, el uso político interesado de la educación y la cultura, los ataques injustos a la convivencia en Cataluña y en España, el abuso de la televisión y la radio públicas, la propaganda machacona para lavar los cerebros, todo ello sin respuesta desde Madrid (sobre todo por pasividad del Gobierno central), tales esfuerzos no han podido romper el techo de cristal del 50%.

En favor de Artur Mas hay que decir que, en 2012, él mismo predijo que era precisa una "mayoría indestructible" para conseguir la independencia. Y hasta hoy no se ha conseguido esa mayoría. Aquí reproduzco la noticia de la intervención de Artur Mas en septiembre de 2012 que reclamaba esa "mayoría indestructible", y que merece la pena leer de nuevo.

DIARIO DE MALLORCA, 29 septiembre 2012

EFE/CERDANYOLA DEL VALLÈS El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha afirmado hoy que sólo convocará una consulta de autodeterminación cuando exista una mayoría soberanista "indestructible" que permita garantizar una victoria holgada en las urnas…. Mas ha pronunciado probablemente su discurso más abiertamente independentista desde que asumió las riendas del partido.

Pese a evitar en todo momento los conceptos de "Estado propio" o "independencia", Mas ha focalizado su intervención en reclamar a la sociedad catalana un "cierre de filas" en torno a él en las elecciones del 25 de noviembre, no para poder "perpetuarse" en el poder sino para poder culminar el proceso que debe llevar a Cataluña a la "soberanía" plena.

"Si Cataluña lo quiere, lo tendrá. Depende básicamente de que lo queramos y de cómo hacemos las cosas", ha proclamado Mas, que sin embargo ha tratado de disuadir a quienes piensan que un referéndum de autodeterminación podría convocarse ahora mismo.

"No vale perder por un 49%, ni tan sólo ganar por un 51%. Hay que ser rotundo. Esto lo tiene que querer un grueso significativo de la sociedad catalana. Si esto se retrasa un año, no pasa absolutamente nada, porque el objetivo es suficientemente importante como para ahora preocuparnos por un año más o menos. Cuanto más rápido, mejor. Pero la condición básica es que haya una mayoría social muy grande", ha sentenciado.


El reconocimiento de la división de la sociedad y de los errores del procés ha estado acompañado en los últimos meses de una actitud mas asertiva por parte de los catalanes no independentistas, liderados por Ciudadanos y por movimientos como Sociedad Civil Catalana. Las manifestaciones de octubre, la firmeza del Estado y la victoria de Ines Arrimadas el 21D han dado alas a esta mitad de la población catalana. Con esa nueva actitud, el lanzamiento del proyecto de Tabarnia ha sido un éxito. Esta idea pone de relieve las debilidades del pensamiento separatista de una manera muy gráfica. El discurso de Albert Boadella como "presidente" de Tabarnia ha hecho más contra el delirio indepe que miles de argumentos, libros y artículos en los últimos años.

jueves, 26 de octubre de 2017

El discurso del Rey

El discurso del Rey Felipe VI del 3 de octubre pasado (video completo aquí) fue un momento esencial que permitió encauzar la crisis en Cataluña. El Rey mostró liderazgo de Estado, afianzó nuestro proyecto político común y, al mismo tiempo, la paz en Europa. Los historiadores del futuro sabrán apreciar el importante papel que jugó su expresión de confianza en nuestra democracia, y en los principios y valores sobre los que se asienta la integración europea. Días después, en los Premios Princesa de Asturias, el Rey hizo otra remarcable intervención en la que también habló de las razones para seguir creyendo en España como una democracia europea, avanzada y plural, que puede consultarse aquí.

El periódico El País publicó en su web este artículo titulado Seis minutos que cambiaron la Historia, donde se explica el valor del discurso del Rey. 

Martín Ortega Carcelén
El País, 13 octubre 2017

El mensaje del Rey en la noche del 3 de octubre dejó a muchos con el estómago encogido. Había sido un día complicado en Barcelona. Los hechos arrojaban gran incertidumbre sobre las horas y días sucesivos. Y había miedo. Un miedo cerval asociado a fantasmas del pasado.

Las palabras del Rey fueron duras, pero fueron también un baño de realidad. Un fogonazo que despertó a todos del sopor del debate en bucle. Felipe VI puso el foco en la cuestión esencial. El Govern, dijo, que no representa más que a una parte de la sociedad catalana, debía saber que si quiere llegar hasta el final, el Estado llegaría hasta el final. En un minuto, todo lo conseguido desde la Transición se puso a temblar. Se acabaron los juegos retóricos, y entramos de lleno en los grandes momentos de la Historia.

Presentar el dilema en términos tan crudos tuvo la virtud de hacernos ver la barbaridad colectiva a la que nos enfrentábamos. Deshacer España no era tan fácil como sugerían los métodos festivos y las sonrisas. La economía se vendría abajo. Una posible declaración unilateral de independencia planteaba problemas económicos y sociales insolubles, y abría la vía a otras. Ante esa perspectiva, las imágenes borrosas de nuestra guerra fratricida se mezclaban con las de la antigua Yugoslavia, y producían pavor. No solo España se ponía en tela de juicio sino el conjunto de Europa.

Frente a la gravedad del momento, los líderes independentistas habían mostrado irresponsabilidad. El Govern, como un aprendiz de brujo, había despreciado las enormes dificultades de un plan más propio del siglo XIX que del siglo XXI. Con su procés, en realidad desbarataba el otro proceso, el de verdad, la integración europea, que opera desde el fin de la Segunda Guerra Mundial para permitir la convivencia en la diversidad y eliminar las fronteras. Con una ingenuidad pasmosa, Puigdemot dijo el 10 de octubre en el Parlament: "No tenemos nada contra España”. Nada, salvo que vamos a amputarle un brazo.

El Rey no habló de Europa, tampoco habló del proyecto común de España, que lógicamente corresponde al debate político. Más bien se situó en un plano anterior, el de la paz, que resulta absolutamente necesaria para todo lo demás. Los logros de la democracia y de la convivencia plural eran transcendentales porque han situado a España en la Europa contemporánea, una Europa que por fin ha superado 500 años de guerras intestinas. Al garantizar esos logros en España, se garantizaba también la estabilidad y la paz de Europa.

El discurso del Jefe del Estado tuvo la virtud de restablecer la confianza en los valores europeos. El Rey actuó plenamente dentro de sus funciones constitucionales previstas en los artículos 56 y 62 de la Constitución. Pero no era fácil lo que hizo en el momento que lo hizo. Porque la aplicación de estos artículos no es un ejercicio de matemáticas. En aquellos seis minutos mostró liderazgo de Estado, afianzó nuestro proyecto político común y, por ende, la paz en Europa.

Sobre la base de la solidez de ese proyecto abierto y plural, se produjeron los acontecimientos posteriores. Las masivas manifestaciones del 8 de octubre demostraron que el proyecto sigue vivo, y que las opciones unilaterales conducen al fracaso. Los poderes económicos respaldaron también el enfoque integrador.

En aquellas manifestaciones se habló de recuperar el seny, y esto es particularmente necesario porque el discurso independentista fue muy injusto con todo lo conseguido en las últimas décadas. El mundo entero admira lo que hemos logrado en los planos político, económico, social, cultural e internacional y resulta que las mentiras repetidas para criticarlo han calado en una parte de nuestros conciudadanos. Además de relanzar nuestro proyecto político común, la convivencia debe basarse sobre un relato positivo de la España democrática y plural.

Los seis minutos del discurso del Rey marcaron un punto de inflexión. Al mirar atrás, los historiadores del futuro probablemente reconocerán en este mensaje el inicio de una nueva época de mayor confianza en nuestra democracia. El éxito colectivo de España necesita un sentido de Estado sin complejos como existe en otros países democráticos.

lunes, 16 de octubre de 2017

El reconocimiento de Cataluña


A los independentistas les explicamos bien clarito los problemas que iban a tener. Pero ellos no quisieron escuchar. Aquí dejo algunas de mis contribuciones sobre Cataluña en el diario El País, que años atrás hablaban sobre el futuro. Y acertaron! 

Elegir una vía unilateral hacia la independencia fue un enorme error. Desde el Derecho Internacional se adivinaban grandes obstáculos, que fueron despreciados por los impulsores del procés con gran arrogancia. El derecho a la autodeterminación era inexistente, no iban a tener reconocimiento internacional, la Unión Europea no iba a aceptarles, las consecuencias económicas iban a ser catastróficas, y la sucesión de Estados era un escollo insalvable. Algunos fragmentos seleccionados y los vínculos a los artículos en la web de El País:

Quijotes catalanes, 30 octubre 2015 

La “desconexión democrática, masiva, sostenida y pacífica con el Estado español” que quieren los independentistas introduce cuatro epítetos para dulcificar la idea de desconexión. Falta el adjetivo unilateral. Este método de separación a una banda es quijotesco y conduce al desastre, con el caballero por los suelos y graves daños en los aposentos, porque cualquiera que conozca la práctica internacional reciente sabe que las secesiones unilaterales provocan problemas insolubles referidos a multitud de cuestiones como la administración, el orden público, el territorio, las finanzas, la nacionalidad, las cuentas y los bienes públicos. Años de disputas y rencor. Pero los soberanistas ignoran los riesgos comprobados. Un rasgo muy estudiado del Quijote es su construcción paralela de la realidad. De tanto leer libros de caballerías creyó que el mundo era como él quería que fuese y no como era en verdad.

Cataluña, gato por liebre, 6 agosto 2015

Una posible mayoría absoluta en el Parlamento catalán convertida en asamblea constituyente sería un símbolo perfecto del pensamiento único que cultivan los que apoyan la independencia unilateral. La idea viola la noción de Estado de derecho defendida por el Tratado de la Unión Europea, la Constitución española y también el propio Estatut.

La experiencia internacional demuestra que hay una enorme diferencia entre los procesos independentistas que se hacen con el acuerdo de todas las partes, y aquellos en los que hay ruptura. Los soberanistas ponen como modelo a Escocia y Montenegro, pero no están dispuestos a seguir esos ejemplos. 

Los partidarios de la declaración unilateral prescinden del Estado y de cualquier marco jurídico, y esta actitud arrojaría el caso catalán a otra categoría: la que plantea un conflicto abierto de consecuencias imprevisibles. Nos vamos de Escocia a Kosovo. En Cataluña existen algunos partidarios de la ruptura de la legalidad, espíritus románticos que aceptan el ‘cuanto peor, mejor’. Es comprensible que haya posturas inconscientes de este tipo, pero es más difícil entender que votantes tradicionales de Convergència quieran apartarse de la política como práctica de diálogo para buscar soluciones, y se vean secuestrados por planteamientos que parecían superados en Europa.

El derecho a decidir no existe, 16 octubre 2014

La ruptura unilateral solo podría hacerse a un coste muy alto, esto es, la desmembración de España. En su reciente comparecencia ante el Parlamento catalán, Jordi Pujol afirmó que había dedicado su vida a la construcción nacional de Cataluña. ¿Nunca cayó en la cuenta de que esa empresa solo puede hacerse con la simultánea destrucción nacional de España?

A veces se presenta la corriente soberanista como un activismo pacífico y festivo, cuando en realidad muchos otros lo perciben como un separatismo que les produce pena y rechazo. Desde el punto de vista del Estado, Cataluña es un órgano vital para el conjunto de España, y las interacciones con otros órganos vitales han sido muy intensas, lo que hace la separación un asunto existencial. Los catalanes que persiguen ciegamente ese sueño no han comprendido que su hipotética independencia, quizás seguida por la de otras partes de España, supondría una verdadera conmoción tras una etapa reciente llena de intercambios profundos y de convivencia fructífera en un proyecto común.

Nacionalismo postmoderno, 3 febrero 2014

El nuevo proyecto nacional español es moderno, inclusivo, orientado al futuro y con una proyección global. Y sobre todo dinámico y mejorable, porque deben seguir afrontándose problemas persistentes, desde la corrupción a las lagunas en la educación, pasando por el diseño de una economía más sostenible y también la articulación del poder territorial, lo que podría dar lugar a una reforma pactada de la Constitución. Un aspecto muy relevante del nuevo nacionalismo español es su carácter abierto y plural. Se trata de un nacionalismo que puede llamarse postmoderno e integrador, porque está hecho de contribuciones desde las más diversas culturas y nacionalidades de España. Permite a los nacionalistas canarios, catalanes, gallegos, vascos, o de cualquier otro origen, sentirse orgullosos de su lengua y cultura, y al mismo tiempo, cultivar una identidad múltiple como españoles y europeos.

En cambio, el proyecto independentista catalán en su versión más retrógrada es excluyente, porque no solo rechaza su participación en España, sino que también asume que puede quedar fuera de la Unión Europea. Según un enfoque de identidad múltiple, alguien puede sentirse catalán, español, europeo y ciudadano del mundo al mismo tiempo, mientras que el soberanismo catalán insiste en una identidad única, que renuncia a ser español y también, llegado el caso, al marco europeo.

El unilateralismo lleva a errores de bulto. La previsión de los radicales catalanes en torno a las buenas relaciones futuras con el resto de España después de una separación forzosa es, obviamente, ilusoria. Su vaticinio de que Europa terminará aceptando la independencia conseguida sin acuerdo previo con España, mal informado.

El reconocimiento de Cataluña, 23 noviembre 2012

Tal reconocimiento es impresicindible porque únicamente la entidad con una aceptación suficiente podrá participar en relaciones multilaterales, y acceder a organizaciones como la UE, Naciones Unidas, la OMC o el Consejo de Europa.

Artur Mas favorece la vía unilateral y debería plantearse los escenarios de futuro que abre esa exclusión del consenso en España. ¿Qué estados europeos reconocerían una independencia definida unilateralmente? ¿Cabe pensar en una situación de división en el seno de la UE como sucede con Kosovo? Fuera de Europa, ¿en qué países del mundo se apoyaría el movimiento independentista para buscar los primeros reconocimientos? ¿Se ha planeado qué hacer si no se obtienen los reconocimientos suficientes para entrar en la UE y en la ONU? ¿Qué futuro espera a los ciudadanos de esa Cataluña independiente al margen de las instituciones internacionales?

El espectro de los Balcanes, 8 febrero 2006

En el plano interno, la principal lección es que el sueño de la independencia produce monstruos. Las fuerzas políticas minoritarias que imaginan la fragmentación de España, y que prefieren citar ejemplos como Eslovenia o la antigua Checoslovaquia en lugar de precedentes más cruentos, harían bien en comparar seriamente esos casos con la realidad española. La larga existencia del Estado, la solidez de un régimen democrático de libertades y la realidad social hacen imposibles tales quimeras. Esas fuerzas también deberían comprender que el sentido de la integración europea no es arropar reivindicaciones nacionalistas, sino precisamente superar el nacionalismo rancio, de cualquier pedigrí, que sueña con establecer compartimentos políticos estancos.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

El Barça y el respeto en el fútbol

Para impedir la violencia física y verbal en el fútbol, la UEFA creó en 2008 la campaña RESPECT. La palabra elegida aparece en los campos y en las camisetas de los jugadores. La idea no se refiere solo a los rivales, sino también a las reglas de juego, al árbitro, e incluso a valores más esenciales como la lucha contra el racismo. Todo el mundo piensa que es intolerable que, amparados en el anonimato de una grada, los hinchas de cualquier equipo se dediquen a pitar o insultar a un jugador africano por el color de su piel. Sin embargo, parece que se pueda increpar o insultar a los demás ciudadanos como si tal cosa, como si los compatriotas no fueran dignos de respeto y no tuvieran sentimientos. 
La palabra elegida por la UEFA no tiene importancia. Es inglés, pero todos lo entendemos porque viene del latín. En gallego se dice respecto. En portugués, en cambio, se dice rispeito. Este es un concepto que Mourinho no entendió cuando clavó el dedo en el ojo a Tito Vilanova, un gran profesional de querida memoria.
En la web de la UEFA se dice que esta campaña busca también la “promoción de la diversidad, la paz y la reconciliación”, y... ¡hasta el respeto por el medio ambiente! En catalán respeto se dice respecte. Sin duda, los catalanes merecen respeto, a diferencia de lo que ocurrió años atrás cuando la lengua y las instituciones catalanas estuvieron relegadas. Pero durante la larga etapa democrática que estamos viviendo, en España disfrutamos de un marco de convivencia de los más avanzados de Europa, donde el respeto tiene que funcionar en todos los sentidos.
Tras décadas de democracia, los catalanes también deben respetar a sus compatriotas, e igualmente a los símbolos, las leyes y las instituciones del Estado. Es una obligación jurídica y moral. Evidentemente, pueden existir demandas para cambiar la Constitución o las leyes, y quienes piensan así tienen derecho a proponerlo. Pero también debe respetarse todo lo que nos une, la etapa mejor de nuestra Historia, el Estado que nos hemos dado, y que ha garantizado el progreso y la defensa de derechos y libertades en el marco de la Unión Europea. Por esto, no se entiende que el FC Barcelona se haya pronunciado sobre el referéndum del 1 de octubre, entrando en un terreno que no le corresponde y poniendo en juego algo tan importante como la Constitución y las leyes. ¿Cómo puede un club de fútbol que participa en la Liga española y que tiene proyección global poner en duda la democracia en España? Esto es una falta de respeto y un abuso hacia los demás españoles.
 Cuando una parte de un estadio pita a un africano en un partido de fútbol, entonces la UEFA y las leyes pueden imponer sanciones por racismo. Los clubs de fútbol han aceptado que esto es necesario. Basado en la misma idea de respeto, es inaceptable que esos clubs promuevan actuaciones contra el marco de vida común y contra los valores europeos de paz, convivencia e integración. 
Los socios del Barça y el club pueden mantener las posiciones políticas que quieran. Pero desde luego no pueden actuar contra los principios de respeto, paz y convivencia, y contra los derechos y libertades de todos. Por mucho que se crean demócratas y avanzados, si lo hacen, se sitúan en la incitación al odio y nos conducen al pasado. 

jueves, 7 de septiembre de 2017

Elogio de la locura

Uno de los rasgos distintivos del procés secesionista catalán es su irracionalidad. A la chifladura se añade una arrogancia infinita que lleva a decidir sin contar con la mitad de la sociedad en algo tan serio como la secesión. ¿Cómo calificar a los miembros de cualquier comunidad que deciden sobre la vida de la otra mitad sin tener en cuenta su opinión siquiera? La máxima locura es convocar un referéndum sin mínima participación, en el que un puñado de síes, al ser más que los noes, daría la independencia.

Ahora bien, de todas las irracionalidades, los cálculos que hacen los independentistas de la situación tras el referéndum y una declaración unilateral de independencia son muy destacables. Por supuesto, dicen que vivirán mejor, y se preguntan cómo se pagarán las pensiones, qué pasará con los funcionarios, con los bienes públicos, y la situación internacional de la nueva entidad. Estas cuestiones son totalmente inútiles porque una hipotética Cataluña independiente tras una declaración unilateral de independencia estaría fuera de la Unión Europea, sería una entidad pobre, aislada, en conflicto con el resto de España, y tendría relaciones muy difíciles con el resto del mundo. Los indepes son muy sectarios, por lo que la población en desacuerdo con la independencia unilateral saldría de Cataluña por cientos de miles, dejando a ese nuevo país en la bancarrota. Esto no es un deseo ni una amenaza sino el escenario más probable, teniendo en cuenta la evolución de los hechos y la Historia. 

El Libro Blanco sobre la Transición Nacional publicado en 2014 planteaba dos posibles escenarios tras una independencia: la cooperación con el resto de España y un escenario de no cooperación, afirmando que este último sería muy problemático. Ahora, la aprobación por el Parlament de las lleis de referéndum y de transitorietat seguida de una declaración unilateral de independencia llevarían de cabeza al segundo escenario. Pero, ¿alguien entre los indepes se plantea las dificultades que surgirían de ese aislamiento de Cataluña independiente como paria internacional? La chifladura y la arrogancia de los indepes les hace descartar esta posibilidad, y les lleva a pensar que en ese futuro ideal el resto de España simplemente no cuenta, Europa y el mundo entero les haría la ola, y su nuevo país se tele-transportaría a algún lugar del norte de Europa, donde ellos merecen vivir, y donde ese resto de España tan molesto desaparece.

En 1511 Erasmo de Rotterdam escribió un 'Elogio de la locura' que criticaba los abusos de los clérigos y su desprecio de la razón. Las verdades reveladas eran dogmas y los oráculos de esos dogmas eran algunos iluminados intocables. Erasmo retrató a esos falsos vendedores de verdad y sembró el camino para que el pensamiento libre acabara con ellos. Locura, en su obra, también podía traducirse como estulticia o estupidez. Los chalados y obcecados producen estupor y daños, fracturan la sociedad, pero tal situación de dominio aparente no puede prolongarse por siempre. Los que cultivan el desvarío tienen los días contados porque, afortunadamente, en una sociedad abierta tarde o temprano termina por imponerse la razón.

martes, 4 de julio de 2017

Cataluña y la secesión en Estados Unidos

Uno de los aspectos más terribles del proceso soberanista es la ligereza con la que trata la Constitución. Por supuesto, ni la autodeterminación ni la secesión son posibles en nuestra Ley Fundamental. Frente a esta evidencia, los soberanistas simplemente la ponen de lado, como si no tuviera validez, dando por terminada su vigencia.

Esto refleja una ignorancia tremenda. Las constituciones de los Estados democráticos son algo muy serio. Los argumentos que emplean los soberanistas son torpes: la Constitución de 1978 no fue votada por los más jóvenes – dicen –, fue un pacto tras el franquismo, no refleja la realidad actual. En Alemania, Estados Unidos o Italia, las constituciones tampoco permiten la secesión, y a nadie se le ocurre desahuciarlas con tales argumentos.

Las constituciones democráticas contienen un acuerdo politico de largo alcance traducido en normas fundamentales de convivencia. Ignorarlas supone volver a etapas de caos y enfrentamiento. La Constitución de 1978 ha sido aplicada y desarrollada desde entonces de manera exitosa. Cada elección europea, nacional, y en los distintos territorios ha sido una aceptación de su validez por todos. Ha permitido la descentralización, el progreso del Estado y la sociedad, y nuestra integración en Europa y en la globalización.

En los tres países citados ha habido movimientos independentistas aplacados por sus respectivas constituciones, y nadie pone en juego la validez de esas normas. En Estados Unidos, cuando el Presidente Lincoln fue elegido, seis Estados habían declarado la secesión. En su primer discurso de investidura en 1861, Lincoln dijo: “Plainly the central idea of secession is the essence of anarchy. A majority held in restraint by constitutional checks and limitations, and always changing easily with deliberate changes of popular opinions and sentiments, is the only true sovereign of a free people. Whoever rejects it does of necessity fly to anarchy or to despotism.” Desde el 4 de julio de 1776 hasta esa fecha habían transcurrido solo 85 años, y el territorio había cambiado. A pesar de su juventud, Estados Unidos luchó una guerra civil entre 1861 y 1865 para mantener la unidad del país y evitar la secesión. Recientemente, diversos casos judiciales han demostrado que la Constitución no permite ejercer ni un referéndum ni la libre determinación en Estados federados como Alaska, California o Texas. ¿No saben ver los soberanistas ninguna enseñanza en el caso de Estados Unidos?

En enero de 2017 la Corte Constitucional de Alemania decidió que en el Estado de Baviera no podía realizarse un referéndum de autodeterminación porque la Constitución no lo permite. ¿Es un problema que la Ley Fundamental de Bonn fuese redactada en 1949? Igualmente en Italia el Gobierno y el Tribunal Constitucional han dejado claro que la autodeterminación de Veneto no es posible, según la Constitución. Tras ser independiente, Venecia se unió a Italia en 1866. Existe una importante demanda social en la región de Veneto. ¿Hace todo esto menos válida la actual Constitución de Italia?

Mantener que nuestra Constitución es menos digna de respeto que otras, como hacen los soberanistas catalanes, es una irresponsabilidad. Al hacer esto, ignoran la historia y el derecho, y se ponen fuera de la ley.

martes, 13 de junio de 2017

El infantilismo de los soberanistas en Cataluña

Días después de que Puigdemont, con autoridad de derecho divino, fijara la fecha del 1 de octubre y una pregunta para el supuesto referéndum, las asociaciones independentistas de Cataluña con apoyo oficial organizaron un acto en Barcelona para publicitar ese intento. El acto fue de asistencia escasa, y solo los muy fanáticos siguen en el empeño. Pero lo peor de la manifestación fue el comunicado final que leyó el entrenador de fútbol Pep Guardiola.

Guardiola sabe quizás de fútbol pero es un absoluto ignorante sobre política y relaciones internacionales. En su discurso dijo entre otras cosas: "Los catalanes hoy somos víctimas de un Estado que ha puesto en marcha una persecución política impropia de una democracia". También pidió apoyo a la comunidad internacional frente a un "Estado autoritario". Hablar de "persecución política" y "Estado autoritario" en España, una democracia avanzada en el seno de la Unión Europea, con todas las garantías, descalifica completamente a Guardiola y al discurso soberanista.

Evidentemente, Guardiola no escribió ese discurso. El texto refleja más bien el estado mental de los soberanistas que prepararon el texto como gran colofón del acto. Los mismos argumentos ya fueron empleados en el Libro Blanco de la Transición Nacional, de 2014, producto de los trabajos del Consejo Asesor para la Transición Nacional desde comienzos de 2013, una institución pagada con dinero público. El Libro Blanco decía en su página 20 que la autodeterminación estaba justificada en casos de "violaciones masivas de derechos humanos", de "anexiones y ocupaciones militares injustas", y en el caso de Cataluña. Esta comparación de situaciones extremas con la situación en Cataluña era evidentemente producto de una paranoia, que nadie creyó en la comunidad internacional. Ese Libro Blanco fue traducido al inglés y fue el escaparate de la causa soberanista en el extranjero, desautorizando la propia causa porque era un verdadero despropósito. Hay que imaginar las caras de asombro que su lectura produciría en las más importantes capitales del mundo.

El Libro Blanco muestra que la exageración de Guardiola, compartida por los convocantes del acto, es un estado mental entre los independentistas desde hace años. Frente a ese lavado de cerebro que confunde lo imaginado con la realidad, el Estado no hizo lo suficiente para contrarrestar las falsas representaciones, y para explicar a todos las grandes cualidades del proyecto común de España, reconocidas y admiradas en todas partes. Los ataques contra la democracia, como fue el Libro Blanco, deben responderse antes con sensatez y con claridad.

Afortunadamente, las reacciones frente al discurso del domingo han sido contundentes y equilibradas. En un editorial del diario El País titulado "Guardiola y la convivencia" fechado el 12 de junio se dice: "El sorprendente relato de la existencia de un pueblo oprimido en el corazón de la Europa democrática no es más que eso, un relato que en ningún caso ha comprado ni va a comprar la comunidad internacional". Guardiola y los líderes soberanistas están aquejados de "inmadurez política e infantilismo democrático". Parecen Quijotes enloquecidos que prefieren ignorar la realidad. El editorial termina criticando los planes desvelados sobre el proceso soberanista: "Un proceso que, de consumarse, violaría los derechos de millones de catalanes y supondría la abolición de las instituciones democráticas catalanas (Parlament y Estatut). Ese Estado, señor Guardiola, nacido de un acto de fuerza, sin mayoría y sin reglas democráticas, sí que crearía un Estado autoritario, que nadie fuera de nuestras fronteras podría reconocer". En su Himno Ibérico de 1906, Joan Maragall pidió a Cantabria o a Cataluña hablar del mar a Castilla: "Parleu-li del mar, germans!", escribió. Parafraseando a Maragall, deberíamos invitar a todos los europeos a despertar a estos soberanistas de su pesadilla: "Hablémosles de la verdad!". 

jueves, 25 de mayo de 2017

Golpe de Estado en Cataluña

Los independentistas catalanes se han quitado la careta. Su plan para tomar el poder a toda costa ha sido revelado, y resulta ser un plan de corte fascista, en el que el poder ejecutivo toma el control del Parlamento y la prensa. El respeto de la legalidad les importa un bledo. Todo lo que han dicho la Unión Europea y la comunidad internacional es irrelevante para ellos. El respeto a la mayoría de catalanes que no piensa como ellos tampoco les importa. No es de extrañar que el Ministro Méndez de Vigo hable de “golpe de Estado”, o que el Presidente Rajoy critique el plan como propio de las “peores dictaduras”. Los expertos piensan que es un delirio jurídico.
  
Frente a este sinsentido (o la continuación del sinsentido) hay que reafirmar que, afortunadamente, España es una democracia fuerte, plural y europea, donde estos planteamientos dictatoriales no pueden prosperar. Los propios catalanes demuestran un apoyo cada vez menor a los planes independentistas. Pero los últimos acontecimientos merecen dos breves comentarios en este blog.

Por un lado, hay una absoluta falta de respaldo internacional a la causa soberanista. Frente a esta realidad, resulta patético ver cómo los líderes de la cruzada buscan photo opportunities, sea con quien sea, para intentar convencer a los convencidos de que existe alguna relación con el resto del mundo. El procés soberanista ignoró la dimensión europea e internacional. La idea dominante era: "avancemos nuestro camino, y al final el mundo tendrá que darnos la razón, porque se opondrá a una España antidemocrática". Esto fue un error tremendo, porque parte de la idea descabellada de que España no es una democracia con todas las garantías, en la que han participado plenamente los catalanes, e integrada de lleno en la UE donde compartimos valores y principios con los demás europeos. El Libro Blanco del CATN hizo el ridículo en este sentido porque decía que la independencia se justifica por la opresión del resto de España sobre Cataluña, algo que no se creyeron en ninguna capital del mundo. A pesar de todo, Puigdemont, Junqueras y Romeva, siguen haciéndose fotos allí donde van con quien pueden. Junqueras fue a Nueva York y allí no pudo fotografiarse con nadie, de manera que de vuelta a Barcelona se fotografió con Altamirano, de la Asamblea Nacional Andaluza, que encuentra su mayor apoyo internacional en Crimea (cuyos habitantes votaron casi por unanimidad unirse a Rusia). Cosas veredes! Junqueras y Altamirano hablaron seguramente de una visión común de Europa, como una eclosión de pequeños territorios todos contra todos.

La segunda observación se refiere a la mentalidad que lleva a seguir pedaleando en una bicicleta estática con el propósito de llegar a una montaña imaginaria. Esta mentalidad tiene algo de desquiciado, como muestra una cierta tradición política catalana, hecha de rauxa y no de seny. En un artículo titulado Quijotes catalanes hablé de esta cuestión. La terquedad de los soberanistas en contra de las evidencias internacionales, de la historia reciente, de la realidad democrática de España, de la sociedad catalana en su conjunto, incluso de una racionalidad política y jurídica básica, forma parte de una tendencia histórica de vehemencia dislocada, que no engloba a todos los catalanes, pero afecta a una parte de ellos. En esa línea encontramos a figuras como Lluís Companys, un personaje turbulento en un tiempo convulso, como retrata el libro colectivo Contra Companys 1936, de 2012, coordinado por los historiadores Enric Ucelay da Cal y Arnau González i Villalta. El fusilamiento de Companys por el régimen franquista no cambia el hecho de que su ejecutoria como Presidente de la Generalitat fuera muy discutible, incluida su posible participación en asesinatos de rivales amorosos. En la época actual ya no existen aquellos episodios truculentos, pero el pensamiento y las conductas vehementes al límite de la ley se muestran en casos como la saga Pujol o la figura de Josep Lluís Carod-Rovira.  En su libro 2014, que parli el poble catalá, de 2008, Carod estableció un plan de ruta para la independencia sin respeto ninguno por el Derecho o por la Historia, con o sin referéndum, basado en la simple voluntad de unos cuantos que convencerían a los otros. Un plan de ingeniería social que ha producido gran perjuicio a la sociedad catalana, porque ha fomentado el populismo delirante y antieuropeo.