miércoles, 8 de marzo de 2017

Ni objetivos, ni enemigos

Las relaciones internacionales están pasando por una fase complicada. No es una cuestión menor sino que se trata de un problema grave. Si la historia puede interpretarse como ciclos, estamos comenzando la parte baja de un ciclo. Desde la Segunda Guerra Mundial se han superado muchas dificultades y hemos logrado hacer un mundo mejor. Ahora parece que comienza una fase de vuelta atrás y de conmociones. Muy probablemente es una crisis profunda en la que, al final, la democracia tendrá que transformarse en global, y tendrá que reforzarse por fin la gobernanza global.

Un intento de explicar dichas evoluciones se contiene en este artículo publicado por el diario El País el 7 de marzo: Ni objetivos, ni enemigos. A continuación se reproduce el texto del articulo, que es una reflexión para el debate:

El mundo occidental no tiene ni objetivos comunes, ni enemigos, por lo que se dispersa en un desbarajuste alarmante. En ausencia de esos dos cementos de unión, el positivo de los proyectos, y el negativo de los adversarios exteriores, los países industrializados han quedado al albur de la competición económica. El debate internacional ya no es político, como en su día anunció Fukuyama, ni estratégico, desde que Deng Xiaoping decidió que China jugaría con las reglas del orden mundial, sino que se ha convertido en una disputa puramente económica: cómo hacer mi país más rico que los otros. Ya no hay ilusiones de otro tipo. En estas circunstancias, cada uno juega por su pellejo, y los nacionalismos, los populismos y el proteccionismo encuentran campos fértiles para medrar.

A lo largo de la historia, los Estados se han asociado para realizar proyectos o para luchar contra enemigos comunes. Los Aliados se unieron frente al ascenso de Hitler y de las otras potencias fascistas. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, estuvo claro que aquel propósito compartido tenía fecha de caducidad, de manera que los aliados liberales y democráticos se asociaron por un lado, mientras que los países comunistas caminaron por el suyo. Durante la Guerra Fría, el cemento de unión de los occidentales fue reactivo, se definía como la lucha contra el bloque comunista, pero cumplía bien su función. Con una orientación positiva, la integración europea no se hizo contra nadie, sino persiguiendo el fin pacificador de acercar antiguos enemigos a través del mercado primero y de las instituciones y políticas comunes después. La década de 1990 estuvo presidida por nuevos objetivos compartidos: consolidar la democracia en Europa, ampliar las instituciones para incluir a todo el continente, y reforzar la Unión.

En los años 2000, la globalización supuso un nuevo impulso hacia un mundo más organizado –la OMC se consolidó con la entrada de China–, y la lucha contra el terrorismo también nos unió, aunque la intervención del Presidente George W. Bush en Iraq a punto estuvo de romper ese vínculo. La crisis financiera fue seguida por una respuesta decidida, con la rápida creación del G-20 en 2008, pero, una vez pasado el choque más pernicioso y olvidado el potencial desestabilizador de la crisis, los objetivos comunes definidos entonces se han diluido en nuestra década.

Frente a la ausencia que hoy padecemos de visión común occidental y global, existen dos tentaciones que deben evitarse y una posible solución. La primera tentación es volver a un mundo fragmentado de intereses nacionales. Los populismos son una mala versión de la democracia, impulsada por líderes retrógrados y miopes, en la que los votantes solo se interesan por sus habichuelas e ignoran el mundo exterior. La segunda tentación es agitar el fantasma de los adversarios venidos de fuera, lo que permite crear un impulso nacional, o también, llegado el caso, una misión colectiva de los países que identifican a enemigos señalados (la “fabricación del enemigo”, como dijo Pierre Conesa). Ya hemos visto antes estas maniobras divisorias en la historia. El Presidente Trump sigue tales tendencias, cuando apunta a la inmigración como amenaza, o cuando busca en el continente asiático un blanco, que bien pudiera ser Corea del Norte para ejercer una acción ejemplarizante.

La posible solución no se halla en el horizonte cercano, y por esa razón las perspectivas a medio plazo son preocupantes. Ante la fragmentación, necesitamos identificar objetivos comunes referidos a problemas globales. Los ciudadanos deben comprender que, aunque la democracia se ejercita dentro de las fronteras, nuestras decisiones y nuestros Gobiernos forman parte de la gobernanza global. Además, los problemas de fuera no son ajenos, ni podemos aislarnos de ellos, ya que nos afectan directamente, como muestran la llegada masiva de refugiados o el deterioro imparable del medio ambiente. Más que muros, hace falta más política exterior concertada.

Los objetivos comunes deben definirse en los planos europeo, occidental y global, porque en un mundo interdependiente los riesgos y amenazas incumben a todos y debemos actuar conjuntamente en varios niveles. Hoy demasiados países y líderes están optando por la vía del “yo primero, lo demás no importa”. Los líderes con visión histórica y los países más responsables tienen delante de sí una tarea formidable.

viernes, 3 de marzo de 2017

Qué significa ser español hoy

La cuestión Qué significa ser español hoy es un debate abierto. Es una pregunta importante en un mundo en pleno cambio, que nos hacemos no solo nosotros sino que cada país la cuestiona a su forma. En Estados Unidos, el libro de Huntington Who are we? de 2004 se planteaba una pregunta similar. En Reino Unido, la identidad política de los británicos ha sido sometida a dos pruebas cruciales con el plebiscito en Escocia y con la votación sobre el Brexit. Comparada con lo que sucede en otros Estados, la situación de la identidad política de los españoles no es tan desesperada como algunos quieren pensar.

El libro Ser español en el siglo XXI es una aportación al debate. Diversas conferencias, publicaciones y entrevistas permiten contrastar puntos de vista y enriquecen el intercambio de opiniones. El 27 de febrero tuvo lugar un interesante coloquio en la Fundación Juan March, en el que intervine junto con Enric Juliana del diario La Vanguardia, y los periodistas Antonio San Jose e Iñigo Alfonso, cuyo audio puede escucharse en la web de la March. Este coloquio completa el que tuvo lugar en la Asociacion de la Prensa de Madrid en noviembre pasado.


La publicación Analisis de la Oficina de Analisis y Prevision del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperacion ha incluido este comentario del diplomático Luis Zaballa al libro. La reseña pone de relieve el trasfondo histórico del proyecto comun español a lo largo de siglos (un tema que Zaballa investiga) asi como la dimensión internacional de la propuesta del libro: hoy no puede explicarse ser español si no es como una forma de ser europeo y de participar en los asuntos globales.


Otro interesante coloquio tuvo lugar en el Casino de Salamanca el 13 de febrero, en el que intervinieron Carlos Miranda, Embajador de España, y Enrique Cabero, Vicerrector de la Universidad, bajo la Presidencia de Alberto Estella. Finalmente, las ideas del libro se han visto desarrolladas en numerosas entrevistas, entre las que cabe destacar las siguientes:

Salimos por el mundo, de Radio Exterior, con Mavi Aldana

Historias de papel, de RNE Andalucia, con Manuel Pedraz

Biblio Kiss, de Kiss FM, con Ismael Arranz.

Ademas de otras entrevistas en medios digitales, como El Español, y Sexto Continente, o comentarios en blogs como El hogar de las palabras.

lunes, 6 de febrero de 2017

Asteroid Trump

Donald Trump es un asteroide que se acerca a la Tierra. Puede ocurrir que el rozamiento con la atmósfera de Washington, el sistema político norteamericano, los jueces, las protestas ciudadanas, todo ello con su propia densidad, termine afectando al meteoro Trump. También, el efecto abrasivo de las relaciones internacionales, la necesidad de escuchar a los aliados y vecinos, podría terminar reduciendo el tamaño del asteroide y el impacto sería pequeño. La mayoría de los asteroides se desintegran con el rozamiento de la atmósfera terrestre. Pero puede ocurrir que la roca venida del espacio exterior sea más grande de lo normal, no se disuelva, y entonces produzca un cráter, olas de impacto y efectos peligrosos sobre el planeta.

Hacia la Tierra se precipitan más asteroides de los que pensamos. La NASA explica que cada dos mil años un meteorito del tamaño de un campo de fútbol produce daños considerables. Según ha registrado la Organización para la Prohibición de los Ensayos Nucleares (OTPCE), entre 2000 y 2013 se produjeron 26 explosiones de potencia nuclear en la alta atmósfera debido a choques de asteroides. El 15 de febrero de 2013 un bólido espacial cayó en fragmentos sobre Chelyabinsk (Rusia) causando más de mil heridos. Con el fin de desviar los meteoritos más peligrosos, la Agencia Espacial Europea y la NASA negociaron el programa AIDA, que se encuentra ahora en suspenso porque los europeos no se pusieron de acuerdo para aportar los fondos necesarios.

Los miembros de la Unión Europea no tienen todavía muy claro qué hacer frente al fenómeno Trump. Están evaluando la dimensión y la trayectoria para comprobar cuál será el alcance. Todos miran preocupados al cielo. Incluso la primera líder en visitar al Presidente Trump en la Casa Blanca, la Brexitosa Theresa May, tuvo que poner caras y mostrar desavenencias con su huésped. Los europeos no están unidos. Los países inmersos en elecciones este año todavía no pueden definir su posición. Los partidos y las voces más europeístas apuestan por hacer resurgir la Unión en respuesta a las críticas, inauditas en la historia, que ésta recibe del Presidente de Estados Unidos y su equipo. Los países con larga tradición de defensa de los principios democráticos, como Canadá y Suecia, muestran su oposición abierta a las políticas sobre inmigración del Presidente Trump y a sus instintos sobre el medio ambiente.

Mirando al futuro, el choque parece cercano. El alcance del impacto no puede calibrarse todavía, y hay expertos que piensan que será fuerte, mientras otros creen que al final será otro episodio más de disputa transatlántica. Personalmente, estimo que lo que está por venir no se parecerá nada a lo que ya hemos vivido.

viernes, 3 de febrero de 2017

En España falta construcción estatal

El Gobierno español tiene un plan de acción para Cataluña que consiste en oponerse punto por punto a los pasos que se dan hacia la “desconexión” y hacia el referéndum. Al nombrar el nuevo Gobierno, el Presidente Rajoy intentó un enfoque más amable, y pidió a sus Ministros más presencia en Cataluña. En diciembre pasado la Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría inició un dialogo activo con la Generalitat, y mantuvo varias reuniones sobre temas financieros con Oriol Junqueras. Pero las autoridades de la Generalitat no se han movido un milímetro del plan soberanista. Su tozudez ha provocado un cambio de tono del Gobierno, que ahora vuelve a ser más firme y más pegado a la partitura jurídica.

El Gobierno debería haber comprendido hace tiempo que el independentismo en Cataluña es un prodigio de psicología social. Jordi Pujol ya lo explicó en su libro de 1976 sobre la inmigración, donde dijo que el problema de Cataluña se había originado en el año 1200 con la derrota de los Albigenses, y todo lo que había ocurrido después era irrelevante. En la etapa de Mas, la Generalitat promovió el mensaje de que desde 1714 habían existido 300 años de represión, incluyendo la etapa democrática. La empanada mental de los independentistas es notable, pero ellos están seguros de tener razón de una forma irrazonable, como apunté en Quijotes catalanes. Tan seguros, que se dedican a lavar el cerebro a sus compatriotas, mientras preparan una declaración de independencia con métodos propios del ascenso del totalitarismo a comienzos del siglo XX, lo que ha dado lugar a las protestas de juristas catalanes que piden algo tan fundamental como el respeto del Derecho y las libertades en el seno de la Unión Europea. Los soberanistas son maquiavélicos: su fin justifica cualquier medio.

En esta coyuntura, el Gobierno ha renunciado a la construcción estatal. La oposición jurídica al procés no se combina con una narrativa atractiva para explicar los grandes valores de España en un mundo peligroso y las enormes ventajas de ser español hoy. Mientras los soberanistas no paran de contar trolas sobre la historia y de hacer interpretaciones políticas sesgadas, el Gobierno no pone de relieve las virtudes del proyecto común español. Este proyecto se asienta en la pluralidad, el éxito económico, los avances sociales, una cultura mestiza y global, el imperio de la ley, la integración y la tolerancia, un sistema democrático sano, una participación activa en la integración europea, así como una contribución crucial a la paz y las instituciones internacionales.

No basta ser uno de los primeros Estados del mundo... Hay que explicarlo también

Cada comunidad política tiene una base identitaria. Es más fácil identificarse con comunidades cercanas, como la ciudad o la región, y más difícil identificarse con entidades lejanas como la Unión Europea. Las comunidades políticas existen en dos niveles que van de la mano: cultural y social, como sustrato necesario, y político y jurídico, como constructo que se levanta sobre el cimiento anterior. No puede articularse una realidad política y jurídica si no hay un sentimiento común. Y ese sentimiento hay que cultivarlo en las cabezas y en los corazones. Esto se aplica a las naciones y a los Estados (en inglés se habla de nation-building y de state-building), y también a identidades más amplias (como la europea).

En España no podemos dar por supuesta la identidad estatal por muy buenos argumentos que la sostengan. Hay que trabajar cada día para fomentar una construcción estatal con decisión y convicción. Frente a los ataques injustos y llenos de mentiras que el Estado está recibiendo, es preciso un relato de verdad. Hay que responder a los desmanes jurídicos en Cataluña, pero ese es solo un enfoque reactivo; al mismo tiempo debe hacerse un trabajo proactivo de construcción estatal, para que todos comprendamos las razones de peso que existen para querer al Estado. Un Estado que ofrece protección en un mundo convulso (también de los derechos y libertades de los catalanes frente al fanatismo totalitario), y que permite contribuir a unas relaciones internacionales basadas en valores y principios fundamentales.

lunes, 16 de enero de 2017

Marruecos como modelo

El 12 de enero el diario El País publicó mi artículo titulado Marruecos como modelo. El texto del artículo puede ser consultado aquí. El diálogo continuado entre el Rey Mohammed VI y los partidos oficialistas, y los islamistas moderados del PJD de Abdelilá Benkirán es un ejemplo para el Mundo Árabe. Desde España y desde la Union Europea debemos aplaudir y apoyar ese consenso, que beneficia la estabilidad politica y economica de Marruecos. 

Morocco as a political model. English summary


The long-lasting compromise between moderate Islamists and official parties in Morocco is a success story. In October 2016 legislative elections led to a PJD majority in Parliament. King Muhammad VI and Moroccan elites have accepted the outcome and are overseeing negotiations to share Government seats. PJD moderate Islamists, run by Abdelilah Benkirán, are also showing wisdom and judiciousness. Such agreements between political parties should be an inspiration for the Arab world, where lack of understanding between political forces has occasionally led to civil wars. In contrast, Morocco is enjoying political stability and economic growth. Morocco appears as the new model for the Arab world. 

En las elecciones legislativas de octubre pasado ocurrió un fenómeno muy interesante en Marruecos. Los islamistas moderados del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) volvieron a ganar las elecciones con un mejor resultado que en 2011, mientras el Rey Mohammed VI y el Majzén (el poder establecido) aceptaron ese escrutinio, en un ejercicio de moderación de ambas corrientes que es un modelo para el mundo árabe. Desde luego, existen tensiones entre las dos orientaciones políticas, islamistas y oficialistas, que están dificultando la creación de un nuevo Gobierno de coalición desde octubre. Sin embargo, la prudencia sigue presidiendo la vida política en Marruecos, y esto es una magnífica noticia para los marroquíes y para el resto del mundo, necesitado como está de evoluciones políticas positivas.
La experiencia marroquí debe ser vista en perspectiva comparada. Tras las primaveras árabes, algunos países de la región se precipitaron en una dolorosa espiral de guerras civiles, como Libia y Siria. Otros sufrieron fuertes convulsiones porque los actores políticos en discordia no supieron hallar espacios de consenso. Los Hermanos Musulmanes introdujeron reformas radicales en Egipto que provocaron el rechazo de otras fuerzas en liza. Por el contrario, algunos países acertaron a emprender un rumbo de reformas que, a pesar de las enormes dificultades, podrían cimentar la convivencia política. Túnez celebró elecciones en 2014 que llevaron a la victoria del partido modernizador Nidaa Tunes, liderado por el Presidente Essebsi, con los islamistas de Ennahda en la oposición (partido que ha cambiado su nombre a Musulmanes Demócratas), descartado planteamientos radicales. Marruecos introdujo reformas constitucionales en 2011 y, desde entonces, los islamistas moderados del PJD gobiernan en coalición con fuerzas oficialistas. Ambos países están recibiendo una consideración especial por parte de la Unión Europea, en apoyo a sus avances.  
En Marruecos nadie quiere que el tren del diálogo político descarrile. A lo largo de la última legislatura, el Gobierno presidido por Abdelilá Benkirán, líder del PJD, tuvo que guardar un equilibrio entre los ministerios asignados a los islamistas y las carteras conocidas como de soberanía que fueron ejercidas por personalidades más cercanas a palacio. El nuevo Gobierno de coalición que se está negociando se basará en un equilibrio similar. Esta apuesta por el consenso dice mucho en favor de la capacidad política de los dirigentes del país vecino, comenzando por el propio Rey Mohammed VI, que es consciente de la necesidad de reformas, y por el jefe del Gobierno Benkirán. La personalidad de Abdelilá Benkirán es clave en este proceso porque ha sabido hablar el lenguaje de la calle, contactar con las necesidades de una mayoría y criticar a las élites, al mismo tiempo que impulsaba políticas pragmáticas. Salvando las distancias, su hábil papel en la adaptación de la ideología a la realidad recuerda al del primer Felipe González en los años 1980.
Como han observado los profesores Bernabé López García y Miguel Hernando de Larramendi en un estudio publicado por Real Instituto Elcano, la habilidad de Benkirán y sus colaboradores radica en mantener el espíritu islamista y realizar una política económica sensata. A pesar de dirigir el gobierno durante años y tener que tomar algunas medidas impopulares, como la subida de precios de los carburantes, el PJD no sufrió el desgaste del poder, y obtuvo un mejor resultado en octubre (127 escaños) que en las anteriores elecciones. Su énfasis en la lucha contra la corrupción y la racionalización de los métodos de gobierno ha dado réditos electorales.
Estas líneas de acción se complementan con la actitud constructiva de los poderes establecidos, lo que al final produce una estabilidad política que otros países árabes pueden envidiar. Marruecos ha experimentado un crecimiento regular del PIB desde el año 2000, sin sufrir los efectos de la crisis. En 2015, el crecimiento fue del 4,5 %, aunque para 2016 se espera una cifra menor debido a peores cosechas agrícolas.
Sin duda, numerosos problemas persisten en Marruecos: la sociedad exige mejoras en la educación y en las infraestructuras. Son precisos avances en la igualdad, el sistema impositivo y el Estado de derecho. En el plano internacional, la normalización de las relaciones entre los países del Magreb y la resolución de la controversia del Sáhara occidental introducirían una dinámica positiva. Con esas posibles mejoras, estaríamos ante una región emergente, evolución que España y el conjunto de la Unión Europea deberían seguir apoyando como prioridad de política exterior.

martes, 10 de enero de 2017

Patria (de F. Aramburu) y libertad (de Tunku V.)

El País Vasco vivió una crisis política y moral durante mucho tiempo. En el momento presente la sociedad vasca está realizando un ejercicio de reconciliación que es transcendental para todos. Afortunadamente para el País Vasco, para España y para Europa, la erupción del volcán ha dado paso a la calma y a un nuevo entendimiento. Una magnífica descripción de aquellos años de plomo y hostilidad aparece en la novela Patria, de Fernando Aramburu. Antes, este escritor vasco afincado en Alemania había publicado obras estupendas, pero su nueva novela Patria es una obra literaria de primera categoría para la posteridad. Es un relato coral sobre la vida de dos familias de Guipúzcoa que se enfrentan amargamente por el conflicto político. El paisaje es vasco, el lenguaje es vasco, la forma de pensar es vasca, y el lector vive en primera persona la tragedia inevitable de esos personajes tan vascos. La novela es muy recomendable porque permite sentir el fuerte torbellino del volcán en plena erupción, una fuerza de la naturaleza que no responde a la razón. Aramburu, quien mantiene un blog, y ha comenzado a hablar de su propia experienciamerece nuestro aplauso sincero por el enorme trabajo realizado, que le convierte en uno de los grandes escritores de este siglo.

En Cataluña el volcán sigue activo, aunque los observadores atentos detectan menos temperatura. El volcán produce la misma sinrazón, parecida incitación al odio, similares atentados contra las libertades aflorando entre la lava, todo ello alimentado por el fuego sagrado de la nación. Según los soberanistas, la nación catalana (en los términos definidos por ellos) está por encima del derecho, de las leyes pactadas, de la Unión Europea, y también por encima de la libertad de expresión. Un episodio reciente es una buena muestra. El académico y periodista de origen hindú formado en Oxford Tunku Varadarajan escribió en Politico un artículo brillante sobre doce personalidades que pueden provocar problemas a Europa en 2017: Twelve people who will (likely) ruin 2017. Tunku, que ha vivido y trabajado en España, habla un castellano excelente, conoce bien nuestra realidad, y es buen amigo de quien esto firma desde hace años, escribió un comentario provocador y lleno de ironía inteligente, donde advierte sobre figuras como Nicolás Sarkozy, Beppe Grillo y (cosa tremenda) Carles Puigdemont, que pueden traer dificultades a Europa. En el artículo, Tunku observa que Puigdemont sigue insistiendo en la organización de un referéndum ilegal en Cataluña, lo que alteraría el orden jurídico español y europeo, y la convivencia entre catalanes.

Las respuestas de los soberanistas contra Tunku Varadarajan fueron airadas, llenas de insultos, y descalificadoras. ¿Cómo un “cipayo” podía atreverse a opinar? ¿Cómo alguien que se declara seguidor del Real Madrid puede decir algo sobre Cataluña? En un interesante artículo publicado en ABC el 5 de enero, Tunku hace una colección de las críticas más llamativas que le dirigen en Twitter los independentistas por ejercer su libertad de pensamiento y de expresión. “Falangista” y “basura” le llamaron. El problema del pensamiento único, de la violencia verbal, de la cultura de la amenaza y del desprecio al derecho en Cataluña es serio, y nos afecta a todos los europeos. Los ataques a la libertad no deberían tolerarse en nuestras sociedades democráticas, para que cada uno pueda pensar y decir lo que quiera respetando a los demás. Todos los catalanes deberían oponerse a un régimen de pensamiento volcánico, lejos de la razón, que servirá como inspiración literaria en el futuro, pero hoy tristemente actúa contra la convivencia política en paz. 

jueves, 15 de diciembre de 2016

Brexit, Gibraltar, cosoberanía: nunca digas nunca

El Ministro de Gibraltar, Fabian Picardo, se encuentra en una situación muy difícil. Desde el referéndum sobre Brexit está pidiendo una cosa y su contraria: quiere que Gibraltar siga siendo británico y también que sea parte de la Unión Europea, aunque el Reino Unido salga de la UE. Desde hace meses Picardo está haciendo campaña para conseguir lo imposible. Pidió un segundo referéndum para cambiar el resultado del 23 de junio. Reclamó un “soft Brexit” donde puedan negociarse excepciones. En una entrevista reciente, Picardo exige un “acuerdo diferenciado” para poder atender su caso. Incluso, entre sus últimos argumentos, defiende a los diez mil españoles que van cada día a trabajar a Gibraltar. ¿Será que busca votos en España?

La situación de Picardo es en realidad casi desesperada. Porque los resultados del referéndum sobre el Brexit demostraron que Gibraltar no tiene nada que ver con Reino Unido, y que está ligado inevitablemente a España. Los ciudadanos de Gibraltar votaron un 95 % a favor de permanecer en la Unión Europea, una proporción mucho más alta que la de cualquier región del Reino Unido. Una futura salida de la Unión Europea sería muy negativa para los gibraltareños, porque los situaría fuera del marco europeo, y porque España podría aplicar fuertes controles fronterizos y dejar a la roca en el aislamiento.

Tras el Brexit, el Gobierno español ha ofrecido una propuesta de negociación para llegar a una soberanía conjunta (joint sovereignty). Es una propuesta muy atractiva que permitiría a sus habitantes mantener la nacionalidad británica, además de la española, aprovechar todas las ventajas de la Unión Europea y guardar una gran autonomía. Por el momento es solo una idea para discutir con Reino Unido que impulsó el anterior Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, y propuso el Embajador de España ante Naciones Unidas, Román Oyarzun, con ocasión del Comité de Descolonización el 4 de octubre pasado (texto completo, resumenpress summary in English). Se trata de una idea interesante, que el actual Gobierno de España podría desarrollar para intentar un nuevo acuerdo. Con esta propuesta podría ganarse la mente, el corazón, … y el bolsillo de los gibraltareños. Los llanitos deben comprender que el bolsillo no puede llenarse en contra de las normas comunitarias. Su elección ahora no es ser británicos o españoles (pueden ser los dos), sino entre ser corsarios o europeos.

La vía de la independencia para Gibraltar se encuentra cerrada desde hace tiempo, como demostró una vez más la resolución de Naciones Unidas, adoptada este año, que solicita a España y Reino Unido negociar la soberanía teniendo en cuenta el régimen de cosoberanía propuesto. Si comienza la negociación sobre Brexit, como ha asegurado la Primera Ministra británica Theresa May, el futuro de Gibraltar fuera de la Unión será muy incierto. Frente a estas perspectivas, Picardo ha declarado que Gibraltar “nunca será español”. Teniendo en cuenta los grandes cambios que hemos observado en las relaciones internacionales (así como su propia evolución), los asesores de Picardo deberían recomendar nunca decir nunca.