jueves, 17 de mayo de 2018

España en positivo

En breve aparece mi nuevo libro, España en positivo, publicado por la Universidad Complutense. Se trata de un ensayo ameno, que pone de relieve las razones para creer en el proyecto político colectivo de España. Frente a las críticas de los independentistas y de algunas fuerzas políticas que ejercen la auto-flagelación, vivimos en uno de los mejores países del mundo. Es una democracia plena, una economía avanzada con protección social, uno de los países más seguros del mundo con la mejor situación para la mujer, y un Estado plural con gran riqueza cultural. Debemos sentirnos orgullosos de todo lo conseguido en las últimas décadas, y seguir trabajando para hacer un futuro mejor.

El libro contiene los siguientes capítulos:


1. La realidad y el relato independentista catalán
2. La ruptura de España en el contexto internacional
3. Importancia de la Constitución de 1978
4. La construcción nacional en España y en Europa
5. Diez razones para creer en el proyecto político común
6. Un Estado fuerte y plural para actuar en Europa y en el mundo
7. Conclusión: por un patriotismo inclusivo.

Texto de la contraportada:

Este libro ofrece una visión optimista de España en consonancia con la etapa de éxito colectivo que hemos vivido desde la Constitución de 1978, que ahora cumple cuarenta años. En este tiempo, España se ha convertido en una democracia plena, una economía social avanzada y uno de los Estados más descentralizados del mundo. Es miembro activo de la Unión Europea y participa en la globalización. Frente a los ataques injustos de los independentistas, es importante subrayar las ventajas de nuestro proyecto político en común, y proyectarlo hacia el futuro. Debemos concienciar a los jóvenes de la necesidad de un patriotismo constitucional europeo sobre bases democráticas, que asegure la convivencia en paz, y que permita afrontar entre todos los retos del futuro.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Políticos españoles de origen argentino

La inmigración es una riqueza para España (y para la Unión Europea) y debe continuar. Desde el año 2000, nuestro país ha acogido a un número muy elevado de extranjeros que se instalan en el territorio por diversas razones. Vienen de Europa (Alemania, Reino Unido, Rumanía), del norte de Africa (Marruecos), y de diversos países de Iberoamérica. Hasta el punto de que tenemos uno de los porcentajes más altos de población extranjera en la UE. Según datos de Eurostat, salvo Alemania, que llega al 10% de su población, España es el siguiente de los grandes que acoge más extranjeros (un 9% de la población son extranjeros en la actualidad), más que Reino Unido, Italia o Francia.

Muchos de estos terminan adquiriendo la nacionalidad española. Como es sabido, nuestra Constitución (art. 11) y las leyes favorecen la adquisición de la nacionalidad a los ciudadanos de países Iberoamericanos. De manera que en España viven muchos extranjeros nacidos fuera (algo más de 4 millones), y muchos españoles nacidos en el extranjero (unos 2 millones), de un total de 46,5 millones según datos del InstitutoNacional de Estadística. Este fenómeno seguirá ocurriendo en el futuro debido a la escasa natalidad, una de las más bajas del mundo.

Los sociólogos estudian diversos aspectos, como la distribución de la población inmigrante en el territorio, sus áreas de trabajo, o los países de origen. Una cosa llamativa con respecto a los nuevos ciudadanos españoles nacidos fuera de España es la concentración de españoles nacidos en Argentina en los partidos políticos de extrema izquierda y separatistas, sobre todo en Cataluña. Los casos de Lucía Caram, Pablo Echenique, Alberto-Dante Fachin y Gerardo Pisarello vienen a la mente.

Efectivamente, esta concentración es muy notable porque, desde un punto de vista estadístico, el origen argentino no es el más numeroso entre los nacionales españoles nacidos fuera ni entre los extranjeros viviendo en España. En la tabla siguiente se incluyen los orígenes en países de América Latina de ambos grupos de población (no se incluyen otros países, ya que, entre los extranjeros en España, curiosamente, los primeros vienen de Rumanía, Marruecos, Reino Unido, Italia y China, antes que el primero de América, Ecuador).


Esta constatación estadística demuestra que los españoles nacidos en Argentina tienen un éxito remarcable en la política y también muestra su clara inclinación hacia la extrema izquierda y el independentismo. La escritora Patricia Gabancho, ella misma de origen argentino, dijo en este artículo de El País de 2015: "Ha habido un exilio político, vivido por generaciones politizadas y radicales, de izquierdas". El problema de este exilio radicalizado en su origen es que, con una gran capacidad de ascenso social y una formidable elocuencia, muchos de esos políticos utilizan enfoques propios de otras sociedades o de otros momentos históricos y los aplican a la España actual. A veces se inspiran en los movimientos radicales de América Latina, y otras veces hacen una mezcla de esas raíces con ideas revolucionarias de otro tiempo, difícilmente trasladables al contexto europeo de hoy. Como ejemplo, la admiración declarada de Pisarello (que aparece en la foto al inicio) por Robespierre y la revolución francesa, lo que se aprecia en esta entrevista, se encuentra a años luz de las necesidades políticas de Cataluña, de España y de la Unión Europea. Estas personas aportan su indudable talento politico y su radicalismo, pero importan ideas inadecuadas o trasnochadas para Europa.

miércoles, 10 de enero de 2018

Cataluña dividida y Tabarnia


En las elecciones del 21D, una mayoría de votos fue contraria al procés, mientras que los indepes consiguieron una mayoría de escaños en el Parlament. ¡Vaya contradicción! Los votos del 21D pueden contarse así (las cifras se dan en miles de votos). Ciudadanos 1.109 + PSC 606 + Comunes 326 + PP 185 = 2.226. Frente a los favorables al procés, Junts per Catalunya 948 + ERC 935 + CUP 195 = 2.078. Los Comunes estaban a favor del referéndum pero en contra de la separación. 

Se cuenten como se cuenten los votos, el resultado es una sociedad profundamente dividida. Dos millones para un lado, dos millones para otro. Esta división ha sido reconocida por muchos en el campo separatista después del 21D. Y la persistencia de la misma división y la victoria de Ciudadanos han llevado a los no independentistas a ser mas fuertes, y a crear la idea original e imaginativa de Tabarnia.

Los indepes han tenido que aceptar la realidad. Cuando anunció su renuncia a presidir el PDeCat, Artur Mas dijo una frase crucial. Afirmó que las elecciones del 21D habían dado la victoria en escaños a los independentistas, por lo que podían "mantener" el objetivo de la independencia; pero, Artur Mas añadió, no haber pasado del 50% de los votos "obliga a comprender que no podemos acelerar la independencia en el corto plazo". En catalán: "no haver passat del 50% dels sufragis ens obliga a entendre que no podem accelerar la implementació de la independència a curt termini" (cita de Diari Ara).

Esto sitúa a Mas lejos de otros adalides del procés, como Puigdemont, que desde Bruselas quiere seguir adelante contra el rechazo de la mitad de los catalanes. El reconocimiento de la división profunda de la sociedad también está afectando a ERC, que se muestra más sensata que JxC y Puigdemont. Los líderes de ERC se han dado cuenta que no puede adoptarse una decisión tan extrema como la independencia contra la mitad de los catalanes, y han comprendido que la huida de empresas y la negativa de la Unión Europea son otros obstáculos que no se pueden obviar. 

Los esfuerzos sistemáticos y planificados de los indepes apoyados desde la Generalitat y los ayuntamientos, las subvenciones, el uso político interesado de la educación y la cultura, los ataques injustos a la convivencia en Cataluña y en España, el abuso de la televisión y la radio públicas, la propaganda machacona para lavar los cerebros, todo ello sin respuesta desde Madrid (sobre todo por pasividad del Gobierno central), tales esfuerzos no han podido romper el techo de cristal del 50%.

En favor de Artur Mas hay que decir que, en 2012, él mismo predijo que era precisa una "mayoría indestructible" para conseguir la independencia. Y hasta hoy no se ha conseguido esa mayoría. Aquí reproduzco la noticia de la intervención de Artur Mas en septiembre de 2012 que reclamaba esa "mayoría indestructible", y que merece la pena leer de nuevo.

DIARIO DE MALLORCA, 29 septiembre 2012

EFE/CERDANYOLA DEL VALLÈS El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha afirmado hoy que sólo convocará una consulta de autodeterminación cuando exista una mayoría soberanista "indestructible" que permita garantizar una victoria holgada en las urnas…. Mas ha pronunciado probablemente su discurso más abiertamente independentista desde que asumió las riendas del partido.

Pese a evitar en todo momento los conceptos de "Estado propio" o "independencia", Mas ha focalizado su intervención en reclamar a la sociedad catalana un "cierre de filas" en torno a él en las elecciones del 25 de noviembre, no para poder "perpetuarse" en el poder sino para poder culminar el proceso que debe llevar a Cataluña a la "soberanía" plena.

"Si Cataluña lo quiere, lo tendrá. Depende básicamente de que lo queramos y de cómo hacemos las cosas", ha proclamado Mas, que sin embargo ha tratado de disuadir a quienes piensan que un referéndum de autodeterminación podría convocarse ahora mismo.

"No vale perder por un 49%, ni tan sólo ganar por un 51%. Hay que ser rotundo. Esto lo tiene que querer un grueso significativo de la sociedad catalana. Si esto se retrasa un año, no pasa absolutamente nada, porque el objetivo es suficientemente importante como para ahora preocuparnos por un año más o menos. Cuanto más rápido, mejor. Pero la condición básica es que haya una mayoría social muy grande", ha sentenciado.


El reconocimiento de la división de la sociedad y de los errores del procés ha estado acompañado en los últimos meses de una actitud mas asertiva por parte de los catalanes no independentistas, liderados por Ciudadanos y por movimientos como Sociedad Civil Catalana. Las manifestaciones de octubre, la firmeza del Estado y la victoria de Ines Arrimadas el 21D han dado alas a esta mitad de la población catalana. Con esa nueva actitud, el lanzamiento del proyecto de Tabarnia ha sido un éxito. Esta idea pone de relieve las debilidades del pensamiento separatista de una manera muy gráfica. El discurso de Albert Boadella como "presidente" de Tabarnia ha hecho más contra el delirio indepe que miles de argumentos, libros y artículos en los últimos años.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Tres líneas de investigación


Se acerca el fin de 2017 y este es un buen pretexto para mirar atrás y hacer balance de las obras que he publicado en los últimos años. En 2007 apareció en el IES de París Building the future. The EU’s contribution to global governance. Entonces, los Chaillot Papers cumplían su número 100, y el Instituto de la Unión Europea quiso resaltar aquella ocasión con un tema importante, la participación de la UE en la gobernanza global. La Estrategia Europea de Seguridad de 2003 (también conocida como Estrategia Solana, que puede leerse aquí con su informe de aplicación) había definido tres objetivos internacionales de la Unión: la lucha contra las amenazas, la estabilización del vecindario europeo y la institución de un multilateralismo eficaz. Años después, mi trabajo de 2007 sugería que la Unión Europea debía ser ambiciosa e implicarse más en los problemas del mundo. Se proponían las siguientes conclusiones: 
- Cambiar la idea del multilateralismo eficaz por la de gobernanza global.
- Reforzar la gobernanza global para la defensa de la democracia, los derechos humanos, el imperio del derecho y el medio ambiente.
- Prestar más atención al desarrollo de África subsahariana.
- Trabajar para la construcción regional en Oriente Medio.
- Dar más medios a la Unión Europea para su política exterior y para el mantenimiento de la paz.
La nueva Estrategia Global de la Unión Europea de junio de 2016 avanza hacia objetivos ambiciosos pero todavía queda mucho por hacer. 

Además de este libro corto en inglés de 2007 y algunos artículos sobre la acción exterior de la Unión Europea y su papel en el mundo, en los últimos diez años he investigado y publicado sobre tres grandes líneas de trabajo. En primer lugar, el Derecho Global. En 2009 publiqué una introducción para estudiantes, y en 2012 un verdadero manual más extenso de 380 páginas. Este manual encontró su versión definitiva en la edición de 2014 Derecho Global. Derecho Internacional Público en la era global, reimpresa en 2017. Ofrecer una panorámica completa del Derecho Internacional en el momento presente fue un verdadero reto, pero también fue una experiencia fascinante y los estudiantes han apreciado el esfuerzo de síntesis. En mis libros se pone el acento en la nueva etapa global desde 1990, que ha permitido la construcción de un sistema normativo basado en una verdadera Constitución global que contiene los grandes principios. Como es obvio, es una Constitución incipiente y en sentido material. No se contiene en un texto solemne, sino que aparece en diversos documentos, como la Declaración del Milenio del año 2000, y otros textos de Naciones Unidas, del Consejo de Seguridad o del G-20.

El segundo campo de trabajo ha sido la filosofía de las Relaciones Internacionales. Esta disciplina se encuentra poco desarrollada en lengua española, aunque contamos con una visión propia de los problemas del mundo y muy buenos profesores. Quizás un exceso de timidez o un exceso de trabajo docente y de investigación minuciosa hacen que no haya muchas visiones generales de la materia de Relaciones Internacionales. En mis trabajos no he intentado (todavía) esa tarea, sino que he querido hacer una reflexión sobre el fundamento en que se basan las relaciones globales hoy. El libro Cosmocracia. Política global en el siglo XXI (2006) ponía el acento en el progreso en las relaciones internacionales, debido a la razón y a fuerzas de humanización, que se observa al mirar los asuntos globales en el largo plazo. En 2014 apareció el ensayo Para comprender el mundo, que utiliza las enseñanzas de las ciencias experimentales y de las ciencias humanas. Este libro afirma que los grandes problemas de nuestro mundo provienen de los instintos humanos, por lo que es preciso hacer avanzar los sistemas de regulación y control de los instintos, como la cultura, la educación y el derecho.


La tercera línea de trabajo consiste en definir qué significa ser español en el mundo actual. Los intentos anteriores son antiguos (Ortega y Gasset, Madariaga, Américo Castro, etc.) y no tienen en cuenta el contexto europeo y global que vivimos, ni están orientados hacia el futuro. En 2014 apareció en El País mi artículo Nacionalismo postmoderno, y en enero de 2016 el trabajo España, nación global en Política Exterior número 169. En septiembre de 2016 se publicó Ser español en el siglo XXI (segunda edición), que contiende dos partes. La primera hace un repaso de los nacionalismos español y catalán. En la segunda, se apunta que ser español hoy consiste en compartir una cultura global, compartir principios y valores democráticos, y compartir una plataforma para actuar en el mundo. Las identidades múltiples de los españoles en un Estado abierto y plural permiten mantener las más diversas ideologías y actitudes ante la vida dentro de un proyecto político común avanzado que se enmarca en la Unión Europea.

En el futuro inmediato, tendré que decidir si empleo mi esfuerzo investigador en el Derecho Global, las Relaciones Internacionales o, de nuevo, hacia el proyecto político común de España.  

viernes, 10 de noviembre de 2017

La amenaza climática

La gran amenaza del futuro es la destrucción irreparable de nuestro medio ambiente. Vamos a decirlo de nuevo. La amenaza más grave para la humanidad es el cambio climático y el deterioro de la vida en el planeta. Esta afirmación debe combinarse con otra igualmente tajante: no vamos a reaccionar. Estamos condenados a sufrir el golpe tremendo de ese desastre.

La Conferencia de Bonn que está teniendo lugar estos días, llamada COP23, intenta desarrollar el Acuerdo de Paris de la COP21 de 2015 (este artículo de Lara Lázaro-Touza) y adoptar otras medidas, pero no tendrá un impacto para detener el cambio climático.

  
Para entender la gravedad del momento, puede usarse la siguiente comparación de dos principios del Derecho Internacional: el principio que prohíbe la guerra y el principio que protege el medio ambiente.

El principio que prohíbe la guerra tuvo su origen tras la Primera Guerra Mundial, pero fue necesaria la Segunda Guerra Mundial para llegar a la prohibición formal en la Carta de Naciones Unidas. Después fue precisa una Guerra Fría, la carrera nuclear y la caída del comunismo para llegar a una prohibición real, que hoy permite la actuación del Consejo de Seguridad.


Pues bien, el principio de protección del medio ambiente está solo en sus comienzos. Nació en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992 y se consagró en la Declaración del Milenio del año 2000. Es, por tanto, una idea muy reciente que no ha tenido desarrollo normativo real. Este desarrollo se produce tras choques insoportables, desgraciadamente. La prohibición de la guerra se hizo realidad tras la Segunda Guerra Mundial y tras la Guerra Fría. La protección del medio ambiente todavía no ha vivido su shock. Al hablar ahora de este principio, es como si estuviésemos hablando del principio de prohibición de la guerra antes de la Segunda Guerra Mundial. Si estuviésemos en 1930, por ejemplo, diríamos: “existen algunos elementos para prevenir la guerra, pero son insuficientes, porque se nos viene encima un enorme conflicto armado”. Esto ocurre con el medio ambiente: el gran desastre está por venir.


El principio de protección del medio ambiente está en mantillas y no va a poder evitar la catástrofe que nos aguarda. Solo después de este desastre la comunidad internacional reaccionará e introducirá normas para paliar la destrucción. El problema es que entonces será demasiado tarde.


Los instrumentos que tenemos para luchar contra el cambio climático y el deterioro de la vida son escasos. El Protocolo de Kyoto adoptado en 1997 establecía objetivos para algunos Estados, que no se cumplieron. La Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992 se reúne cada año en las Conferencias de las Partes (COP). En la COP15 de Copenhague Estados Unidos y China aceptaron entrar en la discusión. La COP21 de Paris anunció a bombo y platillo un objetivo genérico para que la temperatura global no sobrepasara los dos grados centígrados, cosa que es ya inevitable y mucho antes de lo que se cree. La emisión de gases de efecto invernadero continúa aumentando. La COP23 de estos días en Bonn estará bien preparada por Alemania, y será una ocasión para aumentar la conciencia del problema. Sin embargo, muy probablemente no podrán adoptarse normas concretas, y seguiremos hablando de objetivos a largo plazo, hacia 2030, 2040, 2050…


El problema es muy sencillo. Detener el cambio climático se opone a nuestro modo de vida. Nuestro bienestar se basa sobre el cambio climático, y también el bienestar que están consiguiendo los países emergentes. Todos los países del norte y del sur, de todos los continentes, quieren crecer más y consumir más. Y eso acentúa el cambio climático. Para detener este fenómeno, habría que cambiar el modo de vida actual. Algunos científicos optimistas hablan de fuentes de recursos inagotables en el futuro, o de atrapar el CO2. Muchos economistas, de manera más realista, apuntan que podríamos incorporar ya la sostenibilidad en nuestras sociedades: la economía sostenible y las medidas de ahorro son efectivamente una buena inversión, y los países que comiencen antes ganarán la carrera. Potenciar la energía renovable como la eólica (este artículo de Teresa Ribera et al.), prohibir el transporte de combustión en las ciudades, aislar los edificios, regular el uso de plásticos y el reciclaje, como están haciendo los países desarrollados, es lo correcto. Ahora bien, estas medidas son meramente paliativas. Resultan demasiado tímidas y no llegarán a tiempo para evitar la degradación imparable del medio ambiente global.


Tras el choque climático y medioambiental que se vislumbra en el horizonte, los Estados irán a la mesa de negociaciones con una renovada urgencia. Los ciudadanos, ahogados en olas de calor o en subidas del mar, lo exigirán. Pero los científicos nos dicen que los daños serán ya irreparables. Y entonces se verá que, además de utilizar mecanismos económicos, políticos y jurídicos, será imprescindible contar con la cultura, el pensamiento y la religión. Cambiar de modo de vida en el plano global requerirá medidas políticas, jurídicas, económicas y también un nuevo enfoque humano y espiritual. Pero esta exploración del futuro pertenece ya a otro capítulo.


jueves, 26 de octubre de 2017

El discurso del Rey

El discurso del Rey Felipe VI del 3 de octubre pasado (video completo aquí) fue un momento esencial que permitió encauzar la crisis en Cataluña. El Rey mostró liderazgo de Estado, afianzó nuestro proyecto político común y, al mismo tiempo, la paz en Europa. Los historiadores del futuro sabrán apreciar el importante papel que jugó su expresión de confianza en nuestra democracia, y en los principios y valores sobre los que se asienta la integración europea. Días después, en los Premios Princesa de Asturias, el Rey hizo otra remarcable intervención en la que también habló de las razones para seguir creyendo en España como una democracia europea, avanzada y plural, que puede consultarse aquí.

El periódico El País publicó en su web este artículo titulado Seis minutos que cambiaron la Historia, donde se explica el valor del discurso del Rey. 

Martín Ortega Carcelén
El País, 13 octubre 2017

El mensaje del Rey en la noche del 3 de octubre dejó a muchos con el estómago encogido. Había sido un día complicado en Barcelona. Los hechos arrojaban gran incertidumbre sobre las horas y días sucesivos. Y había miedo. Un miedo cerval asociado a fantasmas del pasado.

Las palabras del Rey fueron duras, pero fueron también un baño de realidad. Un fogonazo que despertó a todos del sopor del debate en bucle. Felipe VI puso el foco en la cuestión esencial. El Govern, dijo, que no representa más que a una parte de la sociedad catalana, debía saber que si quiere llegar hasta el final, el Estado llegaría hasta el final. En un minuto, todo lo conseguido desde la Transición se puso a temblar. Se acabaron los juegos retóricos, y entramos de lleno en los grandes momentos de la Historia.

Presentar el dilema en términos tan crudos tuvo la virtud de hacernos ver la barbaridad colectiva a la que nos enfrentábamos. Deshacer España no era tan fácil como sugerían los métodos festivos y las sonrisas. La economía se vendría abajo. Una posible declaración unilateral de independencia planteaba problemas económicos y sociales insolubles, y abría la vía a otras. Ante esa perspectiva, las imágenes borrosas de nuestra guerra fratricida se mezclaban con las de la antigua Yugoslavia, y producían pavor. No solo España se ponía en tela de juicio sino el conjunto de Europa.

Frente a la gravedad del momento, los líderes independentistas habían mostrado irresponsabilidad. El Govern, como un aprendiz de brujo, había despreciado las enormes dificultades de un plan más propio del siglo XIX que del siglo XXI. Con su procés, en realidad desbarataba el otro proceso, el de verdad, la integración europea, que opera desde el fin de la Segunda Guerra Mundial para permitir la convivencia en la diversidad y eliminar las fronteras. Con una ingenuidad pasmosa, Puigdemot dijo el 10 de octubre en el Parlament: "No tenemos nada contra España”. Nada, salvo que vamos a amputarle un brazo.

El Rey no habló de Europa, tampoco habló del proyecto común de España, que lógicamente corresponde al debate político. Más bien se situó en un plano anterior, el de la paz, que resulta absolutamente necesaria para todo lo demás. Los logros de la democracia y de la convivencia plural eran transcendentales porque han situado a España en la Europa contemporánea, una Europa que por fin ha superado 500 años de guerras intestinas. Al garantizar esos logros en España, se garantizaba también la estabilidad y la paz de Europa.

El discurso del Jefe del Estado tuvo la virtud de restablecer la confianza en los valores europeos. El Rey actuó plenamente dentro de sus funciones constitucionales previstas en los artículos 56 y 62 de la Constitución. Pero no era fácil lo que hizo en el momento que lo hizo. Porque la aplicación de estos artículos no es un ejercicio de matemáticas. En aquellos seis minutos mostró liderazgo de Estado, afianzó nuestro proyecto político común y, por ende, la paz en Europa.

Sobre la base de la solidez de ese proyecto abierto y plural, se produjeron los acontecimientos posteriores. Las masivas manifestaciones del 8 de octubre demostraron que el proyecto sigue vivo, y que las opciones unilaterales conducen al fracaso. Los poderes económicos respaldaron también el enfoque integrador.

En aquellas manifestaciones se habló de recuperar el seny, y esto es particularmente necesario porque el discurso independentista fue muy injusto con todo lo conseguido en las últimas décadas. El mundo entero admira lo que hemos logrado en los planos político, económico, social, cultural e internacional y resulta que las mentiras repetidas para criticarlo han calado en una parte de nuestros conciudadanos. Además de relanzar nuestro proyecto político común, la convivencia debe basarse sobre un relato positivo de la España democrática y plural.

Los seis minutos del discurso del Rey marcaron un punto de inflexión. Al mirar atrás, los historiadores del futuro probablemente reconocerán en este mensaje el inicio de una nueva época de mayor confianza en nuestra democracia. El éxito colectivo de España necesita un sentido de Estado sin complejos como existe en otros países democráticos.

lunes, 16 de octubre de 2017

El reconocimiento de Cataluña


A los independentistas les explicamos bien clarito los problemas que iban a tener. Pero ellos no quisieron escuchar. Aquí dejo algunas de mis contribuciones sobre Cataluña en el diario El País, que años atrás hablaban sobre el futuro. Y acertaron! 

Elegir una vía unilateral hacia la independencia fue un enorme error. Desde el Derecho Internacional se adivinaban grandes obstáculos, que fueron despreciados por los impulsores del procés con gran arrogancia. El derecho a la autodeterminación era inexistente, no iban a tener reconocimiento internacional, la Unión Europea no iba a aceptarles, las consecuencias económicas iban a ser catastróficas, y la sucesión de Estados era un escollo insalvable. Algunos fragmentos seleccionados y los vínculos a los artículos en la web de El País:

Quijotes catalanes, 30 octubre 2015 

La “desconexión democrática, masiva, sostenida y pacífica con el Estado español” que quieren los independentistas introduce cuatro epítetos para dulcificar la idea de desconexión. Falta el adjetivo unilateral. Este método de separación a una banda es quijotesco y conduce al desastre, con el caballero por los suelos y graves daños en los aposentos, porque cualquiera que conozca la práctica internacional reciente sabe que las secesiones unilaterales provocan problemas insolubles referidos a multitud de cuestiones como la administración, el orden público, el territorio, las finanzas, la nacionalidad, las cuentas y los bienes públicos. Años de disputas y rencor. Pero los soberanistas ignoran los riesgos comprobados. Un rasgo muy estudiado del Quijote es su construcción paralela de la realidad. De tanto leer libros de caballerías creyó que el mundo era como él quería que fuese y no como era en verdad.

Cataluña, gato por liebre, 6 agosto 2015

Una posible mayoría absoluta en el Parlamento catalán convertida en asamblea constituyente sería un símbolo perfecto del pensamiento único que cultivan los que apoyan la independencia unilateral. La idea viola la noción de Estado de derecho defendida por el Tratado de la Unión Europea, la Constitución española y también el propio Estatut.

La experiencia internacional demuestra que hay una enorme diferencia entre los procesos independentistas que se hacen con el acuerdo de todas las partes, y aquellos en los que hay ruptura. Los soberanistas ponen como modelo a Escocia y Montenegro, pero no están dispuestos a seguir esos ejemplos. 

Los partidarios de la declaración unilateral prescinden del Estado y de cualquier marco jurídico, y esta actitud arrojaría el caso catalán a otra categoría: la que plantea un conflicto abierto de consecuencias imprevisibles. Nos vamos de Escocia a Kosovo. En Cataluña existen algunos partidarios de la ruptura de la legalidad, espíritus románticos que aceptan el ‘cuanto peor, mejor’. Es comprensible que haya posturas inconscientes de este tipo, pero es más difícil entender que votantes tradicionales de Convergència quieran apartarse de la política como práctica de diálogo para buscar soluciones, y se vean secuestrados por planteamientos que parecían superados en Europa.

El derecho a decidir no existe, 16 octubre 2014

La ruptura unilateral solo podría hacerse a un coste muy alto, esto es, la desmembración de España. En su reciente comparecencia ante el Parlamento catalán, Jordi Pujol afirmó que había dedicado su vida a la construcción nacional de Cataluña. ¿Nunca cayó en la cuenta de que esa empresa solo puede hacerse con la simultánea destrucción nacional de España?

A veces se presenta la corriente soberanista como un activismo pacífico y festivo, cuando en realidad muchos otros lo perciben como un separatismo que les produce pena y rechazo. Desde el punto de vista del Estado, Cataluña es un órgano vital para el conjunto de España, y las interacciones con otros órganos vitales han sido muy intensas, lo que hace la separación un asunto existencial. Los catalanes que persiguen ciegamente ese sueño no han comprendido que su hipotética independencia, quizás seguida por la de otras partes de España, supondría una verdadera conmoción tras una etapa reciente llena de intercambios profundos y de convivencia fructífera en un proyecto común.

Nacionalismo postmoderno, 3 febrero 2014

El nuevo proyecto nacional español es moderno, inclusivo, orientado al futuro y con una proyección global. Y sobre todo dinámico y mejorable, porque deben seguir afrontándose problemas persistentes, desde la corrupción a las lagunas en la educación, pasando por el diseño de una economía más sostenible y también la articulación del poder territorial, lo que podría dar lugar a una reforma pactada de la Constitución. Un aspecto muy relevante del nuevo nacionalismo español es su carácter abierto y plural. Se trata de un nacionalismo que puede llamarse postmoderno e integrador, porque está hecho de contribuciones desde las más diversas culturas y nacionalidades de España. Permite a los nacionalistas canarios, catalanes, gallegos, vascos, o de cualquier otro origen, sentirse orgullosos de su lengua y cultura, y al mismo tiempo, cultivar una identidad múltiple como españoles y europeos.

En cambio, el proyecto independentista catalán en su versión más retrógrada es excluyente, porque no solo rechaza su participación en España, sino que también asume que puede quedar fuera de la Unión Europea. Según un enfoque de identidad múltiple, alguien puede sentirse catalán, español, europeo y ciudadano del mundo al mismo tiempo, mientras que el soberanismo catalán insiste en una identidad única, que renuncia a ser español y también, llegado el caso, al marco europeo.

El unilateralismo lleva a errores de bulto. La previsión de los radicales catalanes en torno a las buenas relaciones futuras con el resto de España después de una separación forzosa es, obviamente, ilusoria. Su vaticinio de que Europa terminará aceptando la independencia conseguida sin acuerdo previo con España, mal informado.

El reconocimiento de Cataluña, 23 noviembre 2012

Tal reconocimiento es impresicindible porque únicamente la entidad con una aceptación suficiente podrá participar en relaciones multilaterales, y acceder a organizaciones como la UE, Naciones Unidas, la OMC o el Consejo de Europa.

Artur Mas favorece la vía unilateral y debería plantearse los escenarios de futuro que abre esa exclusión del consenso en España. ¿Qué estados europeos reconocerían una independencia definida unilateralmente? ¿Cabe pensar en una situación de división en el seno de la UE como sucede con Kosovo? Fuera de Europa, ¿en qué países del mundo se apoyaría el movimiento independentista para buscar los primeros reconocimientos? ¿Se ha planeado qué hacer si no se obtienen los reconocimientos suficientes para entrar en la UE y en la ONU? ¿Qué futuro espera a los ciudadanos de esa Cataluña independiente al margen de las instituciones internacionales?

El espectro de los Balcanes, 8 febrero 2006

En el plano interno, la principal lección es que el sueño de la independencia produce monstruos. Las fuerzas políticas minoritarias que imaginan la fragmentación de España, y que prefieren citar ejemplos como Eslovenia o la antigua Checoslovaquia en lugar de precedentes más cruentos, harían bien en comparar seriamente esos casos con la realidad española. La larga existencia del Estado, la solidez de un régimen democrático de libertades y la realidad social hacen imposibles tales quimeras. Esas fuerzas también deberían comprender que el sentido de la integración europea no es arropar reivindicaciones nacionalistas, sino precisamente superar el nacionalismo rancio, de cualquier pedigrí, que sueña con establecer compartimentos políticos estancos.