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lunes, 1 de enero de 2024

Paz en el Año Nuevo

 


En el día de Año Nuevo, expreso mis mejores deseos de paz y amor verdadero para todos. En Navidad celebramos el nacimiento de Jesús y la renovación de la vida. Para los cristianos, Jesús representa el triunfo del amor y de la esperanza sobre la muerte y el mal. En el día de Año Nuevo, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz. 

El mensaje clave de Jesús fue el amor al prójimo, que practicó hacia los pobres, enfermos y marginados de su sociedad. En una primera lectura, puede parecer que el mensaje de amor al prójimo en los Evangelios no tiene antecedentes. Sin embargo, los sentimientos de justicia y de amor al prójimo están muy presentes en los profetas del Antiguo Testamento. El libro de Isaías afirma:

Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos… Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía. (Isaías 58, 6-11)

El libro de Isaías está compuesto por tres partes históricamente distintas y de diversos autores. El Tercer Isaías (capítulos 56-66), fue escrito en torno al año 530 a.C. El Primer Isaías (caps. 1-39), datado en el siglo VIII a.C., también enfatizó esa dimensión ética del amor a los demás.

No me traigáis más inútiles ofrendas -dice el Señor-, son para mí como incienso execrable… Cuando extendéis las manos me cubro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien. Buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano. (Isaías 1, 13-17)

Tales exigencias tienen valor en nuestro mundo como principios para orientar la convivencia, la política, el derecho y las relaciones internacionales. Tras investigar mucho tiempo en Derecho Internacional, mis ensayos recientes amplían el foco y se refieren a la necesidad de introducir la ética en las relaciones globales para afrontar problemas como la guerra. El deterioro imparable del medio ambiente no cesa por muchas conferencias internacionales que se hagan, por lo que es preciso pensar en un enfoque global, compatible con la ciencia y las religiones tradicionales, como he mantenido en este artículo sobre la Creación y la destrucción: https://ethic.es/2021/03/creacion-o-destruccion-como-destino/. Los horrores de la guerra no se detienen con el Derecho Internacional, por lo que es preciso trabajar en otros campos, como indico en este artículo: https://www.elnotario.es/opinion/opinion/12478-los-horrores-de-la-guerra-y-la-lucha-por-el-derecho-internacional. 

El comienzo del nuevo año es buen momento para recordar las palabras de los antiguos profetas, valientes defensores de principios de humanidad ante los poderosos de su tiempo. También los mensajes coincidentes de los primeros cristianos, que siguen reclamando amor a los demás, justicia y paz en nuestro mundo, más de dos milenios después. Disfrutamos de progresos tecnológicos, pero seguimos sin atender a cuestiones humanas fundamentales. Seguimos contemplando en silencio guerras que provocan sufrimientos indecibles. Todos participamos en un modo de vida acelerado que está destruyendo la naturaleza de forma irremediable. Hay muchos intereses cortoplacistas, mucho egoísmo, muchos líderes internacionales dispuestos a ejercer la violencia, muchas personas de buena voluntad que no se atreven a hablar, muchos periodistas que defienden lo indefendible, pero: ¿Dónde están hoy los profetas del amor que reclaman hacer un mundo mejor?


lunes, 18 de noviembre de 2019

Filosofía de las relaciones globales PDF

Tras meses de trabajo, aquí presento la versión definitiva de mi último libro Filosofía de las relaciones globales. El libro se publica en papel, pero durante un tiempo, y a modo de presentación, estará disponible en PDF en el servidor de Eprints Complutense. Estaré encantado de recibir comentarios, sugerencias y críticas sobre el texto.

El ensayo utiliza un enfoque multidisciplinar y emplea las ciencias naturales, sociales y humanas. No es una teoría de las relaciones internacionales al uso, sino una filosofía, y su objeto de estudio no son las relaciones entre los Estados, sino la misma existencia humana en el momento actual. Los problemas que la humanidad y el planeta tienen planteados son muy graves, y es preciso un enfoque amplio para hacer un análisis completo de tales problemas y sugerir posibles soluciones.


Martín Ortega Carcelén
Filosofía de las relaciones globales
Madrid, 2019      ISBN 978-84-09-16141-6

 Aquí tienen disponible el texto en PDF:

[NB.- Versión revisada del PDF, fechada 18 noviembre 2019 en la página del Copyright, sustituye a versiones anteriores del PDF antes de revisión.]

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Filosofía de las relaciones globales


Este ensayo examina los problemas que tiene hoy planteados la humanidad. El libro ofrece una nueva perspectiva de las relaciones internacionales, con un enfoque multidisciplinar que utiliza las ciencias naturales y sociales. 

Martín Ortega Carcelén
Filosofía de las relaciones globales
Madrid, 2019     

ISBN 978-84-09-16141-6

El libro se articula en torno a una serie de preguntas filosóficas. Esta lista da una idea de los temas abordados.    

o   ¿De dónde venimos los humanos?
o   ¿Qué significa la existencia divina?
o   ¿Cómo acercan a la verdad la ciencia y la razón?
o   ¿Existe el progreso de la vida?
o   ¿Adónde se encamina la humanidad?
o   ¿Qué significa ser animales racionales?
o   ¿Qué importancia tienen los instintos en la sociedad?
o   ¿Cómo se extrapolan los instintos humanos?
o   ¿Cómo se controlan los instintos?
o   ¿Continuaremos los humanos la Creación o avanzaremos hacia la destrucción?
o   ¿Vamos hacia un mundo más racional?
o   ¿Existe una civilización global?
o   ¿Cómo se elabora la regulación social?
o   ¿Cómo se forma el derecho en los Estados?
o   ¿Cómo se organizan la gobernanza global y el Derecho Internacional?
o   ¿Es posible hacer un mundo más pacífico?
o   ¿Por qué deben regularse las finanzas internacionales?
o   ¿Por qué el deterioro del medio ambiente lleva a la destrucción?
o   ¿Qué papel tiene el consumismo en nuestras vidas?
o   ¿Cuáles son hoy las grandes amenazas globales?
o   ¿Seremos capaces de evitarlas o estamos condenados a grandes crisis y shocks?
o   ¿Cuál es el destino de la humanidad y del planeta?
o   ¿Qué debemos hacer en las circunstancias actuales?
o   ¿Existe una responsabilidad de actuar para favorecer la Creación y evitar la destrucción?
o   ¿Cuáles son las consecuencias de esa responsabilidad para nuestra vida personal, política y social?

miércoles, 30 de octubre de 2019

Entramos en zona de peligro

Estamos viviendo una etapa peligrosa de las relaciones internacionales. Los aspectos más visibles son el descontento político que se ve en muchos países, la crisis económica que anuncian los expertos, y las amenazas globales que aumentan, como los efectos del cambio climático.

Sin embargo, además de estas manifestaciones más inmediatas, existen otros riesgos asociados a la falta de consenso político entre las grandes potencias. En la década de 1990 comenzó a crearse un nuevo sistema de gobernanza global tras la Guerra Fría, que después se reforzó debido a la crisis de 2008. En el momento actual, el impulso para reforzar la gobernanza se ha perdido. Estamos en una etapa de fragmentación y disgregación global y esto significa que estamos peor preparados para afrontar los peligros.

A comienzos de este mes, la web de Esglobal, con quienes tengo el honor de colaborar, publicó esta reflexión: Entramos en zona de peligro. Aquí reproduzco el contenido.


Los análisis de la actualidad no terminan de captar la gravedad de la situación porque miran al corto plazo. Para comprender lo que está ocurriendo en la política global es preciso volver la vista a la historia desde el fin de la Guerra Fría. El 10 de noviembre (fecha señalada para elecciones generales en nuestros calendarios) se cumplen treinta años de la caída del Muro de Berlín en 1989. En este corto espacio de tiempo hemos vivido cuatro etapas bien diferenciadas. Las tres primeras persiguieron objetivos colectivos, mientras que la etapa actual se caracteriza por la fragmentación. Recordar la evolución desde el fin de la Guerra Fría ayuda a comprender que, muy probablemente, estamos viviendo el fracaso de la construcción del orden global comenzado en 1990. Las cuatro etapas pueden definirse así.

1990-2000. Etapa de creación de un nuevo orden. Expansión de la democracia, solución de conflictos, aparición de la Unión Europea, de la OMC y de otras instituciones internacionales. El objetivo era establecer un nuevo orden tras la Guerra Fría.

2000-2008. Etapa de expansión de la economía y ascenso de los emergentes. El aumento del comercio, la revolución tecnológica y el ascenso de China marcaron esta etapa. El objetivo compartido fue la globalización. Tras los atentados del 11-S, la lucha contra el terrorismo no impidió un gran crecimiento del comercio y la riqueza.

2008-2016. Etapa de crisis financiera y económica. La crisis de 2008 puso de manifiesto problemas como el endeudamiento, los excesos financieros y la vulnerabilidad del sistema, con repercusiones políticas. El objetivo principal en esta etapa fue superar la crisis.

2016 hasta la actualidad. Etapa de disgregación. La salida de la crisis acentuó la desigualdad dentro de casi todos los países. Los ciudadanos han comenzado a recelar de la globalización, y las democracias se han vuelto miopes y egoístas. El referéndum sobre el Brexit en junio de 2016 y la elección de Donald Trump como Presidente de Estados Unidos en noviembre de ese año marcaron el inicio de esta etapa caracterizada por la disolución del consenso sobre grandes cuestiones globales. Surgen los particularismos, como el nacionalismo y el populismo, y las dudas sobre principios como el libre comercio. No es posible identificar objetivos globales compartidos.

Un nuevo relato de la historia reciente de las relaciones internacionales

Ante la complejidad de la post-Guerra Fría, se propusieron nuevos instrumentos de análisis. Los parámetros anteriores, como el auge y caída de las grandes potencias a través de la guerra, o la lucha descarnada por el interés nacional, no servían en un contexto de interdependencia. Las teorías más utilizadas desde 1990 fueron el fin de la historia, formulada por Francis Fukuyama, y el choque de civilizaciones de Samuel Huntington. 

Fukuyama remarcó un consenso global inédito en los campos económico y político. Los experimentos económicos se habían acabado porque el capitalismo triunfaba en todo el mundo ante el estrepitoso fracaso del comunismo. La democracia liberal era incuestionable como sistema político porque era el único que aseguraba los derechos individuales. Por su parte, Huntington puso el acento en el choque de civilizaciones, donde la cultura y la identidad seguían siendo primordiales. La globalización no traería la homogeneidad, sino que el mundo era un puzle de civilizaciones históricas y cada una mantenía una visión de la política y las relaciones internacionales.

Desde el fin de la Guerra Fría, el debate entre estos dos titanes del pensamiento internacional ha sobrevolado todo. A veces parecía que el fin de la historia y el consenso sobre la globalización eran predominantes, como en el auge del comercio mundial; a veces era el choque de civilizaciones el que se imponía por medio de las amenazas y la lucha contra el terrorismo internacional.

Estos dos esquemas de análisis no son suficientes para explicar la realidad. Un rasgo característico de estos últimos treinta años ha sido la construcción de instituciones regionales y globales, y el avance de normas para regir las relaciones entre Estados. Países ricos y emergentes, del norte y del sur, de todas las latitudes participan en un orden internacional basado en la interdependencia. Es preciso hacer un nuevo relato de la historia reciente de las relaciones internacionales, que tenga en cuenta esta dimensión normativa e institucional. Este enfoque, propio del pensamiento continental europeo, no está muy extendido, debido a la enorme influencia que tienen los autores y la prensa de Estados Unidos y Reino Unido y, sin embargo, responde a la realidad de un mundo interconectado donde prima la previsibilidad de los intercambios. 

La historia desde 1990 puede interpretarse de forma más convincente a través de esta perspectiva normativa e institucional. En una primera etapa, el Consejo de Seguridad despertó de su letargo de la Guerra Fría y comenzó a tomar medidas como sanciones y operaciones de mantenimiento de la paz. Se desactivaron conflictos en diversas regiones y se inició un proceso de paz para Oriente Medio. A comienzos de esta etapa, se creó la Unión Europea como unión de Estados, el gran invento político del siglo XX, mientras la democracia se expandía en todo el mundo. El reto de seguridad en el continente fue la estabilización de los Balcanes a lo largo de la década de 1990. En esta etapa de construcción de un nuevo orden, se fundó la Organización Mundial del Comercio en 1995, se estableció la Corte Penal Internacional en el Estatuto de Roma de 1998, y la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro en 1992 dio lugar al Protocolo de Kyoto en 1997. Esta primera fase culmina con la Declaración del Milenio del año 2000, que define una serie de principios para regir las relaciones globales, como el libre comercio, los derechos humanos, y la protección del medio ambiente.

La etapa de globalización y expansión económica (2000-2008) estuvo marcada por el crecimiento del comercio mundial, el ascenso de los emergentes, y la expansión de las nuevas tecnologías. Los ataques terroristas de 2001 desencadenaron una lucha contra el terrorismo internacional, pero esta preocupación no restó fuerza al crecimiento, que alcanzó a casi todo el globo. En diciembre de 2001, China entró como miembro en la OMC. El objetivo común en esta etapa fue facilitar el comercio mundial y las inversiones para potenciar el crecimiento, y tampoco se puso mucho interés en la regulación de los excesos. La Unión Europea introdujo el euro en 2002, y se completó la ampliación a diez nuevos miembros en 2004. El Tratado de Lisboa de 2007 consolidó la integración política en la Unión y le atribuyó nuevas competencias.

Entre 2008 y 2016 vivimos una etapa de crisis financiera y económica que golpeó particularmente a los países avanzados. Tras el estallido de la crisis, el objetivo compartido fue primero paliar sus efectos y, después, superar el bache, aunque Estados Unidos y Europa siguieron caminos distintos. Desde su mismo origen, la crisis provocó una interesante reacción institucional con la creación del G20 en noviembre de 2008. Este grupo informal tuvo la virtud de sentar en torno a la misma mesa a potencias con distintos puntos de vista, para orientar el sistema económico y financiero. En sus declaraciones, el G20 ha insistido en la necesidad de regulación o en la lucha contra los paraísos fiscales, al tiempo que propició instituciones como el Consejo de Estabilidad Financiera. Pero en esta etapa se aprecian claros síntomas de fatiga y de dispersión en el avance de la gobernanza global. En el campo del medio ambiente, el Acuerdo de París de 2015 fue un pacto de mínimos sobre el cambio climático, poco creíble en su aplicación. Las primaveras árabes de 2011 dejaron en ascuas a toda la región, y la comunidad internacional no supo reaccionar ante la guerra civil en Siria, que hoy sigue proyectando inestabilidad en los vecinos. Incluso en el campo de la regulación financiera, la urgencia sentida tras la crisis se ha relajado, las recomendaciones del G20 han perdido empuje, y los riesgos han vuelto a aparecer.

Vivimos una etapa de disgregación peligrosa

El resultado del referéndum sobre el Brexit en junio de 2016 y la elección del Presidente Trump en noviembre de ese año marcan el comienzo de la etapa actual, en la que diversos sectores de la gobernanza global se encuentran en una situación de olvido. Al mirar con la suficiente perspectiva, los fenómenos actuales pueden interpretarse como el ocaso de las esperanzas que se abrieron al fin de la Guerra Fría. El problema de la etapa actual es que no hay objetivos compartidos, y se observa una disgregación preocupante incluso entre aliados. En otras palabras, nadie sabe exactamente adónde hay que ir a partir de aquí.

En el campo de la seguridad, la situación en el Oriente Medio es preocupante, y la comunidad internacional no parece capaz de hacer frente a las amenazas, en gran medida por desacuerdos palpables entre Estados Unidos y Rusia. La Unión Europea tampoco ha sabido ejercer su papel tradicional de potencia transformadora en situaciones como las vividas en Libia, Siria o Turquía. En materia nuclear, la presión contra Irán y Corea del Norte frente a sus intentos de proliferación sigue en pie, pero el impulso que dio el Presidente Obama para la reducción de arsenales con Rusia a través del Tratado New Start de 2010 se ha perdido, y un aspecto inquietante fue la retirada del Tratado INF por parte del Presidente Trump a comienzos de 2019. Este acuerdo que eliminó los misiles nucleares de alcance medio en Europa data de 1987 (!).

En cuanto a la gobernanza multilateral, hace tiempo que las instituciones internacionales no reciben la atención necesaria. El proteccionismo ha dejado en entredicho a la OMC, y se está tejiendo una red alternativa de acuerdos bilaterales. Mención aparte requieren los problemas medioambientales, que no incluyen solo el cambio climático sino también la contaminación por plásticos, la destrucción de bosques o la extinción de especies, frente a los que la comunidad internacional parece incapaz. La insistencia retórica en el Acuerdo de París sobre el cambio climático de 2015 es un tanto vacía, debido a que dicho acuerdo no es más que una declaración de intenciones. Del mismo modo que el proteccionismo comercial puede leerse como un fracaso del proyecto de la OMC nacido en 1995, la falta de compromiso sobre el cambio climático puede interpretarse como una quiebra de la Cumbre de la Tierra de 1992 y del Protocolo de Kyoto de 1997, y la guerra de Siria desbarata los esfuerzos de Naciones Unidas y la UE hacia la paz en la región.

Los riesgos de la etapa actual de disgregación se acentúan porque las potencias democráticas, garantes del orden internacional desde 1990, no terminan de identificar nuevos objetivos que conduzcan hacia un mundo más racional y humano. La salida de la crisis, que ocupó a estos países en la etapa anterior, ha producido sociedades más desiguales, que no están predispuestas a hacer frente a los problemas del exterior. Como ha señalado Joseph Stiglitz, al hacer balance de diez años desde la crisis de 2008, la solución consistió sobre todo en “llevar a los bancos al hospital y bañarlos de dinero”. El aumento de la desigualdad ha provocado una desestructuración de estas sociedades, según han destacado economistas como Branko Milanovic o Thomas Piketty, y como ha puesto de manifiesto recientemente el World Inequality Report. En Estados Unidos, el 50% más pobre de la población recibía el 21% de la renta nacional en 1980, porcentaje que bajó al 13% en 2016. En Europa, la mitad más pobre obtenía un 24% en 1980, y un 22% en 2016. Esta es una tendencia sistémica porque se produce en el largo plazo con gobiernos de todo signo. En política interna, esto significa aumento del populismo y del nacionalismo, mayor polarización, y episodios como los chalecos amarillos pueden interpretarse también en esta clave. Pero igualmente hay consecuencias graves, aunque quizás menos visibles, para la política exterior. Los Gobiernos encuentran dificultades para definir objetivos de acción exterior en las sociedades más desestructuradas de los países democráticos.

Vuelta a los principios y a la gobernanza global

Es muy difícil hacer sugerencias sobre cómo superar esta etapa de disgregación porque estamos ante un problema estructural, que solo podrá transformarse con el tiempo. En una previsión a corto plazo, es posible que se vivan shocks o episodios negativos, que acentúen el estancamiento económico que los expertos predicen para los próximos años. Los ataques a petroleros o refinerías en el Golfo son una señal de aviso que puede afectar el mercado de la energía, pero también la quiebra de Thomas Cook puede replicarse con dificultades en el sector financiero, que siempre tienen efecto dominó.

El momento político internacional está escasamente preparado para responder a crisis económicas y políticas debido a la falta de acuerdo entre los principales actores. Solamente algunos líderes representan una sólida confianza en los principios de la gobernanza global que se formularon tras la Guerra Fría. La reunión del G-7 en Biarritz demostró que estos principios siguen teniendo validez, y la defensa que de ellos hacen la Unión Europea o líderes como Emmanuel Macron, Angela Merkel o Justin Trudeau es un rayo de esperanza.


La dificultad hacia el futuro es que esas normas de convivencia deben plasmarse en una gobernanza global más eficaz y en instituciones internacionales más fuertes, incluyendo no solo al G-7 sino también a los actores del G20 y las organizaciones internacionales. Esta tarea es hoy especialmente ardua porque aquellos principios de los años 1990 deben completarse hoy con una visión novedosa de la economía y del modo de vida consumista debido al impacto catastrófico sobre el clima y el medio ambiente. Una tarea heroica para la que, por el momento, no hay héroes.




viernes, 26 de abril de 2019

Nuevo libro: Un mundo regido por leyes

En mayo de 2019 aparecerá el ensayo Un mundo regido por leyes. Elogio de la racionalidad. El libro contiene una reflexión amplia sobre las relaciones internacionales en el momento actual. El ensayo se publica de manera informal a través de APRYO, un proyecto editorial de Martín Ortega Carcelén, que quiere ofrecer trabajos en curso para el debate.

El ensayo utiliza tanto las ciencias de la naturaleza como las ciencias sociales y humanas para dar una visión completa de los problemas que afronta hoy el mundo. Una conclusión importante es que el progreso en la Historia se ha conseguido a través de la introducción de normas cada vez más racionales. Ahora debemos elaborar nuevas normas en el marco internacional, porque existen amenazas y riesgos globales, como la degradación del medio ambiente. Este nuevo desafío se presenta muy difícil. Es necesario seguir trabajando sin descanso para lograr una mejor gobernanza global y un Derecho Internacional más justo. 


UN MUNDO REGIDO POR LEYES
Elogio de la racionalidad
Madrid, 2019

TEXTO DE LA CONTRAPORTADA


Este ensayo analiza la situación actual de la humanidad y del planeta. Para comprender el mundo de hoy es preciso tener en cuenta las leyes de la naturaleza. Una enseñanza importante de esas leyes es que los instintos primitivos siguen actuando en los humanos. La extrapolación de estos instintos a través de la tecnología genera amenazas graves en nuestras sociedades, por lo que necesitamos normas para controlarlos. 

A lo largo de la Historia se ha verificado un impresionante avance de la civilización. Dicho progreso ha introducido normas cada vez más racionales, en una lucha por Estados más democráticos y por un derecho más justo. En el momento presente esa lucha se ha trasladado al plano internacional. 

El libro explica que conseguir una convivencia más pacífica y más respetuosa con el medio ambiente en la escena global es el gran reto de nuestro tiempo. Los ciudadanos globales debemos implicarnos a fondo en dicha tarea.  

lunes, 4 de diciembre de 2017

Tres líneas de investigación


Se acerca el fin de 2017 y este es un buen pretexto para mirar atrás y hacer balance de las obras que he publicado en los últimos años. En 2007 apareció en el IES de París Building the future. The EU’s contribution to global governance. Entonces, los Chaillot Papers cumplían su número 100, y el Instituto de la Unión Europea quiso resaltar aquella ocasión con un tema importante, la participación de la UE en la gobernanza global. La Estrategia Europea de Seguridad de 2003 (también conocida como Estrategia Solana, que puede leerse aquí con su informe de aplicación) había definido tres objetivos internacionales de la Unión: la lucha contra las amenazas, la estabilización del vecindario europeo y la institución de un multilateralismo eficaz. Años después, mi trabajo de 2007 sugería que la Unión Europea debía ser ambiciosa e implicarse más en los problemas del mundo. Se proponían las siguientes conclusiones: 
- Cambiar la idea del multilateralismo eficaz por la de gobernanza global.
- Reforzar la gobernanza global para la defensa de la democracia, los derechos humanos, el imperio del derecho y el medio ambiente.
- Prestar más atención al desarrollo de África subsahariana.
- Trabajar para la construcción regional en Oriente Medio.
- Dar más medios a la Unión Europea para su política exterior y para el mantenimiento de la paz.
La nueva Estrategia Global de la Unión Europea de junio de 2016 avanza hacia objetivos ambiciosos pero todavía queda mucho por hacer. 

Además de este libro corto en inglés de 2007 y algunos artículos sobre la acción exterior de la Unión Europea y su papel en el mundo, en los últimos diez años he investigado y publicado sobre tres grandes líneas de trabajo. En primer lugar, el Derecho Global. En 2009 publiqué una introducción para estudiantes, y en 2012 un verdadero manual más extenso de 380 páginas. Este manual encontró su versión definitiva en la edición de 2014 Derecho Global. Derecho Internacional Público en la era global, reimpresa en 2017. Ofrecer una panorámica completa del Derecho Internacional en el momento presente fue un verdadero reto, pero también fue una experiencia fascinante y los estudiantes han apreciado el esfuerzo de síntesis. En mis libros se pone el acento en la nueva etapa global desde 1990, que ha permitido la construcción de un sistema normativo basado en una verdadera Constitución global que contiene los grandes principios. Como es obvio, es una Constitución incipiente y en sentido material. No se contiene en un texto solemne, sino que aparece en diversos documentos, como la Declaración del Milenio del año 2000, y otros textos de Naciones Unidas, del Consejo de Seguridad o del G-20.

El segundo campo de trabajo ha sido la filosofía de las Relaciones Internacionales. Esta disciplina se encuentra poco desarrollada en lengua española, aunque contamos con una visión propia de los problemas del mundo y muy buenos profesores. Quizás un exceso de timidez o un exceso de trabajo docente y de investigación minuciosa hacen que no haya muchas visiones generales de la materia de Relaciones Internacionales. En mis trabajos no he intentado (todavía) esa tarea, sino que he querido hacer una reflexión sobre el fundamento en que se basan las relaciones globales hoy. El libro Cosmocracia. Política global en el siglo XXI (2006) ponía el acento en el progreso en las relaciones internacionales, debido a la razón y a fuerzas de humanización, que se observa al mirar los asuntos globales en el largo plazo. En 2014 apareció el ensayo Para comprender el mundo, que utiliza las enseñanzas de las ciencias experimentales y de las ciencias humanas. Este libro afirma que los grandes problemas de nuestro mundo provienen de los instintos humanos, por lo que es preciso hacer avanzar los sistemas de regulación y control de los instintos, como la cultura, la educación y el derecho.


La tercera línea de trabajo consiste en definir qué significa ser español en el mundo actual. Los intentos anteriores son antiguos (Ortega y Gasset, Madariaga, Américo Castro, etc.) y no tienen en cuenta el contexto europeo y global que vivimos, ni están orientados hacia el futuro. En 2014 apareció en El País mi artículo Nacionalismo postmoderno, y en enero de 2016 el trabajo España, nación global en Política Exterior número 169. En septiembre de 2016 se publicó Ser español en el siglo XXI (segunda edición), que contiende dos partes. La primera hace un repaso de los nacionalismos español y catalán. En la segunda, se apunta que ser español hoy consiste en compartir una cultura global, compartir principios y valores democráticos, y compartir una plataforma para actuar en el mundo. Las identidades múltiples de los españoles en un Estado abierto y plural permiten mantener las más diversas ideologías y actitudes ante la vida dentro de un proyecto político común avanzado que se enmarca en la Unión Europea.

En el futuro inmediato, tendré que decidir si empleo mi esfuerzo investigador en el Derecho Global, las Relaciones Internacionales o, de nuevo, hacia el proyecto político común de España.