jueves, 10 de septiembre de 2015

Cataluña, gato por liebre


El periódico El País publicó el 4 de agosto pasado mi artículo titulado Cataluña, gato por liebre. Los independentistas quieren realizar un acto ilegal tras las elecciones catalanas del 27 de septiembre. Han anunciado que, si ganan por mayoría absoluta, harán una declaración unilateral de independencia. Este paso dañaría la convivencia cívica en Cataluña y en España. A continuación se reproduce el texto del artículo:
El País, 4 de agosto de 2015
Cataluña, gato por liebre
La coalición electoral ‘Juntos por el Sí’, creada para las elecciones catalanas de septiembre, tiene dos propósitos. Para Artur Mas, acudir a esa cita con fuerzas políticas heterogéneas es la forma de evitar un posible descalabro electoral. En 2012, Mas cosechó el peor resultado de la historia para Convergència i Unió. La ruptura de la alianza histórica con Unió ha agravado el problema para Mas. Del mismo modo que Unió albergaba una minoría rupturista, en Convergència hay un sector que desea evitar caminos peligrosos, y que podría virar hacia el seny català que ahora representa Duran i Lleida.
El segundo propósito de la coalición soberanista es aprovechar la ventaja técnica que concede la Ley d’Hont a las listas más votadas. Sumando la representación parlamentaria conseguida por la coalición de Convergència y Esquerra, así como la de otros partidos que respaldan el proyecto, se llegará a una mayoría absoluta en el Parlamento catalán, que permitiría realizar una declaración unilateral de independencia.
Este plan equivale a dar gato por liebre (o garsa per perdiu, como se prefiera). Querer declarar unilateralmente la independencia desde una mayoría parlamentaria es una maniobra para eludir los criterios internacionales que exigen alcanzar un respaldo suficiente en procesos democráticos con los términos del debate bien establecidos. El dictamen del Alto Tribunal de Canadá sobre la secesión de Quebec fijó una pauta razonable para aceptar la separación: debe verificarse una mayoría clara ante una pregunta explícita y suficientemente debatida. Las próximas elecciones catalanas, por mucho que se califiquen de plebiscitarias, no suponen una pregunta clara en este sentido. La consulta de noviembre pasado tampoco fue realizada con garantías en cuanto a las opciones ni en cuanto a los posibles participantes, al no permitir opinar a los catalanes que vivían en el resto de España.
Una posible mayoría absoluta en el Parlamento catalán convertida en asamblea constituyente sería un símbolo perfecto del pensamiento único que cultivan los que apoyan la independencia unilateral. La idea viola la noción de Estado de derecho defendida por el Tratado de la Unión Europea, la Constitución española y también el propio Estatut. Como ha recordado recientemente Xavier Vidal-Folch, se requiere una mayoría de dos tercios para reformar el Estatut, que representa la legalidad catalana. A no ser que esa legalidad sea como la de Juan Palomo, que en el rico refranero catalán podría decirse: cadascú s'entén, com aquell que balla tot sol.
Desde un punto de vista comparado, el giro unilateral que Artur Mas, Oriol Junqueras y sus socios quieren imprimir al conflicto político supone una deriva peligrosa. La experiencia internacional demuestra que hay una enorme diferencia entre los procesos independentistas que se hacen con el acuerdo de todas las partes, y aquellos en los que hay ruptura. Los soberanistas ponen como modelo a Escocia y Montenegro, pero no están dispuestos a seguir esos ejemplos. La clave en estos dos casos fue que el Estado aceptó realizar un referéndum con todas las consecuencias.
Los partidarios de la declaración unilateral prescinden del Estado y de cualquier marco jurídico, y esta actitud arrojaría el caso catalán a otra categoría: la que plantea un conflicto abierto de consecuencias imprevisibles. Nos vamos de Escocia a Kosovo. En Cataluña existen algunos partidarios de la ruptura de la legalidad, espíritus románticos que aceptan el ‘cuanto peor, mejor’. Es comprensible que haya posturas inconscientes de este tipo, pero es más difícil entender que votantes tradicionales de Convergència quieran apartarse de la política como práctica de diálogo para buscar soluciones, y se vean secuestrados por planteamientos que parecían superados en Europa.
La personalidad única de Cataluña y su fuerza específica merecen un justo reconocimiento. Pueden explorarse multitud de vías pactadas, sin falsas urgencias y sin imperativos categóricos de ningún lado. Los esquemas federales, la referencia de la Constitución a los fueros y la práctica de los conciertos económicos ofrecen muchas soluciones. En esta búsqueda de consenso, no solo debe respetarse a Cataluña sino también a España, y desterrar los mensajes que incitan al odio. Los separatistas olvidan que, desde el advenimiento de la democracia en España, hemos sabido construir un Estado democrático, plural y pujante en la escena internacional. Quienes conocen el pasado saben que este es un valor inmenso que debemos preservar.

martes, 7 de julio de 2015

Una amenaza difusa

El ‘No’ en el referéndum griego, el problema permanente de la deuda, las imágenes aberrantes de la crueldad en el llamado estado islámico, el riesgo de conflicto que planea sobre Ucrania, etc.

Todos estos son problemas muy graves. Pero hay otro mayor que pasa desapercibido, y que este verano ha venido a golpearnos con inusitada dureza… ¿Adivinan cuál? El cambio climático también llamado calentamiento global.

Las terribles olas de calor que estamos soportando en Europa (y particularmente en España) a lo largo de las últimas semanas son algo nunca visto. Las ciudades quedan en silencio, la gente siente que se ahoga, el bochorno parece instalado día y noche sobre nosotros sin que podamos hacer nada para ahuyentarlo.

Los efectos del cambio climático son más visibles de lo que muchos científicos, políticos y la prensa están dispuestos a admitir. Vivimos en un sistema económico de consumo que favorece la quema de recursos fósiles de manera acelerada. El carbón, el gas y el petróleo que la naturaleza tardó cientos de millones de años en generar va a ser incinerado en un periodo muy breve. Estamos sometiendo a la atmósfera a una presión insoportable.

Pero tampoco podemos acusarnos unos a otros. Todos compartimos el mismo engranaje de un modo de vida insostenible. Existen muchos desafíos y riesgos en el mundo actual, pero esta amenaza difusa se extiende por todo el planeta. La globalización de nuestro patrón económico y tecnológico puede convertirse en una amenaza en el futuro, por dos motivos: el agotamiento de recursos y el deterioro de la naturaleza. En mi libro Para comprender el mundo hablaba de la aparición de una ‘zona de peligro’ en los próximos diez o veinte años por estas razones.

Es el momento de pensar seriamente sobre un sistema de vida que no contamine tanto, que no consuma desmesuradamente, y que sea menos intensivo en el uso (o mejor decir despilfarro) de energía. Los intelectuales y los políticos deberían comenzar ya a trabajar para ello. La cita de la comunidad internacional en la Conferencia de Paris sobre el cambio climático de finales de este año debe ser la ocasión para comenzar a tomar medidas en serio, como ha señalado Teresa Ribera en este artículo para Real Instituto Elcano. También hay iniciativas ciudadanas interesantes, como por ejemplo la campaña Ni un grado más, de WWF.

Aunque es difícil introducir cambios sustanciales de manera reflexiva y consensuada. La historia muestra que no hacemos caso a las alertas. En cambio, respondemos bien a los choques, cuando ya no nos queda otro remedio. Quizás el choque más fácilmente comprensible para todos fuera que subiera el precio del petróleo de repente. Pero el petróleo sigue barato. Los países consumidores, como España, el momento. Eso es bueno para que nuestras economías crezcan. Pero el petróleo podría aumentar de precio bruscamente por razones geoestratégicas.

Otro choque que podría despertarnos del sueño que vivimos serían catástrofes naturales ligadas al cambio climático. Lo triste de esta historia es que, cuando lleguen esos desastres, será demasiado tarde para actuar, y tendremos que soportar las consecuencias de nuestras conductas. Y entonces recordaremos lo que escribió Dante en la Divina Comedia: "No hay mayor dolor que, en la miseria, recordar el tiempo feliz".

miércoles, 1 de julio de 2015

Memorial de agravios 2015

En su deriva sin futuro, Artur Mas acaba de realizar un acto típico de bombero pirómano: publicar un Memorial de agravios. Después de atentar contra el Estado y la Constitución casi cada día, a través de declaraciones que incitan al odio, y a través de actos políticos, legislativos y administrativos contrarios a la ley, acusa con el dedo al otro. Afortunadamente, su Memorial ha recibido fuertes críticas entre los políticos catalanes, lo que significa que el sentido común no se ha perdido.

Artur Mas intenta rememorar el texto que en 1885 presentaron una serie de personalidades catalanas al Rey Alfonso XII, para quejarse por una situación que consideraban injusta. Más abajo se incluye una versión de aquel Memorial de 1885, para que pueda verse claramente que aquellas peticiones no ponían en juego la unidad de España, y que todo lo que solicitaba entonces se ha realizado actualmente (salvo el proteccionismo comercial e industrial frente a la competencia exterior que quería la burguesía catalana).

El Memorial de Agravios de Artur Mas es injusto y victimista. Convierte al trasgresor en ofendido. El mismo título de su papel, “Crónica de una ofensa premeditada”, describe justo lo que ha hecho él con alevosía. Intenta dar una imagen internacional de Cataluña poco creíble, que los países de nuestro entorno saben que no es verdad. Su lectura desde el exterior resta credibilidad al nacionalismo catalán. Ni siquiera desde el punto de vista de la búsqueda de la independencia es un documento serio. Desde la gloriosa Declaración de Independencia de Estados Unidos del 4 de julio de 1776, muchas otras declaraciones han intentado presentar una situación de abusos, que en este caso simplemente no se da. Artur Mas vive en un limbo imaginario. Pero lo peor es que, con técnicas propias de la propaganda política autoritaria, y con su mente calenturienta ha contagiado a muchos catalanes de sus errores.


Memoria en defensa de los intereses morales y materiales de Cataluña (1885):

No tenemos, Señor, la pretensión de debilitar, ni mucho menos atacar la gloriosa unidad de la patria española; antes por el contrario, deseamos fortificarla y consolidarla; pero entendemos que para lograrlo no es buen camino ahogar y destruir la vida regional para substituirla por la del centro, sino que creemos que lo conveniente al par que justo, es dar expansión, desarrollo y vida espontánea y libre a las diversas provincias de España para que de todas partes de la península salga la gloria y la grandeza de la nación española.
Lo que nosotros deseamos, Señor, es que en España se implante un sistema regional adecuado a las condiciones actuales de ella y parecido a alguno de los que se siguen en los gloriosísimos Imperios de Austria-Hungría y Alemania, y en el Reino Unido de la Gran Bretaña, sistema ya seguido en España en los días de nuestra grandeza.
Lo deseamos no sólo para Cataluña, sino para todas las provincias de España; y si en nombre de Cataluña hablamos, es porque somos catalanes y porque en estos momentos sentimos como nunca los males que el centralismo nos causa.
Señor: se nos arrebató nuestro sistema administrativo, que hoy encuentran bueno e imitan naciones cultas de Europa, para ser substituido, primero por el sistema castellano, y hoy por una copia imperfecta y viciosa del sistema francés.
No podemos usar nuestra lengua más que en nuestros hogares y en conversaciones familiares; desterrada de las escuelas, lo ha sido más tarde de la contratación pública y también de los tribunales, en los cuales muchas veces, y por muy ilustrados que sean, ni los jueces entienden a los testigos y procesados, ni éstos entienden a los jueces.
Y como si todo esto no fuera bastante, hace tiempo que viene amenazándose, y hoy se intenta con empeño destruir, o cuando menos adulterar, nuestro derecho civil, base indeleble de la robusta y moral organización de la familia catalana y de nuestra propiedad, que va aumentando y creciendo a medida que unas generaciones suceden a otras generaciones.
A fuerza de trabajo y privaciones sin cuento, nuestros industriales han creado una industria española que en cuarenta años ha progresado y alcanzado altísimo nivel. Esta industria viene siendo atacada de raíz de algunos años a esta parte, y últimamente lo ha sido y lo es por medio del tratado con Francia y del proyecto de modus vivendi con Inglaterra.
Preciso es reconocer que la industria de nuestro país ha debido hacer grandes esfuerzos para sostenerse y aún aumentar en ciertos ramos, en medio de la inestabilidad legislativa y falta de fijeza de criterio gubernamental con que ha debido luchar. La situación normal de nuestro país ha sido durante muchos años la de guerras civiles, revolución, crisis y pronunciamientos continuados. A pesar de que la tendencia llamada librecambista no ha logrado hasta ahora sus soluciones radicales a la legislación económica, se ha manifestado, sin embargo, constantemente en todas las situaciones y desde hace muchos años, ser una espada de Damocles suspendida sobre la producción. Quedan todavía aranceles más o menos protectores, pero no representan ninguna garantía de estabilidad […].
Lo dejamos ya expuesto: el núcleo de nuestro centro industrial más importante es la manufactura algodonera, que ha creado la atmósfera que vivifica no solo a las industrias accesorias, sino también a las que como más desligadas aparecen y que no podrían prosperar si esta atmósfera llegara a faltarles. A la manufactura de algodón le sigue sin duda en mucha importancia la lanera, que tiene con ella muchos puntos de relación y contacto. La plétora industrial de la Gran Bretaña, casualmente, se muestra más que en otros ramos, en su producción algodonera y lanera.

¿Cómo ha de competir nuestra industria débil y contrariada, con la más robusta, pletórica, de la nación británica? Nosotros, a fuerza de trabajo y de constancia, hemos logrado en medio siglo establecer dos millones escasos de husos, con los que elaboramos, en números gruesos, doscientas mil balas de algodón anualmente; la Gran Bretaña, con sus cuarenta y cinco millones de husos transforma cada año, por lo general, en números finos, tres millones y medio de balas de algodón, o sea, más de la mitad de lo que en Norteamérica se produce […]. La lucha es desigual a todas luces: no es difícil predecir de cuál de las dos partes será la victoria […].

miércoles, 15 de abril de 2015

Precios del petróleo

Hoy se publica en la web Agenda Pública mi artículo Los precios del petróleo están destinados a aumentar. Aunque estamos disfrutando de una etapa de crudo barato, lo que propicia el crecimiento, debemos prepararnos para un mundo de petróleo caro en el futuro.

La bajada de los precios internacionales del petróleo en los últimos meses ha sido espectacular. Después de mantenerse desde 2011 en una meseta en torno a 110 dólares el barril, en septiembre pasado comenzó un descenso que ha llevado a precios actuales de 50 dólares en Estados Unidos y 60 dólares en Europa. Esta es una buena noticia para España y otros países consumidores, porque tal nivel de precios permite acelerar el crecimiento. Ahora bien, la fuerte caída no puede considerarse una tendencia sostenible, ya que existen factores de peso que muy probablemente harán aumentar los precios del crudo en el medio plazo.

El descenso de los precios tiene que ver con las expectativas de oferta y demanda, y con las decisiones políticas de los productores. En cuanto al juego de la oferta y la demanda, esta última no ha declinado, como parece desprenderse de un análisis superficial. Desde el comienzo de la crisis el consumo ha caído en los países ricos, pero los países emergentes siguen reclamando más petróleo. Hay que recordar que el consumo global retrocedió ligeramente en 2009 sobre el año anterior. A partir de 2010, en cambio, se superó el listón de 2008 y desde entonces se han marcado máximos históricos año tras año. Según estudios de la OPEP, aunque el ritmo baje, la demanda mundial de petróleo seguirá aumentando en el futuro próximo debido al empuje de China y de otros emergentes.

Por lo que se refiere a la oferta, existe la creencia de que la extracción de petróleo a partir de esquistos bituminosos por medio del fracking o fracturación hidráulica va a multiplicar la producción y dar lugar a una nueva época de abundancia. Esta idea es exagerada por dos motivos. En primer lugar, las reservas de petróleo de esquisto (shale oil) no son tan importantes como las de gas. La Energy Information Administration de Estados Unidos calcula que, en todo el mundo, el petróleo técnicamente recuperable de este tipo de formación rocosa supone solo un diez por ciento de las reservas totales, mientras que la cifra sube al treinta por ciento por lo que se refiere al gas. Esto significa que, a pesar de que Estados Unidos está viviendo un auge del fracking, no parece que este método de extracción vaya a cambiar fundamentalmente la situación global por lo que se refiere a las reservas de petróleo. De cara al futuro, son quizás más importantes los descubrimientos de crudo extra pesado en la cuenca del Orinoco en Venezuela, que han situado las reservas de este país como las primeras del mundo según BP Statistical Review.

El segundo problema del petróleo de esquisto es el coste económico y medioambiental de su extracción y procesamiento. Donde no hace falta taladrar en profundidad y romper la roca, como las arenas bituminosas de Alberta en Canadá, el coste es relativamente inferior. Allí donde es preciso perforar numerosos pozos e inyectar agua, arena y productos químicos, el gasto de esos recursos y de energía es enorme. Por este motivo, el fracking es viable económicamente solo con altos precios del petróleo. La caída actual de los precios internacionales hace que muchas explotaciones dejen de ser rentables, y que las inversiones necesarias para explotar nuevos yacimientos, sea en esas rocas, sea en el fondo del mar o en otros entornos difíciles, no se hagan. Se verifica así un círculo típico en los recursos: los altos precios empujan un aumento de la oferta y desincentivan la demanda, mientras que los precios bajos disuaden a posibles nuevos productores y hacen aumentar la demanda. Esta es la situación actual, que puede llevar a un efecto rebote del consumo y a nuevos picos de precios.

En consecuencia, los parámetros de oferta y demanda proyectados en el medio plazo invitan a pensar que los precios están destinados a aumentar. Aunque en este punto las opiniones de los expertos son divergentes, y todo depende del optimismo con que se miren las reservas.

Pero el descenso acusado de la cotización internacional del petróleo no ha venido provocado solamente por cálculos sobre oferta y demanda. La geopolítica ha jugado un papel muy relevante. En otoño pasado Arabia Saudí decidió mantener una alta producción, en contra de otros socios menos ricos de la OPEP, que querían reducirla. Abrir el grifo del petróleo supone precios más bajos, lo que perjudica a todos los productores, pero en particular daña a aquellos que necesitan precios altos para equilibrar sus presupuestos nacionales, dentro de la OPEP (Irán y Venezuela), y fuera (Rusia). Arabia Saudí ha elegido una política de precios que impacta negativamente a su adversario principal en la región del Golfo y a los mayores antagonistas de Estados Unidos en otros escenarios. El primer objetivo de los saudíes es seguramente debilitar a Irán e impedir que continúe la rehabilitación en curso del Estado persa como socio de Estados Unidos para mantener la estabilidad en la región y luchar contra las milicias radicales en Oriente Medio.

Arabia Saudí puede aguantar esta posición porque tiene las espaldas cubiertas por reservas financieras, que se calculan en torno a los ochocientos mil millones de dólares. Pero las tensiones continúan en el seno de la OPEP, ya que muchos otros productores necesitan urgentemente precios más altos del petróleo. La maniobra de Arabia Saudí consiste en utilizar el arma del crudo para fines políticos, como ya ocurrió en la crisis de 1973, en aquella ocasión a la inversa, cuando se propició una escalada de precios. Sin embargo, la operación actual, que tiene un efecto colateral positivo sobre los consumidores, no tiene el éxito asegurado por lo que se refiere a su fin principal. La situación económica es delicada en Irán pero el actual gobierno tiene argumentos fuertes para promover la cooperación con Estados Unidos en la estabilidad de la región, si cumple el desmantelamiento pactado de su programa nuclear. Por tanto, aunque el principal promotor de los precios bajos puede mantener un tiempo dicha política, está recibiendo presiones para cambiarla desde socios productores que acusan su alto coste financiero y podría darse cuenta en cualquier momento de que sus objetivos políticos no son fáciles de conseguir.


Por estas razones, los consumidores de petróleo, como los países europeos, deberíamos aprovechar este momento de precios bajos, pero sin olvidar que debemos seguir preparándonos para un mundo de petróleo caro.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Para comprender el mundo


Acaba de publicarse mi nuevo libro titulado Para comprender el mundo, en la editorial Escolar y Mayo. Se trata de un ensayo filosófico que se ofrece para la reflexión y el debate. Comienza con las enseñanzas de la ciencia que permiten enmarcar la naturaleza humana. Y termina con unas propuestas sobre la política y las relaciones internacionales en el mundo actual.



Texto de la contraportada:

Para afrontar los retos globales del presente, necesitamos primero comprender el entorno donde se desarrolla la vida humana. Este breve ensayo considera, con ayuda de la ciencia, cuestiones filosóficas como de dónde venimos y quiénes somos. Sobre otra cuestión clásica, adónde vamos, un análisis de la evolución humana demuestra que el sentido de la existencia es seguir participando en la Creación. Debemos organizar la vida individual, las sociedades y la política para hacer una contribución positiva con ese propósito, que evite la destrucción.

Existen tres desfases que hacen difícil participar en la Creación: el desfase humano, donde los instintos luchan con la razón, el desfase político, en el que la democracia debe controlar los abusos, y el desfase global, puesto que los retos globales requieren medios adecuados más allá del estado tradicional. Todos esos problemas hacen que pueda preverse una ‘zona de peligro’ en el futuro, cuando tendrá que reforzarse la gobernanza mundial.

Capítulos:

1. Unidad del universo
2. Comprender la realidad
3. La fuerza de la Creación
4. Existencia divina
5. Límites humanos
6. Enseñanzas de la ciencia para la vida humana
7. El sentido de la existencia: participar en la Creación
8. Desfase humano: controlar los instintos
9. Desfase político: democracia y capitalismo
10. Desfase global: del estado a la gobernanza global

La conclusión final es que es importante comprender el mundo, pero es más importante todavía ayudar a mejorarlo.

viernes, 17 de octubre de 2014

El derecho a decidir no existe


Con el fin de contribuir al análisis y al debate sobre la independencia de Cataluña con argumentos, he escrito la tribuna El derecho a decidir no existe, que el diario El País ha publicado el 16 de octubre. El hecho de que muchos en Cataluña se hayan atribuido a si mismos ese supuesto derecho, en las condiciones que ellos mismos han decidido, no quiere decir que ese derecho exista. En Derecho Internacional, por ejemplo, el hecho de que un país piense con gran convencimiento que tiene derecho a un territorio vecino no le confiere ese derecho.

En este y en otros artículos anteriores (sobre el improbable reconocimiento internacional de Cataluña, y sobre cómo regenerar la idea de nacionalismo español en el siglo XXI) intento introducir la visión histórica y la perspectiva del Derecho Internacional en estas cuestiones. Muchas veces uno tiene la impresión de que las posiciones extremas independentistas manipulan esas dos venerables disciplinas simplemente para arrimar el ascua a su sardina. En lugar de hacer un estudio objetivo de lo que la historia y las relaciones internacionales contemporáneas pueden aportar al problema, hacen una lectura parcial e interesada. Esto da lugar a una base intelectual estrecha que es el origen de un "pensamiento único" y de un debate político lamentable. 

Sin duda, las demandas de independencia existen en Cataluña. La verdadera cuestión es cómo canalizarlas, si a través de la revolución, o a través del debate político serio y razonado en una España y en una Europa democráticas.

martes, 31 de diciembre de 2013

Nuevo nacionalismo democrático español

Uno de los asuntos centrales de la política española este año de 2013 que ahora termina ha sido, una vez más, la cuestión catalana. El proyecto secesionista ha estado muy mal planeado desde el punto de vista internacional. Los independentistas han manipulado la historia, sin dar suficiente trascendencia al hecho de que Cataluña ha formado parte siempre del Estado español desde su comienzo. Además, las comparaciones con otros casos son erróneas. Canadá se forma a partir de zonas de distinta colonización. Bélgica es de formación reciente y las dos comunidades, flamenca y valona, se fusionaron de manera solo superficial desde 1830. Y Escocia fue un reino hasta la Unión a comienzos del siglo XVIII.

Artur Mas y sus adláteres han iniciado un proyecto dislocado e impetuoso, en el que han ignorado una lección fundamental de las relaciones internacionales: una declaración unilateral de independencia solo será apoyada desde fuera por Estados que quieran enemistarse con España. Y no hay ninguno, porque España es respetada en todo el mundo. La cuestión no es que el Ministerio de Asuntos Exteriores haga una campaña informativa, sino que nadie en el globo está dispuesto a maniobrar para romper España. Los independentistas han recibido claras respuestas negativas de Estados Unidos, a través de la CasaBlanca, y de otros países. Artur Mas se ha paseado por Moscú para buscar apoyos y lo único que consiguió fue una foto en la Paza Roja como cualquier otro turista. En Brasil pudo entrevistarse con el expresidente Lula en visita privada, porque este exigió que no hubiera fotos. Seguramente Lula le tiraría de las orejas a Mas por su desconocimiento de cómo funciona el mundo. Ni Francia, ni Reino Unido, ni Italia, ni Alemania ni ninguna otra potencia europea está dispuesta a introducir este elemento de inestabilidad profunda en el continente, que recuerda demasiado a los Balcanes. Para acabar su periplo grotesco, Artur Mas visitó Israel para hacer las declaraciones más desafortunadas que comparan a este gran país con su proyecto romántico, y luego, desde India, habló del papel de Gandi en la descolonización y en la creación de la moderna India, otra muestra de cómo quiere comparar lo incomparable.

Frente al proyecto secesionista, que bebe de fuentes ideológicas y políticas del siglo XIX, que tiene a veces tintes fascistas y se adereza de buenismo pacifista, todo ello unido a un cierto desconocimiento de las relaciones internacionales, surge el proyecto nacional español, como uno de los más atractivos de finales del siglo XX y principios del XXI. Este proyecto histórico de largo alcance ha sido reconocido en todo el mundo. Sobre la base de una historia con sus luces y sombras, pero sin duda una de las más intensas de las grandes naciones europeas con su proyección en todo el mundo, España ha sabido realizar transformaciones difíciles y admirables en las últimas décadas, que han superado los aspectos más negativos de su historia. La imagen de España en el mundo está asociada a una modélica transición a la democracia desde 1975. Posteriormente, se ha asegurado la alternancia democrática. Las diversas culturas y sensibilidades presentes en España se han sumado para crear un Estado plural, donde existe una gran riqueza. Los catalanes están orgullosos con razón de su legado cultural, pero existen otros legados de similar importancia en España y todos ellos se enriquecen mutuamente. Es la capacidad de integrar todas esas herencias lo que da fuerza a España, mucho más teniendo en cuenta que la proyección cultural española en el mundo es formidable. En el plano político internacional, desde los años 1980, nuestra participación en la Comunidad Europea, luego UE, en la Alianza Atlántica y en otras organizaciones internacionales demostró que España se involucraba de manera activa en las cuestiones globales. También resolvimos con éxito los retos de modernizar la economía, entrar en el euro y, en relación con esto, respetar escrupulosamente los criterios de convergencia. En los años 2000, durante la etapa de la globalización, numerosas empresas españolas supieron llevar a cabo una sorprendente expansión internacional, y en los últimos meses, los observadores europeos y los mercados indican que España está saliendo de la crisis de manera ejemplar.


Todo ello da lugar a un proyecto nacional español de futuro mucho más atractivo que los proyectos secesionistas, y que puede jugar en el tablero global con otros grandes estados. Además, este proyecto no está ni mucho menos ultimado porque tiene todavía dimensiones que deben ilusionarnos de cara al futuro. Pueden destacarse tres. En primer lugar, la crisis y la corrupción que hemos visto en demasiados sectores de nuestra política y sociedad exigen una regeneración, por lo que nuestra democracia no es un estado final ya alcanzado sino una tarea permanente que exige nuestra participación crítica. En segundo lugar, el desafío de transformar nuestra economía hacia patrones más sostenibles, con menos consumo de hidrocarburos, puede compararse, por su complejidad y trascendencia, a los retos anteriormente señalados. Del mismo modo que pudimos superar esos desafíos históricos, hay que confiar en que, con la voluntad política necesaria, sabremos convertirnos en referencia mundial de economía sostenible y menos dependiente del petróleo. Finalmente, la tarea de una proyección global más importante de España significa que debemos participaren las grandes cuestiones de gobernanza global de manera más activa. En juego están cuestiones fundamentales para el futuro de la humanidad, y España tiene capacidad para hacer una aportación equilibrada y significativa.