domingo, 13 de marzo de 2022

Artículo sobre la guerra en Ucrania

 


El día 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó una invasión ilegal de Ucrania. Estados Unidos había advertido repetidamente de esta amenaza. A pesar de los esfuerzos de Occidente para resolver las demandas rusas por vías pacíficas, Putin decidió lanzar el uso de la fuerza armada.

Esta invasión supone un golpe duro al orden internacional que se había reforzado tras el fin de la Guerra Fría. La guerra está teniendo consecuencias importantes sobre la población civil, sobre la política europea e internacional, y sobre la economía. 

Con el fin de contribuir al análisis de la situación, publiqué esta tribuna en el periódico ABC el día 3 de marzo (suplemento Alfa & Omega). El texto se reproduce más abajo, y el vínculo para consultar el artículo puede seguirse aquí.


Tras la paz en Ucrania

Martín Ortega Carcelén

 ABC, 3 marzo 2022

Los desastres de la guerra vuelven a Europa. Calamidades bien conocidas golpean a Ucrania, pero el tsunami llegará hasta nosotros. Habrá consecuencias económicas y sociales cuyo alcance es imposible calcular. Sin haber superado todavía la crisis de la pandemia, el mazazo de la guerra puede ser muy perjudicial.

Al comienzo del conflicto, hemos leído muchos comentarios simplistas. Por supuesto, el uso de la fuerza es inaceptable y está prohibido por el Derecho Internacional. Vladimir Putin es el culpable de este disparate. La Unión Europea no puede tolerar esta violación flagrante de la paz. Ahora bien, debemos analizar el fondo del problema para discernir algún tipo de solución, incluso en este momento tan dramático.

Con perspectiva histórica, Ucrania ha vivido una situación de ruptura interna. La población está escindida hasta un punto difícil de imaginar. Es inútil buscar paralelismos con otros países, porque cada uno de los 193 Estados miembros de Naciones Unidas está hecho de realidades muy diversas. El carácter bipolar de Ucrania quedó demostrado en la revolución naranja, las sucesivas victorias de Yuschenko y Yanukóvich en las elecciones presidenciales de 2004 y 2010, la revuelta de Maidán y las reacciones anti-Maidán en 2014, seguidas de las guerras separatistas. Una inestabilidad política que continúa hasta hoy y lleva aparejada enorme violencia.  

En estas condiciones, tan ilusorio es querer que todo el país sea prorruso como pretender convertir a Ucrania en un país occidental. Quien mejor entendió lo irresoluble de este dilema fue Henry Kissinger. Cualquier intento de una parte de Ucrania de dominar a la otra conducirá al fracaso, afirmó. El oeste habla ucraniano y es católico, mientras que el este es ortodoxo y habla ruso. “Tratar a Ucrania como parte de la confrontación estratégica hundiría la posibilidad de conducir las relaciones entre Rusia y Occidente, especialmente Rusia y Europa, hacia cualquier sistema de cooperación internacional” (Washington Post, 5 marzo 2014).

La acción exterior de la Unión Europea y sus Estados miembros, así como la política de Estados Unidos y la OTAN, deberían tener en cuenta esa realidad. Si la propia población del país está tan dividida como muestran repetidamente las elecciones, estamos ante un factor clave que ni Occidente ni Rusia pueden ignorar. Obviamente, esto no significa que la invasión de Putin sea menos condenable. Por muy divididos que estén los ucranianos, eso no una excusa para ocupar el país. La conclusión debe ser más bien que el diseño de cualquier política pasada o futura debe asumir esa profunda escisión.    

En las relaciones internacionales, al igual que en las relaciones humanas, resulta esencial entender la causa de los conflictos si queremos explorar vías de solución. El análisis racional debe apartarse en la medida de lo posible de las pasiones. Esa ecuanimidad es necesaria para aplicar correctamente principios fundamentales como el mantenimiento de la paz, el amor a los demás o los derechos humanos. 

La pregunta ahora es: ¿cómo responder a la invasión de Putin? ¿Debemos responder al mal con otro mal? La Unión Europea se encuentra perpleja porque, por su propia naturaleza, no está diseñada para afrontar un conflicto armado. Pero hay que hacer algo, porque la Unión representa el valor de la paz en Europa, tras siglos de guerras.

Hay dos cursos de acción. Por un lado, están las medidas coercitivas. Hay que aclarar que, en Derecho Internacional, el uso de la fuerza armada es a veces necesario, para defenderse a uno mismo y a los aliados o para mantener la paz. Estas dos justificaciones están en nuestro derecho y en la Carta de Naciones Unidas. La Segunda Guerra Mundial fue una guerra justa, que permitió el resurgimiento de la democracia en Europa. Sin embargo, intervenir directamente en el territorio de Ucrania plantea enormes problemas jurídicos y estratégicos. Incluso el envío de armamento y el apoyo militar podría conducir a una guerra de desgaste, que sería indeseable y muy dolorosa para todos.

Por otro lado, las sanciones o medidas restrictivas son el instrumento preferido para penalizar a Rusia por su invasión. El problema de las sanciones es que terminan afectándonos, darán lugar a contramedidas, y podrían desviarse hacia una escalada sin control, que hay que evitar. Es sabido cómo comienzan las guerras, pero nunca cómo terminan. Esta máxima, que parece dirigirse al contrario, vale igualmente para nosotros.

Hay que detener la invasión y la guerra, y responder a la transgresión de Putin. Pero el objetivo principal es volver a la senda de la paz en Europa. Cualquier solución maximalista es inviable, y la escalada, indeseable. Probablemente, cualquier futuro acuerdo de paz se encontrará en algún punto intermedio.  


jueves, 10 de febrero de 2022

Deuda y descontento social




La situación económica en Europa se está complicando porque, para luchar contra la inflación, el Banco Central Europeo planea cerrar el grifo de la liquidez y comenzar a subir los tipos de interés. Esto puede conducir a ajustes en España, que darían lugar a protestas sociales. El Gobierno de Pedro Sánchez promete subidas de las pensiones y de los sueldos públicos, pero ¿serán posibles en el futuro? Llegado el caso, ¿habrá que reducirlos?

Para financiar el gasto público, los gobiernos disponen de dos opciones: recaudar impuestos o endeudarse. Como subir los impuestos es difícil, porque el votante se molesta, adquirir deuda resulta más cómodo y más rápido. Claro, después hay que pagarla, pero… ¿qué más da? El ciclo político es corto, y en las próximas elecciones el ciudadano estará satisfecho con el gasto público que ha sido posible gracias a la deuda, sin preocuparse por el futuro.

Algunos países europeos han utilizado el instrumento del déficit y la deuda en los últimos 20 años, mientras que otros han sido más frugales. Estos son los principales integrantes de los dos equipos, clasificados según el porcentaje de deuda pública con respecto al PIB (datos Eurostat para 2020).

Más endeudados: GRE 206, ITA 155, POR 135, ESP 120, FRA 115, BEL 112.

Frugales: AUS 83, FIN 69, ALE 68, IRL 58, HOL 54 (fuera del euro, POL 57, SUE 39, CHE 37).

La deuda pública española creció mucho entre 2008 y 2013, se mantuvo estable hasta 2019, y se ha disparado en 2020 y 2021, hasta llegar al 122% del PIB, como se aprecia en este gráfico de EP Data. Entre la Gran Recesión y la pandemia (2014-2019) la deuda osciló entre el 99% y el 97% del PIB sin descender más, porque nuestros gobiernos muestran una gran inclinación a vivir del déficit, que se acumula sobre la deuda.



El endeudamiento de los dos últimos años es muy llamativo porque se añade sobre el contraído para superar la Gran Recesión, ya que desde 2013 no se hizo un esfuerzo consistente para rebajarlo. Muchos economistas afirman que la nueva deuda es necesaria para paliar los efectos de la pandemia, que los intereses están bajos, y que la Unión Europea aguantará el tirón. Pero estas afirmaciones no alteran el hecho de que los porcentajes sobre el PIB son demasiado elevados, y las condiciones señaladas pueden cambiar rápidamente. Por ejemplo, la lucha contra la inflación elevará los tipos. Igualmente, la actitud de Alemania ha comenzado a cambiar.

Estamos viviendo un momento de excepcionalidad, y las excepciones no duran para siempre. Hace solo una década, los europeos introdujimos la regla de oro de la estabilidad financiera, es decir, los gastos de un país no debían ser superiores a sus ingresos de forma permanente. Se aprobó el Pacto Fiscal Europeo de 2 de marzo de 2012 y se reformó la Constitución española para introducir en el artículo 135 dicha regla. En el debate económico actual, diversas voces de países endeudados proponen cambiar los criterios de Maastricht sobre el déficit y la deuda. Es cierto: aquellos límites se han superado en la práctica. Sin embargo, lo que está en juego no son tales parámetros sino la validez del equilibrio presupuestario consagrada en el Pacto Fiscal, que representa una racionalidad económica básica, y que no puede alterarse sine die. Replantear los criterios de Maastricht no permite derogar la regla de oro.

La tolerancia que se ha generado hacia el endeudamiento excesivo hace que no existan planes serios para reducirlo. Más bien al contrario. El Gobierno de Pedro Sánchez promete cualquier cosa y aumenta el gasto público sin atender a su sostenibilidad, mientras los expertos afirman que hacen falta más recursos públicos para las transformaciones digital y ecológica. Mi impresión es que estamos siguiendo la táctica del avestruz ante la enorme masa de deuda acumulada.

El endeudamiento actual tendrá consecuencias sobre los países afectados y sobre el consenso dentro de la UE. Mirando al futuro, España, Italia y los demás con altas deudas se verán obligados en algún momento a reducir el gasto público (limitar pensiones y sueldos de funcionarios, entre otros rubros). Igualmente, será preciso aumentar los impuestos. En esta cuestión, España lleva cierto retraso, como muestra este gráfico de la OCDE con el porcentaje de ingresos fiscales sobre el PIB de los cinco países con más peso en el euro.

 


Todo el mundo está intentando evitar que los ajustes sean tan dolorosos como ocurrió con Grecia durante la Gran Recesión. Pero, sin duda, algún tipo de reducción de gasto público puede ocurrir, y afectará sobre todo a las personas y familias en dificultades. El exceso de liquidez que ha propiciado el BCE ha beneficiado más a los ricos que a los pobres, mientras que la inflación provocada en gran medida por esa liquidez golpea a las economías más débiles y a los jóvenes. Sobre la difícil situación de los jóvenes en España, hay que recordar que la deuda es una solución cortoplacista para resolver los problemas de hoy y sus efectos se hacen sentir en el futuro.

Si se confirma que son precisos ajustes y reducción de gasto, habrá descontento social. Muchos creen que el crecimiento permitirá una reducción gradual de la deuda, pero, cuando llegamos a niveles tan altos, es difícil alcanzar una tasa de crecimiento sostenido que permita disolver la deuda sin recortes.

Ante esta situación probable, es muy importante hacer un ejercicio de pedagogía para explicar que la crisis de la pandemia conlleva un coste económico, aunque sea visible mañana, ejercicio que el Gobierno actual no ha hecho. Las medidas tomadas hasta ahora con ayuda de la Unión Europea han permitido atenuar el impacto de la crisis, pero al precio de endeudarnos hasta más del 120% del PIB.

Si se confirma el cambio de tendencia política en España anunciado por la victoria de Isabel Díaz Ayuso en Madrid, el Partido Popular debería tener en cuenta esta posible complicación. Habría que explicar que las medidas futuras de ajuste, seguramente impuestas desde la Unión Europea, tienen su causa en los excesos del Gobierno actual, los cuales han favorecido a un electorado determinado y, más allá de su retórica triunfalista, no han ayudado a los más necesitados ni a los jóvenes.




viernes, 28 de enero de 2022

Grado en Ciencias de las Religiones

 


La Universidad Complutense ha iniciado un nuevo Grado de Ciencias de las Religiones. Una iniciativa muy interesante para estudiar las religiones desde una perspectiva multidisciplinar, filosófica, histórica y sociológica. Profesores de diversas Facultades explican los distintos aspectos del fenómeno religioso. Y está bien considerar estas cuestiones, de tanta importancia en la Historia de la humanidad, lo que supone un respiro en la obsesión actual de mirar solo el dinero, la empresa, y la imagen.

En este nuevo Grado, he tenido la oportunidad de impartir una conferencia sobre un enfoque global de la religión, gracias al profesor Fernando Amérigo, colega y buen amigo. Hemos tratado la posibilidad de definir una religión global compatible con las tradicionales. También se han analizado los problemas fundamentales que afronta hoy la humanidad, y las limitaciones de las respuestas que se están dando. Ha sido un debate muy útil y constructivo con los estudiantes. Muchas gracias por sus comentarios y aportaciones.

La conferencia ha servido para presentar mi reciente ensayo Amor para sanar el mundo, que propone un nuevo enfoque religioso ante los problemas acuciantes de hoy. La idea es dominar la ansiedad que nos atenaza, comprender mejor la naturaleza y ampliar los círculos del afecto. Las tendencias imperantes de consumo en nuestra sociedad llevan a una destrucción generalizada de la vida, por lo que son precisas nuevas pautas de conducta en las que la empatía hacia los demás, hacia los seres vivos y la Creación sean fundamentos de la acción personal y social.

jueves, 11 de noviembre de 2021

Reseña del libro Amor para sanar el mundo

 



El semanario religioso Alfa y Omega, que se distribuye cada jueves como un suplemento del periódico ABC, ha publicado el día 11 de noviembre esta breve reseña de mi libro Amor para sanar el mundo. El comentario está firmado por José Calderero de Aldecoa, y el vínculo directo a su web es este. (Un pequeño detalle: el precio PVP del libro es 9 euros). Aprovecho para felicitar al semanario Alfa y Omega y a su directora Cristina Sánchez Aguilar por la gran tarea que realizan para seguir hablando de estas cuestiones en un mundo acelerado y sin creencias.




lunes, 4 de octubre de 2021

El dilema de un profesor

 


Este post es una confesión personal. Durante años he enseñado el Derecho Internacional y las relaciones internacionales a miles de alumnos en varias universidades. Escribí libros y publiqué artículos en la prensa para defender un mundo más pacífico, más natural y un mayor respeto de los derechos y las libertades de todos. También trabajé en la política exterior como funcionario del Gobierno y de la Unión Europea, en think tanks, y participé en un sinnúmero de reuniones y conferencias. Y la conclusión después de todo esto es que el derecho, la política y la diplomacia no pueden detener el enorme nivel de destrucción que estamos causando en el medio ambiente, ni tampoco los abusos de derechos en el plano internacional.

Las medidas actuales para conseguir la paz, defender los derechos humanos, y proteger el medio ambiente deben continuar. El Derecho Internacional y la gobernanza global deben ser reforzados. Por mi parte, seguiré trabajando para proponer y defender normas y medidas técnicas más avanzadas. Pero, al mismo tiempo, hace falta un nuevo enfoque ético y espiritual, porque las normas estatales e internacionales, las innovaciones tecnológicas y las energías renovables no son suficientes para detener la deriva destructiva en la que nos hemos precipitado.

Por estos motivos, decidí cambiar mi actividad docente en la Universidad por un compromiso mayor con los nuevos cambios que necesitamos. A partir de ahora, dedicaré mi tiempo al análisis de los problemas globales desde un punto de vista amplio, en la plataforma Inteligencia Global, y también a la promoción de dicho enfoque ético y filosófico, expuesto en mi ensayo Amor para sanar el mundo. En la Feria del Libro de Madrid me dediqué a explicar este nuevo enfoque a los más jóvenes, que lo entendían muy bien (foto que abre este post). 

Contemplar cómo los problemas del mundo se agravan sin remedio me situó en un dilema. Podía seguir realizando una cómoda actividad académica o podía implicarme más a fondo. Podía seguir pretendiendo que las medidas parciales son suficientes o debía advertir de que vamos mal y actuar en consecuencia.

El mundo actual está sometido a un gravísimo peligro, aunque preferimos no mirar. Estamos ante una disyuntiva entre Creación y destrucción. El deterioro del medio ambiente es clarísimo y nos sitúa ante un futuro catastrófico. Existen actitudes bien intencionadas en España y en Europa para reducir las emisiones y usar más renovables con el fin de frenar el cambio climático. Pero estas actitudes no tienen en cuenta la gravedad de la situación global. 

El siguiente gráfico muestra el aumento espectacular del consumo de energía mundial en algo más de un siglo, según Our World in Data.


Este consumo colosal de energía, que atiende las necesidades de 7.800 millones de habitantes del planeta, ha producido un aumento formidable de las emisiones de gases de efecto invernadero, como indica este otro gráfico.

 


Cuando se habla de transición energética o de conseguir una economía neutra en carbono para mantener la temperatura global dentro de los Acuerdos de París, se ignoran estas realidades del consumo global de energía y las emisiones globales. Los científicos nos explican lo que esto significa para la vida en el planeta y para la humanidad. El siguiente gráfico es fundamental para entender nuestro futuro.



En este cuadro se muestran los escenarios de aumento de temperatura que los científicos esperan en las próximas décadas. Con las políticas actuales llegamos a una subida de tres grados a finales de siglo (banda naranja), lo que tendrá consecuencias nefastas. Incluso si cumplimos los compromisos actuales, llegaremos a un aumento de 2,4 grados (línea azul en el centro), que da lugar a mundo lleno de inestabilidad. Pero la verdad es que la inacción actual, la falta de compromisos reales y la continuación del uso intensivo de fuentes fósiles nos sitúan más bien en la banda color malva de aumentos de temperatura global hacia los cuatro grados, lo que haría inhabitable la mayor parte del planeta. Esto no puede tomarse a la ligera.

Muchos políticos y observadores internacionales ignoran estas advertencias, como también las ignora el público en general, que quiere seguir viviendo bien, sin pensar en las consecuencias futuras... y en un futuro no tan lejano. Personalmente, creo que los graves riesgos que nos acechan obligan a un cambio de actitud: ha llegado el momento de un compromiso más profundo con la continuidad de la vida y de la Creación.


martes, 7 de septiembre de 2021

Lanzamiento del libro Amor para sanar el mundo

 


El libro de Martín Ortega Carcelén AMOR PARA SANAR EL MUNDO ya está disponible en Librerías. Este es el ISBN 978-84-09-32143-9. Pueden solicitarlo en el correo electrónico apryoproducciones@gmail.com.

El libro está asimismo disponible en Amazon, como libro electrónico para Kindle, y también en papel:

https://www.amazon.es/AMOR-PARA-SANAR-EL-MUNDO/dp/8409321432/

 INDICE

 ¿Qué le preocupa?, p. 1

Un camino de amor universal, p.7

 1) Vida plena, p. 9

2) Agradecimiento, p. 15

3) Alegría profunda, p. 21

4) Encauzar los instintos, p. 27

5) Contribuir a la Creación, p. 33

6) Frenar la destrucción, p. 39

7) Ampliar los círculos del afecto, p. 45

8) Aprender a amar, p. 57

9) Interiorizar las causas del amor, p. 67

10) Fomentar la justicia, p. 75

 El amor como avance de la humanidad, p. 81

Las etapas del camino, p. 85


ESPERO OS GUSTE!


jueves, 15 de julio de 2021

Libro de poesía Madre Nuestra

 

En los últimos años he seguido varias líneas de investigación: España en el mundo (que dio lugar al libro España en positivo, 2018), problemas internacionales (por ejemplo, el artículo Lo que está en juego en Europa, 2020) y filosofía centrada en cuestiones actuales.

El ensayo titulado Filosofía de las relaciones globales publicado en 2019 explicaba mi visión de los problemas humanos en el mundo de hoy. Las ideas de aquel libro se basaban en las ciencias naturales y sociales, y se presentaban en un discurso bien ordenado. Pero las mismas ideas eran resultado de profundas reflexiones que necesitaban una expresión poética.

Esta expresión llegó con el poemario Madre Nuestra, publicado por Punto Rojo Libros, Sevilla, en 2020, que puede encontrarse en este vínculo.

Los problemas de nuestro mundo son muy graves y, además del análisis académico, también necesitan una aproximación humanística y espiritual. Este poema es una muestra.

 

MADRE NUESTRA

 

Madre Nuestra, creadora del universo,

vinimos al mundo para disfrutar tus maravillas,

alabada seas, mi voz te canta con todas las gargantas

llenas de alegría y confianza:

¡Gracias!

 

Fuerza de la Creación, ayúdanos a comprender lo infinito,

envía la luz primera, enciende el entendimiento,

impúlsanos a trabajar contigo para hacer un mundo más humano

en esta Tierra frágil que debemos preservar.

 

Madre, quiero hablarte,

pero ¿cómo puedo hacerlo con palabras

si eres origen del universo,

dueña de la vida y la muerte,

riges todo desde el principio de los tiempos

y sigues hoy con nosotros?

 

Gracias por el pan,

vida que recibimos de ti y del trabajo,

cada día es una lucha sin descanso.

Comamos todos de ese pan,

hagamos progresar el milagro de la Creación

y venzamos a los que quieren destruir y acumular.

 

Tu eres Amor y Razón, pasado, futuro y unidad,

nos has dado la consciencia, que permite conocerte,

y un corazón decidido, que impulsa a actuar. 

Amemos la vida sin fin

en nosotros y en los otros,

avancemos con todo lo creado más allá de la muerte,

y evitemos la destrucción que es el mal.