martes, 28 de junio de 2022

Diez reflexiones ante una posible recesión

 


La situación económica internacional es complicada y hay signos de una nueva contracción. Este documento de trabajo analiza las posibles consecuencias de la recesión que se avecina. Aquí el PDF con el texto completo.

Sumario de los diez puntos:

1. La inflación es muy dañina para la economía, pero una nueva recesión acabaría con la escalada actual de precios. Diversos factores apuntan a una contracción de la economía y una recesión en 2022.

2. Tenemos una deuda pública muy elevada que deja poco margen de acción ante una posible recesión. El Gobierno ha prometido aumentos de gasto (por ejemplo, ayudas públicas y subidas de pensiones) que no podrán realizarse si estamos obligados a reducir el déficit.  

3. El Banco Central Europeo y otros bancos centrales estimularon la economía con sucesivas olas de liquidez y bajadas de tipos de interés, que han tenido efectos indeseados, como la inflación.

4. La liquidez excesiva creó burbujas financieras e inmobiliarias. En Estados Unidos han comenzado a pinchar esas burbujas lo que posiblemente ocurra también en Europa.

5. La excesiva liquidez ha aumentado el riesgo empresarial y de los bancos en la Unión Europea.

6. El rescate bancario es impopular, y con razón. No hay un cálculo definitivo de lo que costó el rescate bancario anterior en Europa y Estados Unidos.

7. La próxima recesión traerá quiebras y desempleo, aumentará la desigualdad y pondrá en juego la paz social. El siguiente Gobierno deberá gestionar una situación complicada.

8. La subida de tipos de interés puede dar lugar a una fragmentación en Europa, porque los países más endeudados tendrán dificultades para financiarse. En otros países, como Japón, el riesgo soberano también existe.

9. Los bancos centrales están obligados a subir los tipos de interés para controlar la inflación y enfriar la economía, como está haciendo la Reserva Federal en Estados Unidos. Esto puede acentuar la recesión.

10. En el futuro habrá que replantear la función y la independencia del Banco Central Europeo. Aunque su misión es la estabilidad de precios, se implicó también en el crecimiento a través de su política monetaria expansiva. Al adoptar este nuevo objetivo, el BCE debería respetar los principios constitucionales. 


miércoles, 15 de junio de 2022

Frenar la guerra, fomentar la paz


 El 9 de junio el semanario Alfa & Omega publicó esta tribuna sobre la guerra de Ucrania. La idea central es que España y la Unión Europea deben responder con firmeza, pero también deben evitar una escalada. La UE fue creada para fomentar la paz y no para participar en confrontaciones estratégicas.  

A continuación se reproduce el texto del artículo, que puede consultarse en este vínculo de Alfa & Omega.


Los cien días desde la invasión rusa de Ucrania han revolucionado la política exterior europea. Desde el mismo 24 de febrero, la Unión y sus Estados miembros expresaron una condena enérgica y ofrecieron ayuda a Ucrania. También dictaron medidas restrictivas contra Rusia para sancionar su violación del Derecho Internacional. Con el transcurso de los días, sin embargo, se produjo una evolución distinta: se pasó de condenar la invasión a considerar a Rusia como amenaza. La presidenta de la Comisión dijo el 12 de mayo: “Rusia es hoy la amenaza más directa para el orden mundial con su guerra bárbara contra Ucrania y su preocupante pacto con China”. Esto cambia el planteamiento de las relaciones exteriores de la Unión, que nunca antes había considerado a estos actores como amenaza. 

La nueva visión conduce a levantar muros que recuerdan más a la Guerra Fría que a la etapa de la globalización. Algunos socios europeos están haciendo planes para cortar los vínculos comerciales con Rusia en el largo plazo. Alemania ha aumentado su gasto militar. El temor a nuevas acciones militares rusas ha llevado a Finlandia y Suecia a solicitar su ingreso en la OTAN, iniciativa que ha sido apoyada en las capitales de la UE y en Washington. La Cumbre de Madrid de 29 y 30 de junio será la ocasión para dirigir la planificación estratégica de la Alianza hacia Rusia, dando menos importancia al flanco sur y a otros peligros acuciantes como el deterioro del medio ambiente.

La conclusión de que Rusia es un adversario de la Unión Europea se ha alcanzado sin un verdadero debate, en el calor de la réplica a una guerra injusta. Se fundamenta en el presupuesto de que Rusia tiene la intención de atacar militarmente otras partes de Europa. Por su lado, seguramente Rusia interpretará que las medidas tomadas son a su vez amenazas, lo que puede desencadenar una espiral con consecuencias muy negativas para el futuro de Europa.

Hay otra hipótesis de trabajo que no debería descartarse. Es posible que la invasión de Ucrania fuera el resultado de una reivindicación territorial mal resuelta por parte de Putin. Es probable que Rusia no tenga ni la capacidad ni la intención de atacar otras partes de Europa. Si esta hipótesis es cierta, sería un error colectivo alentar una competición estratégica, que supondría una vuelta al pasado con el riesgo consiguiente de una carrera armamentística y del empleo de armas nucleares.

Por supuesto, esto no significa que la invasión de Ucrania sea menos condenable. Rusia debería comportarse conforme a las normas internacionales de prohibición de la fuerza armada, respeto de los derechos y libertades, y no intervención en los asuntos internos de otros Estados. Cualquier reivindicación territorial debe ser perseguida por medios pacíficos.

La invasión rusa es ilícita y la respuesta europea debe ser firme, pero, al mismo tiempo, habría que evitar una escalada de consecuencias indeseables para la paz mundial. La Historia demuestra que las percepciones equivocadas conducen a enfrentamientos que podrían haberse evitado. En la etapa de la globalización, resulta esencial aprender esta lección del pasado, porque un conflicto de proporciones mundiales tendría hoy consecuencias nefastas.

A diferencia de las potencias tradicionales, la Unión Europea no está diseñada para participar en confrontaciones estratégicas. El Tratado de la Unión estableció los propósitos de su política exterior, de seguridad y defensa, que incluyen fomentar un sistema internacional basado en el diálogo de acuerdo con la Carta de Naciones Unidas.

Para la Unión Europea, las amenazas no vienen de potencias extranjeras sino de riesgos comunes que requieren la cooperación de todos. La Estrategia Europea de Seguridad identificó cinco amenazas principales: terrorismo, proliferación de armas de destrucción masiva, conflictos regionales, descomposición de los Estados, y delincuencia organizada. El informe de actualización de dicha Estrategia mencionó también la ciberseguridad, la seguridad energética y el cambio climático. En ningún documento de la UE se declara que países concretos sean enemigos o amenazas. El día que esto ocurra, cambiaría la naturaleza de la Unión.

La respuesta por parte de la Unión Europea a las violaciones del Derecho Internacional no puede ir contra los propios valores sobre los que se asienta. Si queremos la paz, debemos trabajar para conseguirla y no para preparar la guerra. Tenemos la enorme responsabilidad de proteger el avance histórico que supone la integración entre Estados y la superación de siglos de guerras. Hacia el futuro, la Unión es el instrumento imprescindible para lograr fines tan esenciales como reforzar la gobernanza global, proteger los derechos humanos en todo el mundo, y detener el cambio climático.


jueves, 28 de abril de 2022

Análisis de la guerra de Ucrania


La web Agenda Pública, ligada al diario El País, publica mi comentario sobre la guerra de Ucrania. Enhorabuena a Marc López y a los demás colegas de Agenda Pública por la gran labor que hacen! 

El artículo puede encontrarse en este vínculo. Aquí el texto: 

La guerra de Ucrania es un terremoto político que pone a prueba las relaciones internacionales. Ante tal sacudida, la reacción de muchos observadores ha sido visceral, cuando, en momentos tan dramáticos, resulta fundamental mantener la mayor objetividad posible. El conflicto es complejo y un análisis correcto debe evitar los mensajes simplistas.     

Se dice que la dependencia energética de Rusia puede remplazarse con importaciones de otros orígenes, pero eso no es tan fácil. La Unión Europea importa casi todo el petróleo y el gas que necesita, y su primer proveedor es Rusia (en 2019 la proporción fue un 41,3% del gas y un 26,9% del petróleo). La interrupción del suministro haría imposible sustituir ese enorme flujo en el corto plazo. Reclamar una ampliación de las sanciones para incluir el petróleo y el gas rusos, como ha sugerido el Parlamento Europeo, equivaldría a detener la economía europea.

El Gobierno español habla también de utilizar nuestra capacidad de importar gas natural licuado para alimentar la red europea. Esto solo podría realizarse con grandes cambios en las infraestructuras, que requieren años. La península ibérica puede importar más gas del que consume, pero los actuales gasoductos solo permiten transferir una cantidad limitada a Francia, y la red europea no está preparada para llevar gas al este.

Con el tiempo, disminuir las compras de recursos fósiles supondría reducir la dependencia de Rusia, y Estados Unidos puede jugar un papel importante a este respecto. Estados Unidos se ha convertido en el primer productor mundial de petróleo y gas hasta autoabastecerse, y está dispuesto a vender el excedente a Europa. No obstante, esto plantea una cuestión adicional para los europeos, ya que nuestro socio transatlántico obtiene hoy dos tercios del petróleo que produce y más de cuatro quintos del gas a partir de la fractura hidráulica, o fracking, un método que España, como otros miembros de la Unión, ha prohibido por sus efectos ambientales.

Un aspecto que pasa inadvertido es que la actual crisis podría utilizarse para promover un ahorro significativo en el consumo de energías fósiles. Sin embargo, tras la guerra, los gobiernos europeos se han apresurado a buscar fuentes alternativas de hidrocarburos y a subvencionar las gasolinas, en lugar de recordar su compromiso con el medio ambiente.

El impacto de la guerra sobre la relación entre Occidente y Rusia ha sido tremendo. Dicha relación, construida con gran esfuerzo en las últimas tres décadas, se ha venido abajo en solo unas semanas. Por supuesto, la invasión de Ucrania es injusta e ilegal, el uso de la fuerza armada por parte de Rusia es inaceptable, y sus aspiraciones territoriales deberían haberse perseguido por medios pacíficos y nunca a través de la violencia. A pesar de todo, muchos en Occidente presentan la respuesta como el inicio de una nueva Guerra Fría y el fin de la globalización, y esto es un error.

Los Estados miembros de la Unión Europea albergan distintas actitudes sobre cómo deben ser las relaciones con Rusia. La guerra de Ucrania no va a cambiar las posiciones geoestratégicas de cada país, por lo que en el futuro habrá que encontrar un nuevo modus vivendi con Rusia. Las sanciones actuales no pueden eliminar del mapa las relaciones económicas, humanas y culturales que existen, y los errores de Putin no cambian el hecho de que Rusia forma parte de la Historia de Europa, con sus luces y sus sombras.

Estados Unidos ha sido muy crítico con la invasión, y los gobiernos aliados condenan reiteradamente las violaciones del Derecho Internacional por parte de Rusia. Pero la magia del derecho es que debe ser igual para todos. Los mismos gobiernos fueron más tolerantes con otras intervenciones militares recientes, también injustas, que trajeron enormes secuelas de destrucción material y humana. Asimismo, se exige la persecución de crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional, pero se olvida que, además de Rusia, muchos otros países no han ratificado su Estatuto, incluidos Estados Unidos o la misma Ucrania.

En fin, los equilibrios mundiales también pueden verse afectados por la guerra. Rusia tiene alma europea, pero puede pivotar hacia Asia. Durante años, China y Rusia han establecido una sólida relación en diversos campos. En 2011 comenzó a operar el oleoducto ESPO de casi cinco mil kilómetros, que suministra petróleo a China, y en 2019 se abrió el gasoducto Power of Siberia, que seguirá ganando capacidad hasta 2025, desarrollos que Estados Unidos ha visto con recelo.  

China mantiene una visión propia sobre la guerra de Ucrania y se ha negado a dictar sanciones contra Rusia. Algunos expertos prevén que, al igual que ocurrió tras la crisis de Crimea en 2014, China y Rusia avancen ahora en su acercamiento, en campos que van de la tecnología, a las finanzas a inversiones en distintos sectores. China comprende mejor que Occidente las preocupaciones de seguridad de Rusia; por tanto, el entendimiento entre ambos no pertenece solo a los terrenos energético y económico, sino que también es político. 

En un contexto de competición global entre grandes potencias, la Unión Europea tiene un papel clave como defensora de los principios internacionales. La Unión debe oponerse a cualquier infracción del Derecho Internacional, sea cometida por quien sea. Como indican sus documentos programáticos, la Unión debe establecer una relación constructiva con su vecindario, con el fin de fomentar la cooperación y prevenir los conflictos, algo que no supimos hacer en Ucrania. La Unión Europea no debería participar en confrontaciones estratégicas, que benefician solo al estamento militar-industrial para usar las palabras del presidente Eisenhower, porque su razón de ser es la paz y la convivencia. 


viernes, 25 de marzo de 2022

Carta a Isabel Díaz Ayuso

Estimada Presidenta de la Comunidad de Madrid,

Sea porque fuera verdad o porque querían encomiar sus méritos, los antiguos griegos pensaban que algunos héroes estaban protegidos por los dioses. Al observar su trayectoria de los últimos años, está claro que, además de sus méritos, las estrellas del cielo están de su parte. Pero los desafíos que aparecen en el horizonte son formidables. Nadie puede asegurar hoy que un líder, por muy bendecido que esté por el saber o la suerte, acierte a manejar las riendas del destino.

La situación en España y en Europa es muy grave. Por este motivo, contemplar el escaño del líder de la oposición vacío en los últimos debates del Congreso produce dolor democrático. Es preciso que el Partido Popular, alternativa de Gobierno, ofrezca una voz informada y potente frente a los problemas que nos acechan. El día de la elección de Alberto Núñez Feijóo como candidato a presidente del partido, usted dijo que debería “unir de izquierda a derecha a los ciudadanos y realizar las reformas que necesita nuestro país”. Tal anhelo de llegar a todo el espectro político inspiró la propuesta que usted presentó a la Comunidad de Madrid, y que recibió un amplio apoyo.

Con esa misma vocación transversal, permita que haga una reflexión sobre el futuro. La izquierda pone normalmente el acento en aumentar el gasto público y para ello sube los impuestos, mientras que la derecha contiene ese gasto y tiende a bajar los impuestos. José María Aznar, por ejemplo, comenzó su etapa con un 42,8% del PIB de gasto público en 1996, y terminó con un 38,8% en 2004, según datos de la OCDE. Esto sucede en condiciones normales. Sin embargo, ahora estamos viviendo una situación de emergencia. Aunque la voluntad del PP sea reducir los impuestos, es muy difícil hacer otro tanto en el plano nacional.

Para mantener el gasto público (pensiones, sueldos de los funcionarios, sanidad, educación, protección social, etc.), los gobiernos tienen dos caminos, como usted bien sabe: recurrir a ingresos fiscales o endeudarse. Como subir los impuestos es impopular, resulta más fácil y rápido usar la vía del déficit y la deuda. Para superar la crisis de 2008, España aumento su deuda del 36% del PIB ese año al 99% en 2018, y este aumento se hizo con Zapatero y con Rajoy. Sin haber superado todavía ese enorme peso de la deuda, la pandemia obligó a acudir de nuevo al préstamo (con ayuda de la Unión Europea) hasta llegar al 122% actual.

Desde un nivel de deuda tan elevado, la UE reclama reducir el déficit. Las autoridades financieras han comenzado a cerrar el grifo de la liquidez y reclaman planes para encauzar la deuda los próximos años. El crecimiento económico es incierto debido a la inflación y a los efectos de la guerra en Ucrania. Al mismo tiempo, la sociedad española se ha acostumbrado a un gasto público abultado y un nivel europeo de bienestar, por lo que acepta mal la subida exagerada de precios, como están demostrando las protestas en la calle de estos días, y sufriría con una nueva recesión.

Ante este panorama, resulta inviable bajar los impuestos, como anuncia el PP, porque son necesarios para mantener un Estado funcional y la paz social, y también para sostener la enorme deuda acumulada. El futuro está lleno de incertidumbres, y hay escenarios sombríos. Podría ocurrir incluso que, a pesar del rechazo social que generan estas medidas, tengamos que reducir el gasto social, los sueldos públicos y las pensiones y, al mismo tiempo, subir los impuestos. Por supuesto, todo esto enfadaría al electorado, y las protestas que vemos ahora podrían multiplicarse. Todos los partidos aspiran a gobernar, pero la etapa que viene puede ser especialmente complicada de gestionar. 

Si el Partido Popular gana las próximas elecciones, tendrá una tarea inmensa por delante. La mejor forma de abordarla consiste en mostrar sentido de Estado y hacer pedagogía ante los ciudadanos. El actual Gobierno ha hecho creer que todos los problemas se arreglan con dinero y ayudas públicas (que no tiene), sin atender a la gestión responsable de los presupuestos y sin explicar que ese dinero viene de un endeudamiento que tendremos que pagar, y que se proyecta sobre las futuras generaciones. El nuevo Gobierno deberá insistir en que los esfuerzos que, sin duda, estaremos obligados a hacer vienen obligados por el dispendio anterior de políticas que ignoraron la sostenibilidad del gasto.  

Con la pedagogía necesaria, el futuro Gobierno tendrá que reclamar el esfuerzo de todos, actores públicos y privados, de las más diversas ideologías, con el enfoque transversal que usted mantiene. Hay grandes reformas pendientes, como la educación, la cohesión territorial, la transformación digital, la innovación, y la defensa del medio ambiente. Necesitamos contar con la iniciativa privada y también con unas cuentas públicas más saneadas. Para ello, recabar ingresos fiscales suficientes no es de izquierdas o de derechas sino simplemente necesario, como muestra la experiencia de los países más avanzados. En España la presión fiscal era del 35,4 en 2019, mientras que se situaba en el 41,6 en la Eurozona, según Eurostat. Hay que recordar que ese mismo índice subió 2,9 durante los mandatos de Aznar y 3,3 en los de Rajoy, que también tuvieron que hacer de la necesidad virtud.

Estoy convencido de que los políticos que sepan decir la verdad y tratar a los electores como adultos tienen las de ganar. Prometer falsos paraísos en un momento tan grave no es creíble y conduce a la frustración. Hay que explicar que la confluencia de circunstancias internacionales adversas y la mala gestión del actual Gobierno ha llevado al país a una situación complicada. No obstante, trabajando juntos, buscando el consenso de derecha a izquierda, es posible hacer una España consciente de las dificultades pero capaz de creer en el futuro. Lo ideal sería explicar todo esto con la ayuda de los dioses del Olimpo, y una gran sonrisa.

Cordialmente, Martín Ortega Carcelén.


miércoles, 23 de marzo de 2022

Tertulia en el Casino de Madrid sobre Amor para sanar el mundo

 



El 28 de febrero de 2022 tuvo lugar una interesante Tertulia en el Casino de Madrid sobre el libro "Amor para sanar el mundo". Todo un honor y una alegría conversar con un público tan conocedor e interesante, en un entorno único. El acto fue organizado y moderado por Amador García-Carrasco, abogado y escritor, que coordina las tertulias culturales del Casino. Participó como introductor Agustín Ramos, profesor de Economía en la Universidad de Castilla La Mancha, quien también leyó algunos textos clásicos de poesía y filosofía. Las cuestiones tratadas fueron muy amplias, desde la ética en las Relaciones Internacionales, a la posibilidad de una religión global, hasta por supuesto la más actual de la guerra en Ucrania. Contribuciones muy útiles desde diversos puntos de vista y un debate multidisciplinar que sirven para continuar reflexionando sobre un tema crucial.

miércoles, 16 de marzo de 2022

El derecho, la justicia y el dinero

La última etapa de mi carrera académica ha sido en la Universidad Complutense de Madrid, a la que considero mi verdadera alma mater. Durante más de una década he disfrutado del ambiente de excelencia, compañerismo y libertad que ofrece la Complutense, y he transmitido mi visión del mundo a generaciones de estudiantes. Por todo ello, estoy muy agradecido a la institución, a los compañeros y a los alumnos.

Llega el momento de dar un paso al lado y dejar que otros continúen la tarea académica. He solicitado la jubilación anticipada de la docencia (aunque soy muy joven ;-), y voy a seguir con la investigación, en el sentido amplio que debe tener. La investigación es muy importante para presentar las mejores propuestas en un mundo particularmente complejo. Nuestro tiempo está lleno de ruidos e interferencias, por lo que es preciso apartarse un tanto para hacer un análisis serio.  

La Facultad de Derecho de la Universidad Complutense organizó un cariñoso homenaje a los profesores que hemos solicitado la jubilación, y en el acto nos ha concedido la insignia de oro de la Facultad. Fue un momento muy emotivo. En la foto, aparezco con Ricardo Alonso, Decano de la Facultad, catedrático de Derecho Administrativo, experto europeísta y buen amigo, que tuvo esta gran iniciativa.

Tras la imposición de la insignia, hice un breve discurso de agradecimiento con algunas reflexiones sobre el papel del derecho en nuestra sociedad. En esas palabras, recordé mis comienzos en la Universidad y la figura de mi padre, jurista también, que me impulsó a estudiar Derecho, algo que sin duda fue un acierto, porque ofrece un cimiento sólido para comprender el mundo.

En mi intervención, apunté que el derecho fue durante mucho tiempo un instrumento para cambiar la sociedad, mientras que ahora solo interesa el dinero. En los años 1980 y 1990 había proyectos colectivos como consolidar la democracia, acercarnos a Europa, modernizar la sociedad, e internacionalizar la economía. El derecho jugaba un papel esencial para conseguir esos propósitos, y muchos profesores y estudiantes compartían el ideal de hacer un mundo mejor.

En el momento presente, la lucha por ganar dinero lo ha inundado todo. Es lógico que el objetivo principal de quienes estudian derecho sea aprender una profesión con la que poder hacer una vida digna. Este es un objetivo muy loable (y muy difícil de realizar hoy, porque los jóvenes tienen menos oportunidades). Pero el derecho debe servir también para hacer un mundo más justo, y esto lo ha olvidado nuestra sociedad. Ahora ya no tenemos proyectos colectivos. No sabemos dónde ir desde nuestra situación actual.

Y sin embargo, numerosos problemas persisten en nuestro mundo: la guerra y la violencia, como vemos en Ucrania, la tiranía y los abusos de derechos, como vemos en las dictaduras, o el deterioro imparable del medio ambiente. Mirando a nuestra casa, queda también mucha tarea por hacer porque persisten las injusticias en nuestra sociedad. Por este motivo, invité a mis colegas, profesores y estudiantes, a que no viéramos el derecho solo como un medio para ganar dinero en una sociedad que se mueve por la ley de la selva, sino como un instrumento para hacer un mundo mejor. Los profesores de derecho, en nuestras clases y escritos, debemos seguir reclamando la justicia como elemento central del derecho. Esto es cierto para todas las ramas, y muy especialmente para el Derecho Internacional. Un mundo lleno de graves amenazas lo necesita.

 


domingo, 13 de marzo de 2022

Artículo sobre la guerra en Ucrania

 


El día 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó una invasión ilegal de Ucrania. Estados Unidos había advertido repetidamente de esta amenaza. A pesar de los esfuerzos de Occidente para resolver las demandas rusas por vías pacíficas, Putin decidió lanzar el uso de la fuerza armada.

Esta invasión supone un golpe duro al orden internacional que se había reforzado tras el fin de la Guerra Fría. La guerra está teniendo consecuencias importantes sobre la población civil, sobre la política europea e internacional, y sobre la economía. 

Con el fin de contribuir al análisis de la situación, publiqué esta tribuna en el periódico ABC el día 3 de marzo (suplemento Alfa & Omega). El texto se reproduce más abajo, y el vínculo para consultar el artículo puede seguirse aquí.


Tras la paz en Ucrania

Martín Ortega Carcelén

 ABC, 3 marzo 2022

Los desastres de la guerra vuelven a Europa. Calamidades bien conocidas golpean a Ucrania, pero el tsunami llegará hasta nosotros. Habrá consecuencias económicas y sociales cuyo alcance es imposible calcular. Sin haber superado todavía la crisis de la pandemia, el mazazo de la guerra puede ser muy perjudicial.

Al comienzo del conflicto, hemos leído muchos comentarios simplistas. Por supuesto, el uso de la fuerza es inaceptable y está prohibido por el Derecho Internacional. Vladimir Putin es el culpable de este disparate. La Unión Europea no puede tolerar esta violación flagrante de la paz. Ahora bien, debemos analizar el fondo del problema para discernir algún tipo de solución, incluso en este momento tan dramático.

Con perspectiva histórica, Ucrania ha vivido una situación de ruptura interna. La población está escindida hasta un punto difícil de imaginar. Es inútil buscar paralelismos con otros países, porque cada uno de los 193 Estados miembros de Naciones Unidas está hecho de realidades muy diversas. El carácter bipolar de Ucrania quedó demostrado en la revolución naranja, las sucesivas victorias de Yuschenko y Yanukóvich en las elecciones presidenciales de 2004 y 2010, la revuelta de Maidán y las reacciones anti-Maidán en 2014, seguidas de las guerras separatistas. Una inestabilidad política que continúa hasta hoy y lleva aparejada enorme violencia.  

En estas condiciones, tan ilusorio es querer que todo el país sea prorruso como pretender convertir a Ucrania en un país occidental. Quien mejor entendió lo irresoluble de este dilema fue Henry Kissinger. Cualquier intento de una parte de Ucrania de dominar a la otra conducirá al fracaso, afirmó. El oeste habla ucraniano y es católico, mientras que el este es ortodoxo y habla ruso. “Tratar a Ucrania como parte de la confrontación estratégica hundiría la posibilidad de conducir las relaciones entre Rusia y Occidente, especialmente Rusia y Europa, hacia cualquier sistema de cooperación internacional” (Washington Post, 5 marzo 2014).

La acción exterior de la Unión Europea y sus Estados miembros, así como la política de Estados Unidos y la OTAN, deberían tener en cuenta esa realidad. Si la propia población del país está tan dividida como muestran repetidamente las elecciones, estamos ante un factor clave que ni Occidente ni Rusia pueden ignorar. Obviamente, esto no significa que la invasión de Putin sea menos condenable. Por muy divididos que estén los ucranianos, eso no una excusa para ocupar el país. La conclusión debe ser más bien que el diseño de cualquier política pasada o futura debe asumir esa profunda escisión.    

En las relaciones internacionales, al igual que en las relaciones humanas, resulta esencial entender la causa de los conflictos si queremos explorar vías de solución. El análisis racional debe apartarse en la medida de lo posible de las pasiones. Esa ecuanimidad es necesaria para aplicar correctamente principios fundamentales como el mantenimiento de la paz, el amor a los demás o los derechos humanos. 

La pregunta ahora es: ¿cómo responder a la invasión de Putin? ¿Debemos responder al mal con otro mal? La Unión Europea se encuentra perpleja porque, por su propia naturaleza, no está diseñada para afrontar un conflicto armado. Pero hay que hacer algo, porque la Unión representa el valor de la paz en Europa, tras siglos de guerras.

Hay dos cursos de acción. Por un lado, están las medidas coercitivas. Hay que aclarar que, en Derecho Internacional, el uso de la fuerza armada es a veces necesario, para defenderse a uno mismo y a los aliados o para mantener la paz. Estas dos justificaciones están en nuestro derecho y en la Carta de Naciones Unidas. La Segunda Guerra Mundial fue una guerra justa, que permitió el resurgimiento de la democracia en Europa. Sin embargo, intervenir directamente en el territorio de Ucrania plantea enormes problemas jurídicos y estratégicos. Incluso el envío de armamento y el apoyo militar podría conducir a una guerra de desgaste, que sería indeseable y muy dolorosa para todos.

Por otro lado, las sanciones o medidas restrictivas son el instrumento preferido para penalizar a Rusia por su invasión. El problema de las sanciones es que terminan afectándonos, darán lugar a contramedidas, y podrían desviarse hacia una escalada sin control, que hay que evitar. Es sabido cómo comienzan las guerras, pero nunca cómo terminan. Esta máxima, que parece dirigirse al contrario, vale igualmente para nosotros.

Hay que detener la invasión y la guerra, y responder a la transgresión de Putin. Pero el objetivo principal es volver a la senda de la paz en Europa. Cualquier solución maximalista es inviable, y la escalada, indeseable. Probablemente, cualquier futuro acuerdo de paz se encontrará en algún punto intermedio.